Venganza Apasionada.

Andrea.

—La humanidad está hecha del polvo, y  al polvo regresaremos, habrán algunos elegidos —Leía en voz alta sin ni siquiera ver el computador ya que me sabía de memoria lo que yo había escrito, desvíe la mirada para ver a mi madre hablando por el móvil, mientras me escuchaba. Su risa diabólica me producía asco, todo en ella era falso, me usaba mientras su nombre estaba estampada en los libros Online y algunos en imprenta, prácticamente yo era la escritora fantasma— Eran solo dos los que debían salvar la humanidad porque eran inmortales, por esa razón los demás estaban destinados a sacri…

—Pausa— Grito mi madre, a lo que me sobre salte, trague saliva del nervios que ella me producía.—No me gusta ese párrafo, volverás a escribir y hacer algo mejor, al parecer ese hombre te quita las ideas, tal parece que  tu mente lo está ocupando él, Andrea aunque te vayas a casar tu deber es seguir escribiendo mis libros, que no se te quite eso de ese cerebro. —

Asentí desganada, no sabía que hacer todo el tiempo era lo mismo. Agradezco a ver conocido a Marcus por lo menos cuando sea su esposa podré respirar un poco.

—¿Lo elimino?— Pregunte mirándola.

—Omite esa parte, quiero que lo modifiques bien, ahora continua.

—Bien— Dije  empezando a leer lo que tenía escrito en la computadora

Eran más de las doce de la madrugada, mi madre se fue a las diez a descansar supuestamente cansada de tanto responder a sus fanáticos.

Guarde mis libros, apague la computadora. Observe un libro llamado

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De Nicholas Sparks.

Me dispuse a leer un poco para despejar la mente ya que no tenia sueño por lo tanto empecé a leer hasta que quede dormida.

*****

—Odio a todos y cuando salga de aquí los mataré de poco a poco.

—¿Quien eres?— Ríe a carcajada.— Porque no contestas— Me mira enojado, sus ojos eran grises pero lucían atormentados.

Quería salir de ese lugar, sentía que me están ahogando. Todo estaba oscuro, me puse de cunclias desesperada me jaloneo el cabello, me rasguño los brazos incluso las piernas, sentía que me ardían sin embargo no quería parar. Era aterrador estar encerrada.

Grite al sentir una mano tapando mi boca. Al ver que se trata de la otra persona pare mis gritos.

—Tienes miedo… imagínate cuantos años llevo encerrado.—Comento burlesco, su voz eran masculino no lo había notado.

—¿Porque estas aquí y desde cuando?— quise saber pero mi voz sonaba en pausado.

—No lo se, pero tu vas llorar también, vas a gritar para querer salir, quizás solo muerta podrás salir de este sótano.

—No… no—grite fuerte, el niño se me acerco mientras reía como un demente. Mis gritos no servirían para nada.

Quería despertar si se trataba de una pesadilla.

****

Abro los ojos cuando experimente como si mi corazón quería salir desde mi interior. Estoy sudando mientras mi cuerpo tiembla  y me digo a mi misma que todo fue un sueño, una maldita pesadilla, salgo de mi alcoba para entrar al baño, tratare de no pensar en ese sueño que día a día me mortifica.

Veo a los Patitos nadar sin miedo dentro del lago, se ven felices y libres, quisiera ser como ellos, pero creo que no podre ya que  vivo dentro de una Jaula de oro, lo único que puedo hacer es escribir y satisfacer a mi madre y padre.

Mi Papa me usa como negocio desde que empecé a ser la novia de uno de los hombres más prestigiosos de la ciudad, desde entonces ha echo lo todo para que yo le pida a mi novio que nos ayude a pagar las deudas acomuladas de él.

Marcus Taylor lo ha ayudado en varios de sus negocios, Incluso pago varios pagares que mi Padre tenía con las casas comerciales y como con los ganaderos.

Papa anhelaba que Marcus me pidiera matrimonio. No uno un instante en la que me lo recordaba.

—Debes hacer lo imposible para que ese riquillo se enamore de ti, incluso sedúcelo si es necesario  embarazarte  de él.

