Una Segunda Oportunidad para la Elección

POV de Sofía Treviño:

La risa de Leonardo resonó en el silencioso salón de baile, cada carcajada un golpe pequeño y agudo. Estaba disfrutando esto, actuando para su audiencia, deleitándose con mi humillación pública.

—¿Te comió la lengua el gato, Sofía? ¿Te das cuenta de lo ridícula que suenas?

Jimena se deslizó a su lado, su expresión una mezcla perfecta de lástima y preocupación. Era una mirada que había perfeccionado durante años de práctica.

—Leonardo, no seas tan duro con ella —arrulló, lo suficientemente alto para que todos la oyeran—. Solo está nerviosa. Es un gran día. —Se volvió hacia mí, sus ojos brillando con malicia—. Sofía, querida, debes tener cuidado. He oído cosas terribles sobre Bruno. Dicen que una vez llevó a la bancarrota a una empresa solo por deporte. No querrías terminar como una de sus víctimas, ¿verdad?

La multitud murmuró su acuerdo, un coro de advertencias susurradas y amenazas veladas.

—Tiene razón, ya sabes.

—Ese hombre es un tiburón.

—Leonardo es la apuesta segura. La única apuesta.

En mi vida pasada, sus palabras habrían sido cuchillos, carcomiendo mi resolución. Me habría desmoronado, disculpado y rogado a Leonardo que perdonara mi tonto arrebato. Pero la chica que temía su juicio se había ido hace mucho tiempo, reemplazada por una mujer que había enfrentado monstruos mucho peores que unos pocos ejecutivos chismosos.

—Mi elección es mía —dije, mi voz firme. No era una respuesta, sino una declaración. Un límite.

El rostro de Jimena se descompuso. Mi compostura estaba arruinando su actuación. Necesitaba una víctima. Dio un paso más cerca de mí, su mano revoloteando cerca de su pecho como si de repente se sintiera débil.

—Oh, Sofía, solo me preocupo por ti…

Su movimiento fue fluido, practicado. Se tropezó, no lejos de mí, sino contra mí. Su hombro rozó el mío con el más ligero de los toques.

Y luego estaba en el suelo.

Un jadeo teatral escapó de sus labios, seguido de un sollozo fuerte y desgarrador. Se acunó el brazo, su rostro contorsionado por la agonía.

—¡Sofía! ¿Por qué me empujaste?

La sala estalló. Leonardo estuvo a su lado en un instante, su rostro una máscara de furia atronadora. La ayudó a ponerse de pie, acunándola como si estuviera hecha de cristal.

—¿Estás loca? —me espetó, su voz temblando de furia—. ¡Estaba tratando de ayudarte! ¿Qué te pasa? ¿Tus celos son tan absorbentes que atacarías a tu propia prima?

Su prima. La mentira estaba tan arraigada en la narrativa de nuestra familia que incluso él la creía. Mis padres habían acogido a Jimena, le habían dado un hogar, una educación, todo lo que tenía. Pero no era mi hermana. Ni siquiera era de mi sangre. Era la hija de un pariente lejano, una víbora trepadora social que habíamos acogido tontamente en nuestro nido.

Jimena, oculta detrás del marco protector de Leonardo, me lanzó una mirada de puro y absoluto triunfo.

Una risa seca y sin alegría escapó de mis labios.

—No la toqué.

—¡Mentirosa! —escupió Leonardo—. ¡Lo vi! ¡Todos lo vieron! Has estado actuando como una mocosa malcriada toda la noche, y ahora esto. ¿Es porque le mostré un poco de atención a Jimena? Dios mío, Sofía, sabía que estabas obsesionada conmigo, pero esto es patético.

—Leonardo, por favor —gimió Jimena, tirando de su manga—. No te enojes con ella. Es mi culpa. No debí… solo quería que todos fuéramos una familia feliz. —Sus palabras eran perfectas, pintándola como la víctima magnánima y a mí como la agresora desquiciada.

Los susurros a nuestro alrededor se hicieron más fuertes, más venenosos.

—¿Viste eso?

—La empujó directamente al suelo.

—La hija de Treviño tiene un lado malvado.

El rostro de Leonardo estaba a centímetros del mío, sus rasgos torcidos por el asco. La máscara encantadora había desaparecido, revelando al monstruo que conocía tan bien. Por un segundo aterrador, pensé que iba a golpearme, aquí mismo, frente a todos. El recuerdo de sus puños, del dolor agudo y cegador, envió una sacudida de hielo por mis venas.

Su mano salió disparada, no para golpearme, sino para agarrar mi barbilla, obligándome a mirarlo. Sus dedos se clavaron en mi piel.

Entonces, sucedió lo impensable.

Me abofeteó.

El sonido resonó en el salón de baile como un látigo, silenciando cada susurro. El escozor en mi mejilla fue agudo, inmediato. Mi cabeza se giró hacia un lado por la fuerza del golpe.

Un jadeo colectivo y horrorizado llenó la sala.

—Si alguna vez —hirvió, su voz un gruñido bajo y aterrador—, le pones una mano encima a Jimena de nuevo, me encargaré personalmente de que Humberto te eche a ti y a tu precioso legado a la calle. ¿Me entiendes?

La amenaza era clara. La línea había sido trazada. Y en sus ojos, yo la acababa de cruzar.

Seguir leyendo
Lee la novela completa en Moboreader
UDesbloquear todos los capítulos
Abrir el sitio web oficial
Capítulos
Personalizar

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.