Una vez descartada, ahora deseada

Apenas Eleanor salió de la sede del Grupo Todd, su celular vibró con un mensaje de su mejor amiga, Lillian Brooks, que decía: "Hoy es mi cumpleaños. Sé que probablemente no puedas venir, pero quería recordártelo. Sinceramente, no sé qué hechizo te lanzó el idiota de Jonny para que te alejaras de todos".

"Mándeme la dirección", contestó la otra, sin pensarlo mucho.

Después de un momento de silencio, la pantalla de su celular se iluminó con un mensaje de texto.

"¿Qué demonios? ¿Qué pasa?".

"Ya firmé el acuerdo de divorcio", respondió Eleanor, moviendo sus dedos sobre la pantalla con calma y precisión.

"¡Dios mío! ¡Por fin se te cayó la venda de los ojos! ¡Quédate ahí, que yo iré a buscarte ahora mismo!".

...

Un elegante descapotable de color granate aceleró por la autopista.

Lillian, tras el volante, se bajó un poco los lentes de sol y le dedicó un silbido juguetón a Eleanor, antes de decirle: "Ya que por fin saliste de esa pesadilla, esta noche celebraremos en el Club Velvet. ¡Vamos a divertirnos!".

"De acuerdo", respondió su amiga con despreocupación, reclinándose en el asiento.

"¿Qué te impulsó a dejarlo finalmente? Déjame adivinar... la tal Lainey regresó, ¿verdad?", le preguntó la otra, incapaz de contener su curiosidad.

"Acertaste", respondió su amiga, con una sonrisa.

Lillian se quitó los lentes de sol y comentó con una sonrisa burlona: "En aquel entonces, Lainey se largó en cuanto él quedó en silla de ruedas. Y ahora que ha vuelto, la persigue como un tonto enamorado. ¿Crees que a Jonny se le dañó algo más que las piernas en ese accidente?".

"Es difícil saberlo".

"Y tú perdiste tres años enteros atada a ese inútil", continuó su amiga, indignada. "Menos mal que no tuviste hijos, o el divorcio habría sido una pesadilla".

Eleanor soltó una risa discreta y contestó: "Nunca hubo oportunidad de eso. Él y yo nunca dormimos en la misma cama".

"¡¿Qué?!", exclamó la otra, casi soltando el volante. "¡¿Me estás diciendo que estuviste casada tres años y nunca durmieron juntos?!".

La belleza de Eleanor resultaba innegable. Si lo que decía era cierto, ¿acaso Jonny era impotente?

"Se estaba guardando para Lainey", confesó Eleanor, a la que se le revolvió el estómago con solo pensar en esos dos. Al instante siguiente, dijo: "Ya basta de hablar de él. ¿Puedes dejarme primero en casa para que me cambie?".

"¡Por supuesto!".

A las ocho de la noche, el Club Velvet estaba en pleno apogeo. Era el local de ocio más grande de Elepdon, el sitio de encuentro para los ricos y poderosos, donde la extravagancia era la norma y una sola botella de vino podía costar cientos de miles.

"¡Esa es la Eleanor que yo recuerdo!", exclamó Lillian, con los ojos brillantes, al ver a su amiga.

Esa noche, la aludida llevaba un elegante vestido rojo que marcaba cada una de sus curvas. Su cabello suelto caía en ondas sobre sus hombros y llevaba los labios pintados de rojo, acordes con su vestimenta; su sola presencia atraía todas las miradas.

Una vez que Eleanor se sentó, Lillian le apretó rápidamente el hombro y le dijo: "Quédate aquí. Iré a buscar un vino de primera".

"Está bien".

El encanto de Eleanor era innegable. Incluso sentada inmóvil bajo las luces del club, su sola presencia atrajo las miradas de innumerables hombres.

De la nada, un rubio se le acercó con aire arrogante y sonrisa grasienta, diciendo: "Hola, hermosa. Supongo que debes estar aburrida por estar sola. ¿Qué tal si compartimos una copa?".

Del otro lado del local, Jonny entró acompañado de su hermana menor, Emma.

Desde una mesa cercana, Lainey levantó la mano y les gritó con una sonrisa serena: "¡Oigan, por aquí!".

Esta última se le acercó y le dijo con una expresión radiante de emoción. "Lainey, ¡no sabes lo feliz que estoy de que hayas vuelto! ¡Te extrañé tanto!".

"Yo también los extrañé", contestó la chica cálidamente, pero sin quitarle los ojos de encima al hombre.

Estaba a punto de atraerlo con otro gesto cuando la sorprendida Emma exclamó: "Jonny, ¡¿esa de allá no es Eleanor?!".

Su hermano giró la cabeza en la dirección que ella señalaba.

Allí, bajo las luces cambiantes, una figura llamativa descansaba en un taburete de la barra. Sus largas piernas, elegantes y fascinantes, quedaban al descubierto bajo el dobladillo de su vestido.

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