—Me llamo Elyse Lloyd. Si a usted no le molesta, podemos casarnos hoy mismo —propuso ella con toda la seguridad del mundo.
Su propuesta tan directa dejó a todos boquiabiertos, y varios no dudaron en sacar sus celulares para grabar el escándalo.
—Señorita Lloyd, ¿está segura de esta decisión? Con mi condición, tal vez no pueda darle el futuro que merece —respondió el hombre sin tapujos, mostrando su silla de ruedas con naturalidad—. Le sugiero que lo piense bien.
—Ya lo decidí —contestó Elyse, firme como roca.
—Jayden Owen —se presentó él con una leve inclinación de cabeza.
Al ver que no había vuelta atrás, Jayden le tomó la mano y le soltó su advertencia:
—Me temo que después te arrepentirás de esta locura.
Elyse no contestó. Estaba segura de lo que hacía. Alguna vez solo le había importado casarse con Theo, quien nunca le correspondió de verdad. Ahora, con quién se casara le daba igual.
Después de terminar rápido con el papeleo en el Registro Civil, Elyse y Jayden quedaron unidos en matrimonio, oficialmente marido y mujer.
Con el acta de matrimonio en la mano, Elyse sintió un alivio enorme.
Theo le había roto el corazón y estaba decidida a no volver con él jamás.
En cuanto a su padre, como ya no se casaría con un Ward, él tenía otra hija en quien pensar.
Conocía demasiado bien a su hermana menor, Mabel. Siendo tan ambiciosa, ¿cómo podría resistirse a la tentación de ser la esposa de Theo y entrar a la familia Ward?
Por eso, casarse con Jayden era la escapatoria perfecta de las garras de su familia. No pensaba volver a casa nunca más.
Mientras ella contemplaba el acta, Jayden rompió el silencio:
—¿En qué piensas? ¿Ya te arrepientes de haberte casado con un lisiado?
Elyse negó con la cabeza, tomó el control de la silla y respondió:
—Creo que fue mi mejor decisión en años.
Jayden esbozó una sonrisa fría, pero sus ojos delataban escepticismo.
¿Cómo era posible que una mujer quisiera de verdad casarse con un hombre discapacitado? Se imaginó que solo estaba montando un show, uno que no podría durar para siempre.
Él necesitaba una esposa por un tiempo para distraer a su familia mientras se ocupaba de sus propios asuntos. Bueno, decidió, ya vería qué se traía ella entre manos.
Elyse ayudó a Jayden a subir al auto y se fueron a su casa.
La casa de Jayden era toda una mansión, con jardín, alberca, un mayordomo de esmoquin y sirvientas uniformadas.
Cuando Elyse pisó la suave alfombra de lana, fue cuando de verdad entendió que su nuevo esposo no era un tipo cualquiera.
El mayordomo, Driscoll Lee, se acercó con una reverencia.
—Señor Owen, ¿esta es su esposa?
Al ver la casa tan lujosa y recordar el nombre completo de su esposo, de repente, Elyse cayó en la cuenta de algo.
Los Owen eran la familia más poderosa de la ciudad, y Jayden Owen era especialmente famoso entre los de su generación por su habilidad para los negocios y su talento excepcional. Era uno de los hombres más ricos de la zona. Sin embargo, después de un accidente de auto hacía un año que lo dejó sin poder usar las piernas, Jayden había desaparecido de la vida pública y sus logros de antes casi se habían olvidado.
Entonces, ¿se había casado con el legendario Jayden Owen?
Elyse recordó haber oído rumores de que él estaba comprometido con una chica de la familia Foster. La novia que había desaparecido el día de la boda se suponía que era esa chica.
Cuando escuchó el nombre completo de Jayden en el Registro Civil, Elyse no le había dado muchas vueltas. Si hubiera sabido quién era antes, no se habría atrevido a proponerle matrimonio.
Jayden notó la sorpresa y el pánico en su cara, pero no dijo nada. Seguía dudando que ella de verdad no lo hubiera reconocido. Después de todo, su discapacidad era algo que todo el mundo sabía.
—Ella es Elyse Lloyd, mi esposa. De hoy en adelante, sus órdenes son las mías —declaró Jayden con voz que no admitía réplica—. Por cierto, Joanna Foster prefirió huir que casarse con un inválido —añadió con sarcasmo.
—¿La señorita Foster faltó a la boda?—, Driscoll no pudo ocultar su sorpresa. La familia Foster había estado muy interesada en unirse a los Owen a través del matrimonio, presionando para que Jayden se casara con Joanna.
Y el día de la boda, la novia desaparece. ¿Acaso no fue una humillación directa para Jayden?
Driscoll sintió lástima por él y trató de consolarlo:
—Quizá fue lo mejor, señor. Parece que al final encontró a la persona correcta.
A Elyse no le había importado la discapacidad de Jayden y había estado dispuesta a casarse con él. Eso, sin duda, ya era algo.





