"¡Belinda!". La mirada de Kristopher se enfocó en ella, con sus ojos normalmente serenos enrojecidos. "¡¿Cómo puedes decir que fue la decisión correcta abortar?! ¡Ese bebé era nuestro! ¡No me contaste nada y tomaste la decisión sin ni siquiera informarme!".
"¿Acaso te importa?", lo interrumpió ella, levantando la mirada para encontrarse con la suya. "Intenté ponerme en contacto contigo. Hice varias llamadas hace dos horas. ¿Dónde estabas entonces? Incluso te envié muchos mensajes antes de mi intervención. ¿No se te ocurrió comprobarlo?".
La expresión de Kristopher se endureció, las líneas de su rostro se pusieron rígidas por la furia. Dos horas antes... Cathy acababa de aterrizar en el aeropuerto.
El hombre hizo una mueca y sacó su celular para verificar si efectivamente había perdido el contacto de Belinda.
Mientras permanecía de pie, absorto en su registro de llamadas y mensajes, una profunda sensación de desesperación invadió a la joven.
El ceño del hombre se frunció al escudriñar los mensajes y el WhatsApp. No había nada. Su mirada gélida volvió a dirigirse a su esposa.
"Supuse que el ruido del aeropuerto había silenciado la llamada. Pero parece que nunca la hiciste". Le mostró la pantalla de su celular, con el semblante lleno de desdén. "¿Varias llamadas y muchos mensajes? ¡Solo estás mintiendo, Belinda!".
La chica esbozó una sonrisa fría y burlona. "¿Soy yo la mentirosa o tú? Borraste los registros para culparme de esto, ¿no?".
Conforme pronunciaba estas palabras, sacó su propio teléfono. "Kristopher, ¿olvidaste que yo también los tengo?".
De repente, un suave gemido resonó cerca. "Me duele el vientre...".
"¡Cathy!".
Al oír la voz dolorida de la mujer, Kristopher se dio la vuelta al instante y corrió a auxiliarla. "¿Qué te pasa? ¿Estás bien?".
Cathy, con lágrimas recorriéndole las mejillas, asintió. "Kristopher, es insoportable...".
"Vamos de inmediato al médico. Dame el formulario de registro que llenaste".
Cathy le entregó el documento y salieron juntos, mostrando así su evidente cercanía.
Belinda permaneció inmóvil, con el teléfono en la mano. Vio a su esposo entrar en el departamento de obstetricia y ginecología al lado de la otra mujer. Agachó la mirada y repasó el registro de llamadas recientes de su celular, con una sonrisa amarga jugueteando en sus labios. Incluso teniendo pruebas tangibles de que Kristopher había mentido, ¿cambiaría algo? No hacía más que subrayar su desprecio por ella.
Se había engañado pensando que él se encontraba ahí porque había visto sus mensajes urgentes.
En lugar de eso, acompañaba a Cathy para una revisión rutinaria y simplemente se había tropezado con ella por casualidad.
¡Qué absurdo!
Tras recoger su medicación, Belinda abandonó el hospital. Al llegar a casa, experimentó un dolor agudo en el estómago, que le produjo una sensación de ardor. Tomó un pañuelo de papel y corrió al cuarto de baño, donde su vómito manchó rápidamente el inodoro de rojo. Perdió toda noción del tiempo, vomitando continuamente hasta que cayó desmayada.
Más de una hora después, su gato, Fluffy, le dio un empujón suave para despertarla.
Acariciando suavemente la cabeza del felino, Belinda salió del cuarto de baño. Su cuerpo cedió tras unos pasos y se desplomó con un fuerte golpe.
Aturdida, divisó un par de lujosos zapatos de piel hechos a mano que avanzaban hacia ella desde la entrada y se detuvieron justo delante.
Entonces, una voz fría y burlona sonó desde arriba: "Belinda, elegiste abortar al bebé. ¿Ahora te haces la víctima? Ahórranos la actuación, nadie se la cree".





