"¡Ya basta, Madelyn!", regañó Connor, con la voz cargada de exasperación. "Rebeca lo ha aclarado todo. ¡Deja ya este drama innecesario! Siempre has apuntado a Rebeca, antes e incluso después de tu matrimonio. ¿Cuándo terminará?".
Madelyn miró a su hermano, con el corazón apesadumbrado por la desilusión.
Antes de casarse, cualquier petición razonable que hacía era retorcida por Rebeca y convertida en un acto problemático, lo que le valía la reprimenda de la familia.
Los Clark siempre se unían en torno a Rebeca, dejando a Madelyn preguntándose por qué se molestaba en volver a un grupo tan parcial.
Volviéndose hacia Rebeca, la mirada de Madelyn era afilada, casi regia en su desdén. "¿Sabe tu esposo el verdadero alcance de tus cuentos? ¿Es consciente de los momentos preciados que compartiste con Jason? ¿Los acompañó a ambos en Navidad? ¿Sabe que el matrimonio de Jason conmigo fue, en realidad, para tu beneficio?".
Su sonrisa rezumaba ironía. "Tu esposo y tú no planean tomar caminos separados, ¿verdad? Entonces, ¿cuál es el acuerdo? ¿Jason hará mal tercio en su historia de amor? ¿Los tres planean compartir casa?".
"Madelyn, ¿qué tonterías son estas?". Connor dio un paso adelante, con la incredulidad grabada en el rostro.
Rebeca, visiblemente conmocionada, balbuceó: "¿Cómo puedes sugerir algo así? ¡Jason y yo solo somos amigos!".
La gélida mirada de Madelyn recorrió a Rebeca y Connor, y su silencio fue ensordecedor. Levantó la maleta y se dio la vuelta para marcharse.
La profundidad de la relación de Rebeca y Jason ya no tenía ningún peso en su corazón.
Solo anhelaba escapar de aquel lugar, impregnado de dolor y repulsión.
Mientras bajaba la escalera, sus ojos se posaron en Jason, que estaba de pie junto al gran ventanal del primer piso.
Su perfil parecía especialmente solitario, y Madelyn se sorprendió mirándolo de reojo. Fue esa misma silueta la que la atrajo por primera vez a los dieciocho años, obligándola a tenderle la mano, a ser quien pudiera ablandar su corazón reservado.
Pero al momento siguiente, él se volvió hacia ella y, cuando sus ojos se posaron en la maleta que llevaba en la mano, una sombra cruzó su expresión.
Era evidente que llevaba allí el tiempo suficiente para captar cada palabra de su conversación.
Madelyn siguió adelante. Si él había oído, que así fuera, ella no había dicho más que la verdad.
"Rebeca lo explicó todo. ¿Qué más exiges?". La voz de Jason la interrumpió cuando se acercaba a la puerta.
"¿Solo porque ella ofreció una explicación, se supone que debo perdonar y olvidar?", replicó Madelyn, girándose para mirarlo.
"Muy bien", se burló Jason, con tono mordaz. "¿Qué te apaciguará esta vez? ¿Un bolso de diseñador? ¿Una baratija brillante?".
En el pasado, él la apaciguaba con regalos cada vez que estaba molesta, pero las cosas materiales nunca fueron lo que su corazón anhelaba.
Madelyn apretó los dedos alrededor de su bolso mientras sacaba un documento. "Firma esto".
Jason lo aceptó con aire despreocupado, pero su expresión se agrió cuando vio que se trataba de un acuerdo de divorcio.
"Madelyn, si crees que volver a casarte será fácil, te equivocas", advirtió, con la voz cargada de amenaza.
"Este matrimonio fue un error desde el principio. Solo lo estoy corrigiendo", respondió ella con voz fría y la mirada desviada.
Había redactado el acuerdo una semana antes, pero no tuvo valor para presentarlo hasta ahora.
Jason se burló. "¿Cuánto tiempo seguirás con esta farsa? ¿Tengo que recordarte que aceptaste mi propuesta de forma bastante desesperada en aquel entonces?".
Madelyn respiró hondo y dijo con firmeza. "¡Porque estaba ciega ante la vil razón que había detrás de tu propuesta!".
"¿Vil?". El rostro de Jason se volvió tormentoso. "¿Qué esperabas? ¿Que me casara contigo por un gran amor?".
Su expresión hacia Madelyn seguía siendo tan indiferente como siempre, su gélido comportamiento no revelaba nada, pero en lo más profundo de sus ojos persistía un destello de desdén apenas disimulado.
Madelyn lo vio con claridad.
Aunque no lo dijo, su mensaje era inequívoco: ella no era digna de su afecto.
Procedente de humildes raíces rurales, llevaba el linaje de la élite pero carecía de su refinada educación. Para él, no era más que una chica de campo, sin refinar e indigna.





