Emma.
Mientras observó a aquel bello muchacho, obviamente tratando de ser discreta llega a mi cabeza el recuerdo de lo sucedido en Italia; de como llegué hasta este lugar y sobre todo como todo se salió de control.
Tiempo atrás.
Es una linda mañana, voy a la cocina en bata a recibir el desayuno a Donato, mi esposo; sobra decir que lo hago por rutina, no porque lo ame. Desde hace un par de años atrás ya mi vida junto a él no es como lo era antes, tanto así que dormimos en habitaciones separadas; no porque me trate mal o sea un patán, todo lo contrario, él es todo un caballero.
El inconveniente está en la intimidad, tanto así hasta el punto en que no volvimos a consumir dicho acto, por tal motivo él decidió llevar sus cosas a la habitación de al lado, aún salimos y compartimos cenas, vamos siempre de la mano como si no sucediera nada malo entre los dos, pero dentro de la casa somos indiferentes el uno con el otro.
Al llegar a su habitación él se encuentra hablando al teléfono, deje la bandeja sobre la mesa de noche y me dispuse a salir, pero él me detuvo haciéndome una seña con su mano; espere a que terminará la llamada para que me dijera en que le podía ayudar.
—Hola Emma —me saludó con su cabeza abajo, mientras que con el tenedor llevaba un trozo de fruta a su boca.
—¿Estás bien?, te noto un poco nervioso —le dije mientras me acercaba a él.
—Todo está bien, solo necesito que me acompañes a una reunión que tengo el día de hoy en la oficina, sé que no te agradan este tipo de situaciones, pero te pido que está vez lo hagas. —En su cara había una expresión de temor.
—Por supuesto que iré contigo, solo déjame me arreglo y salimos. —Di media vuelta y salí de su habitación.
Fui a la ducha para refrescar mi hermoso cuerpo, después de ello salí cubriendo mi cabeza con la toalla mientras que mi cuerpo se encontraba al descubierto, lo hacía porque todas las habitaciones contaban con el baño en su interior.
Saqué uno de mis mejores vestidos para hacer uso de el en compañía de Donato, apliqué bastante loción y me puse unos zapatos altos; suelo utilizar muy poco maquillaje, para no quitarle protagonismo a mis ojos, y así poder resaltar el color verde de ellos, mi figura esbelta me favorece bastante.
Al llegar a la sala él ya se encontraba allí sentado en el sofá esperándome, se levantó mientras que ponía una de sus particulares caras de desagrado por esperar, salimos de casa yendo directo al auto, obviamente quien nos lleva es Marcó, el escolta y conductor de nosotros, todo ello desde que quisieron acabar con la vida de Donato.
Mientras íbamos en el carro mi esposo me comentó de unos nuevos negocios con los hermanos Moretti, que lo único que él sabía de ellos era de lo peligrosos y traicioneros que eran, aun así sabiendo del riesgo que sería hacer negocios con ellos él estaba dispuesto a seguir adelante.
En medio de un silencio tétrico dentro del auto, luego de unos cuantos minutos Donato pone su mirada en mí y me brinda una sonrisa.
—Agradezco que le hayas dado tu apellido a mi hija, no cualquier persona lo hace, pero tú y tu buen corazón hizo que te sacrificarlas por tu amiga y aquella niña; reconozco todo lo que has hecho por ella, al igual que por mí, haciéndote pasar por mi esposa, y más aun intentando tener una relación conmigo, sabiendo que no sentías nada por mí.
»Te pido disculpas por la mala actitud de Celeste; ella ha perdido el respeto por nosotros, mientras que le brindamos lo mejor de cada uno, ella nos corresponde con odio y groserías constantes, en especial a ti —sus palabras hicieron que rodara una lágrima tras la otra por mis mejillas.
—No tienes nada que agradecer, lo hice porque no podía dejar a la hija de mi única y mejor amiga sin esa figura tan importante como lo es la mamá; lo nuestro no funcionó y en estos momentos no quiero hablar más de ello. —Desvié la mirada poniéndola en la ventana.
Sentía algo en el ambiente, algo que me hacía erizar la piel; al llegar allí él le indicó a Marco que por nada se fuera a separar de nosotros, obteniendo por respuesta un asentimiento con su cabeza. Saludamos a las recepcionistas para luego entrar al ascensor, estando allí dentro volteé la cabeza y puse la mirada en Donato.
Él se encontraba demasiado sudoroso, y al ver sus manos me di cuenta que estaban temblando; aquel hecho causaba en mí que los nervios se elevarán, no tanto, así como los de él pero si me hacía dudar de lo que podría llegar a pasar dentro de su oficina. El ascensor se detuvo en el piso veintiséis indicando que habíamos llegado, Donato toma de mi mano para salir de camino a su oficina.
—Gracias por venir conmigo —se notaba que algo no estaba bien.
La recepcionista de piso le indico que ya lo estaban esperando, él solo la miró sin decirle palabra alguna, tan solo continuamos caminando lentamente a través de aquel largo pasillo hasta llegar a la enorme puerta de la sala de juntas, él abrió la puerta e ingresamos, allí dentro se encontraba un hombre y una mujer, su aspecto era demasiado elegante sin dejar nada que decir.
—¡Bienvenidos! supongo que ustedes son Nicoletta y Adriano —Ellos se pusieron en pie y sonrieron, mientras asintieron al mismo tiempo—. Gracias por venir, les informo que esta es una empresa donde recibe propuestas por doquier debido a que nosotros le damos la oportunidad a nuevos proyectos.
»Claro está de que sean legales y que no pongan en riesgo nuestra integridad, así que por favor tomen asiento y cuénteme cuál es su propuesta —dijo Donato mientras que nos sentamos frente de ellos, excepto por el escolta que se quedó en pie al lado de la puerta.
—Sí señor —respondió él con una sonrisa en su rostro—. Le agradecemos por habernos recibido, es usted muy cordial al abrir la puerta de su empresa —habla mientras pone su mirada tenebrosa directo en mí.
—Señor Donato, déjeme decirle que para nosotros es un placer hacer negocios con usted, sin hablar de lo beneficiados que saldremos las dos partes —dice Nicoletta mientras dibuja una sonrisa traviesa.
Donato un tanto preocupado por sus nuevos socios les pidió los documentos de lo que ellos le iban a ofrecer, quedando sorprendido mientras leía de ellos, lo noté de inmediato con la expresión que hacía.