Aquel día me había quedado sorprendida por las bajeza que habla mi padre. Lo bueno fue que no llegue a ese extremo ya que el se enamoro y me pidió casamiento, creo que llegare virgen al matrimonio.

Luego sorprendido aquella vez porque mi novio me había pedido casamiento, mi papá reía en carcajadas como si se había ganado la lotería

—Querida hija que hiciste para lograr que Marcus te haya pedido matrimonio — había preguntado curioso a lo que yo no le respondí pero entonces él utilizo esa frase.— Creo que elegí el mejor Joyero para ti, no fue necesario mover las cartas, tienes mucha suerte.

Ahora lo tengo claro. Soy una Joya para el mejor Joyero.

Eso era siempre por otro lado esta mamá en negación a mi matrimonio porque ella sabe que al irme de su lado su máscara de escritora podrá estar en juegos, por lo tanto no le conviene y se que hará lo posible para que yo siga siendo la escritora Fantasma que la ha llevado a la sima.

Dejo de pensar al oír a Clotilde hablarme.

—Señorita Andrea su novio la espera en el living.

—Esta bien Cleo ya iré, muchas gracias— La sirvienta asiente sonriendo.

Me levante de la mecedora para ir adentro, pero me detengo al sentir una fuerte punzada en mi corazón.

¿Ahora qué me estaba sucediendo? quizás me voy a morir mejor debería ser lo mejor para no estar sufriendo con dos personas que nunca me amaron como su hija.

Siento un fuerte mareo a lo que me sostengo de la banca, aprieto los puños, quiero caminar pero mis pies no funciona.

—¿Andrea, que tienes? Te sientes mal— Marcus se me acerca y lo veo preocupado.

—No es nada, creo que se ha bajado un poco la presión— miento porque se muy bien que es mi corazón lo que me esta afectando.

Me sorprendo al sentir cuando me eleva en sus brazos llevándome con él dentro de la casa. Entramos a mi habitación y me deja sobre la cama, a los instantes aparece mi padre.

Vea Marcus luego a mi.

—Llamare al medico para que te vea. Estas muy pálida— Replica mi novio a lo que rápidamente niego.

—¿Andrea hija te encuentras bien?—Pregunta mi padre figindiendo estar preocupado. El sabe muy bien lo que me pasa, pero no quiere que mi prometido lo sepa.

—Estoy bien —miento sin esfuerzo.

—Mi pequeña de seguro no has desayuna. Cleotilde prepara algo saludable para mi hija y sus vitaminas.

—Si señor.

—Estas pálida, porque no habías desayunado—Me reprende Marcus

Lo observo sin saber que decirle, me cuesta mentir por esa razón no me gusta ponerme enferma enfrente de él puede ser que al enterrarse que padezco de una deficiencias cardíaca pueda alejarse de mi y no quiero eso.

—Suegro podría dejarme a solas con Andrea.

—Ah, si claro. —Papa se me acercó dejando un beso en mi mejilla me guiña el ojo antes de salir de la habitación.

—Estas enojado— quise saber al verlo demasiado serio.

—No lo estoy pero quisiera saber qué enfermedad tienes.—Trague saliva nerviosa.

—Solo un problema de la presión nada más.

Marcus soltó un suspiro indignado, por un segundo me miro fijamente para luego desviar la mirada hacia donde se encontraban mis libros regados.

—Tantos libros.— Asiento con un sonrisa de lado.— Son copias sin editar—Pregunto.

—Si, ósea aun no están publicadas, son de mi mamá, es un borrador.

Mi novio asintió dudoso.

—¿Porque los libros de tu mamá no están en su habitación?— Quiso saber mientras ojeaba uno de ellos.

—Porque le ayudo en algunas ideas. — Suspire aclarando la garganta— Marcus ven.

—Bien, al parecer la empleada sea demorado con tu desayuno, que tal si salimos un rato, vamos a un restaurante para que comas y de paso te llevo de compras.

Que lindo de su parte.

—Esta bien y muchas gracias haré lo que tú digas.

Mi novio se acerco dejando un beso en mis labios.

Quisiera que los días pasen rápido para poder casarme de una vez.

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