UNKNOWN ROMANCE - BL

Se suponía que así debía suceder, pero toda la desgracia se abalanzo sobre mi ese horripilante día.

Kilian bebió de tantos licores distintos que después de una hora de esa manera, ya había perdido la cuenta de todas las cosas inútiles de las que había hablado, que ni me moleste en prestar atención, después de que el tema siguió girando en torno a su vida personal. Por ende, mi cerebro se desconectó por completo y, me limite a responder con monosílabos.

Las horas fueron pasando a prisa, mientras la gente se iba marchando poco a poco, todo lo contrario, a Kilian, quien permanecía un poco soñoliento observándome en su borrachera.

— ¿Cuánto es la cuenta? —preguntó el alto muchacho que se había apartado de su grupo de amigos, los cuales salían del bar entre risas, dispuesto a pagar por ellos.

— Serían 15.000 Thongs —contesté con una amable sonrisa, recibiendo el dinero que él me extendía sin vacilar, me dirigí a la caja registradora, hice la factura y calculé el dinero que debía darle de vuelta.

— ¡¿Y tú que te traes?! —gritó Kilian empujando al pobre chico, llamando mi atención instantáneamente.

— Oye, cálmate… —gruñí entregándole las vueltas al muchacho—, no quiero una pelea aquí, por favor.

— Gracias por todo.

— ¡Vuelvan pronto! —mascullé con una sonrisa de oreja a oreja.

— ¡¿Cómo lo puedes dejar ir?! —gritó Kilian parándose con brusquedad de su silla, sin pensármelo dos veces lo tomé del brazo evitando que se fuera corriendo a armar una pelea innecesaria.

— Mejor paga la cuenta y vete, ¿quieres?

— ¿Cómo esperas que pague si ese chico me ha robado la billetera, idiota?

— ¡Imposible! —chillé palideciendo de inmediato, gracias a que, por mi incompetencia, aquel hombre había logrado escapar ileso; mientras Kilian y yo discutíamos.

Y de esta estúpida forma, fue como terminé pagando la cuenta con mi propio dinero, la ridícula deuda de un desconocido, que por alguna extraña razón sin sentido terminé llevando a mi apartamento, y dejándolo que durmiera en el sofá, dado que no tenía ni papeles, ni absolutamente nada más que una caja de cigarrillos, y esa ropa que ya comenzaba apestar a borracho. Pero, allí estaba yo esperanzado de que no me robara más de lo que había hecho sin amenazas, no se veía como un mal tipo, o eso intentaba pensar con todas mis fuerzas.

Respiré profundamente, lo analicé por última vez descansar tan plácidamente, y me dejé caer totalmente rendido sobre mi cama, después de haber cerrado con cerrojo la puerta del apartamento, asegurándome así de que no fuese tan grave el delito que aquel chico se le ocurriese cometer mientras yo soñaba en cosas que, a la mañana siguiente, ni recordaría.

Al despertarme, definitivamente hubiera preferido que todo lo ocurrido solo fuese algo de mi imaginación, una horripilante broma de mi cerebro. No obstante, el chico estaba allí en mi cocina, preparando el desayuno, mientras, se bebía una taza de café.

Me quedé hecho de piedra, ni siquiera una sola palabra le dije, comimos en el sofá, cada uno muy lejos de otro.

Y entonces, lo soltó de sopetón sobresaltándome con su masculina voz:

— Dado que por tu culpa perdí todo lo poco que tenía, lo mínimo que puedes hacer es permitirme quedarme más tiempo.

— ¡Ni de broma! —grité aterrorizado con sus ideas.

— Pues, no tienes opciones.

— ¡Puedo llamar a la policía para que te echen! —refunfuñé con una sínica sonrisa poniéndome en pie de un salto.

— Y yo les puedo decir que eres cómplice de ese chico idiota que me robo anoche.

— ¡No lo soy!

— Pues no importa lo que digas, me quedare y punto —sentenció con una mirada fiera que me heló la respiración, se levantó del sillón para acercarse lo suficiente y de este modo poder ponerme sus cálidas manos sobre mis hombros—. No hagamos esto aún más complicado, Luke.

Mis palabras no lograron salir, mi cuerpo no me respondía, quería sacarlo de mi casa a patadas, pero no era capaz, no era lo bastante valiente como para competir contra él, ya que sabía desde antes que iba a perder de todas las maneras posibles.

Por ende, y sin muchas ganas, terminé aceptando su estadía.

Gracias al cielo logró ese mismo día, el puesto de camarero en el bar de mala muerte, algo que, desde mi punto de vista, fue demasiado fácil gracias a su espectacular forma de hablar, obtuvo en un santiamén un cambio de ánimo en el jefe, que yo jamás hubiera podido; todo debido a sus ideas creativas y su aspecto el cual atraía personas de todas las edades, era carismático y brillante, nada comparado conmigo.

No solo eso me irritaba sobre manera, Kilian era una persona bastante desvergonzada ahora que lo pensaba más detalladamente.

Detestaba que usara mis ropas, a pesar que había logrado comprarle unas en el mercadillo cerca de mi apartamento, pero él se aprovechaba de mi situación, me ponía entre la espada y la pared, no obstante, me había comenzado a acostumbrar solo un poco. A su risa escandalosa cuando veía algo gracioso en la televisión, a sus gritos de emoción cuando leía algún artículo en el periódico que era de su agrado, y a sus conversaciones tan estrambóticas como su personalidad.

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Entramos en el apartamento un poco agotados por tanto ajetreó, había sido una noche agotadora, pero llena de ganancias, tanto para el jefe como para ambos.

Él se acostó en el sofá como de costumbre, después de haberse quitado gran parte de su ropa, quedando solo en calzoncillos. Que, para rematar eran míos. Por mi parte, me escabullí a mi habitación. La única que había realmente, me empijame como siempre y caí rendido en cuestión de solo tocar el colchón.

No obstante, antes de que por lo menos hubiera tenido un buen sueño. Kilian apareció en mi puerta.

— ¿Puedo dormir contigo? —preguntó con nerviosismo en su voz.

Lo observé espantado creyendo por un momento que era algún espectro, pero él dio varios pasos en mi dirección permitiéndome reconocerlo mejor.

— ¿Qué haces aquí? —refunfuñé cubriéndome la cabeza con la manta—. ¡Vete al sofá!

— Está lloviendo muy fuerte, y tanto los truenos, como los rayos, los odio.

— Has lo que quieras, Kilian —murmuré cerrando mis ojos de nuevo, y lograr dormirme sin mucho esfuerzo.

— Gracias, Luke.

Y ni corto ni perezoso, se acostó al otro lado de la pequeña cama dándome la espalda. Ofreciéndome un poco de su calor corporal, en aquella noche tan fría.

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