Khale Mickelson
Mi vida ya no era la misma, no si la comparaba con los dulces y buenos momentos de mi niñez, cuando pensaba que todo lo que hacía estaba bien y que mi familia era una bendición.
Recuerdo la última vez que me sentí realmente feliz, tenía cinco años y me habían dado el regalo que siempre quise para navidad, mis abuelos estaban aún con vida, mis padres aún no se divorciaban y seguía creyendo que mi vida era real y normal, pero después de aquel año, cómo si se tratase de un huracán que se llevaba todo a su paso, mi vida dio un vuelco total.
Me quedé sin mis abuelos, mis padres no hacían más que pelear y debido a nuestra condición, nuestro temperamento era frágil y cambia con leves provocaciones, poder manejar nuestra fuerza es complicado cuando nos encontramos cegados por la ira, y no fue hasta la primera pelea de mis padres que me di cuenta de lo que somos realmente, quedé anonadado con aquella verdad.
Lo terminé comprendiendo años después, los abuelos lo sabían, ellos me amaban, tenía el apellido de mi padre, mi madre me tuvo antes de convertirse en lo que ahora era, cuando mis padres se separaron tenía seis años, luego, cuando cumplí once, volvieron a unir sus vidas, ya no más peleas, no más discusiones, solo se enfocaban en que yo estuviera bien, supongo que me querían preparar para lo que venía o tal vez protegerme de las amenazas del exterior.
Mis padres, cómo siempre, me enseñaron todo lo que se debe saber de nosotros, así también lo importante que es la unión familiar, los clanes a los cuales pertenecemos, la palabra, el honor, y, en parte, creo que fue por eso que me dieron el ejemplo de su regreso, aún tenían desacuerdos en algunos temas, pero me habían demostrado que existía cariño sincero entre ellos, al menos por algunos años.
Actualmente tengo dieciocho años, se supone que será mi ritual de iniciación, sé perfectamente en qué consiste, tengo que morir para revivir cómo mis padres, al principio me negaba a la idea, quería huir antes que convertirme en uno de ellos, en parte porque asesinaron a mi ex novia, ella era del bando contrario, pero luego me di cuenta de que los de su especie habían comenzado la guerra con mi familia, ellos habían acabado con mi hermana, de la que no supe hasta hace un par de años cuando aquel suceso comenzó.
No entiendo aún cómo le hicieron para bloquearla de mi mente, o tal vez yo mismo lo hice, cómo niño pequeño quise ocultar todo lo que me hacía daño o asustaba.
Desde ese entonces me prometí no volver a caer en los encantos de cualquier mujer, mucho menos si no era de mi especie, cuando demostramos nuestros sentimientos somos débiles, mis padres demostraron debilidad al enseñarle a todo el mundo a mi hermana, por eso acabaron con ella y quebrantaron nuestra familia, necesitábamos ser independientes, tener más fuerza e inteligencia que ellos.
Claro que, cómo en toda ciudad, tenemos lugares sagrados, en los que se respeta la paz, en parte, porque no queremos que todos se enteren de lo que somos, y, en parte, porque no nos conviene llamar la atención del resto de ciudades cercanas a este pueblo.
—Buenas tardes, hijo. —dijo mi madre apareciendo en mi campo de visión—. ¿Preparado para esta noche? Todo el mundo está ansioso por este regreso a la vida. —agregó, asentí con la mirada fría, mirando a cualquier lado menos a ella, no es que le tuviera rencor o algo similar, pero es que no me gustaba demostrar mis sentimientos, no desde que me he enterado de toda la verdad que nos rodea.
—Tú madre te ha hecho una pregunta, Khale. Responde cómo se debe, por favor. —mencionó mi padre desde el otro lado de la mesa, sabía que le molestaba cuando me ponía en aquel plan insoportable, pero quería que pensara en que todo mi mundo estaba a punto de cambiar nuevamente.
—Sí, estoy preparado, me he hecho a la idea de esto desde, ¿Qué? Toda la vida. —mencioné sonriendo de lado, de mala gana. No me gustaba que me obligaran a hacer cualquier cosa, por más fácil que fuese.
Ninguno de los dos fue capaz de seguir hablándome, supongo que entendían perfectamente mi carácter, al final de cuentas, era digno hijo de mis padres, digno heredero de la familia Mickelson, sonreí de lado nuevamente, me levanté de la mesa y jalé de mi mochila, sí, lamentablemente tengo que asistir al instituto, cosa que no me parecía, pues tenía que hacer una vida normal siendo realmente extraordinario.
Subí a mi habitación y me quedé allí recostado en la cama, desde mañana todo sería diferente, estaba seguro de ello, todos me mirarían con recelo, pues en este pueblo hay tres tipos de personas, los de mi especie, los que nos juraron la guerra y los que no se meten con ninguno de los dos bandos.
Estos últimos, a pesar de saber lo peligroso que podemos llegar a ser, prefieren coexistir con nosotros que dejar sus antepasados aquí tirados, sonreí para mis adentros cuando sentí el impulso de ir a la playa, siempre, desde que tengo memoria, me escapo a ese lugar, es la manera más fácil que encuentro para escapar de mis problemas, cada vez que los tengo claro, otras veces voy solo con el motivo de relajarme y olvidar la maldita bestia en la que debo convertirme, pero todo en la vida tiene un precio y en este caso no será la excepción.
Me senté en la arena, la sensación de tenerla entre mis dedos era relajante, mi mirada se perdió en el horizonte, viendo cómo el sol se escondía en el agua, viendo cómo las olas seguían sus movimientos, cómo chocaban entre ellas, luego pensé en ella, en mi hermana, en la cruel forma que su vida fue arrebatada, y es que un bebé no tiene la culpa, pero nosotros sí, sé que mis padres aún se sienten culpables por no poder protegerla cómo se debía, supongo que debe ser difícil no hacerlo, no tengo hijos, pero la responsabilidad de no tenerlos nunca es toda mía.
De pronto cerré los ojos, a veces me sucedía, tenía algunas lagunas, visiones, cómo otros le llamarían, era una mujer, digamos que últimamente aparece más en cada una de ellas, no es que sea algo frecuente, pero sí me avisan de ciertos hechos y siempre terminan ocurriendo, a no ser que se eviten dichas acciones. Creo que era el primero de la familia con este don, por lo que no se lo he dicho a nadie, la primera vez que pasó vi a mis abuelos morir, se lo dije a mi abuelo, pero no quiso hacerme caso, más bien me dijo que no le comentara a nadie sobre ello, que podría poner mi vida en peligro al confesarlo al mundo.





