—Estefan, tanto tiempo sin verte. —Catherine lo saludo con una gran sonrisa y unos ojos coquetos.
Verlo después de mucho tiempo fue muy grato, tenía que admitir que el azabache se veía muy bien, mucho mejor que la última vez que se vieron, bueno de eso ya habían pasado más de quince años, Estefan era un adolescente al igual que ella, pero algo había cambiado, sus ojos no eran los mismos, eran más fríos y distantes.
Estefan asintió secamente mirando su Louis Moinet, eran su hora de comida, lo tomaría como tal mientras Catherine le decía que era lo que quería, tenía tiempo necesario para terminar con esto lo más pronto posible y llegar a la reunión con Dereck.
—Inna no me dijo lo guapo que te habías puesto —Catherine dijo tímida poniendo su cabello detrás de su oreja, mientras seguía observando a Santoro.
Ella estaba pensado en lo tonta que había sido al terminar con él, aunque había sido a causa de seguir con su carrera de modelaje.
Tuvo que salir de su zona de confort y mudarse a la ciudad antes de que él lo hiciera también, recordó cómo le había roto el corazón, aunque era más que una amistad que un verdadero amor, ahora no lo reconocía, estaba totalmente diferente, era como si no fuera él exactamente y le dio curiosidad preguntar que había pasado con él. —Tal vez es el porqué no la he visto en 15 años. —Estefan dijo irónico e indiferente y tomó la carta leyendo el menú.
Parecía ser un poco más interesante que la plática de Catherine, Estefan la recordaba bien, era esa chica que su mamá le gustaba para su novia, sí, él solo le daba gusto a Inna, haciéndole creer que la quería, cuando en realidad él jamás había podido querer a nadie.
A esa edad era un hijo complaciente, no le quedaba de otra, así que solo había sido un buen pasatiempo. Catherine siempre había sido el tipo de chica que se pensaba, la más bonita, la inalcanzable y con sueños exorbitantes que nunca pensó que realizaría, para la sorpresa de Estefan había logrado lo que quería y tenía que reconocerlo, era alguien que mucha gente conocía en los círculos sociales. Después de tanto tiempo se vinieron a encontrar, había escuchado de su trabajo, pero él no tenía el suficiente interés para buscarla, era como cualquier otra persona. El azabache ordenó casi enseguida, era su restaurante favorito, así que ya sabia que pedir, tenía el tiempo limitado, al menos comería en esta pérdida de tiempo. Estefan siguió esperando que le dijera cuál había sido la razón de que pidiera una cita con él, creía que el pasado se había quedado allá y que el hecho de que ni siquiera la hubiera buscado estando en la misma ciudad daban entender que no quería ninguna relación, de ningún tipo con ella. Tal vez esa había sido la razón de por qué había aceptado verla ahora y dejarle las cosas más claras. —Mejor dime que hago aquí —Estefan continuó, tomando de él Grape Wine Dry. Era un buen vino para acompañar su comida, era uno de sus favoritos, así que se lo tomo con mucho gusto, al menos disfrutaría de eso. Su acompañante se acomodó mejor en su asiento y lo miro cautelosa.
Estaba nerviosa, ya que había escuchado de Estefan Santoro, el prestigioso y multimillonario Ceo de la empresa más exitosa en Chicago. La elegancia era lo que más desprendía de su, pero esa aura misteriosa le ganaba a todo lo demás, pensó que lo que decía de él era solo mitos, ahora que lo podía observar de cerca tenía que admitir que cuando escucho decir que era un hombre intimidante y que incluso causaba escalofríos con una sola mirada decían la verdad.
En ese momento no sabía cómo iniciar la conversación, se miraba las manos y se acomoda en su lugar, lo cual era un poco extraño en ella, ya que Catherine siempre fue una mujer segura de sí misma, imponente y llamativa ante los hombres, lamentablemente con Estefan no podía ser así y eso poco a poco la frustró un poco. Así que era tiempo de poner las cartas sobre la mesa y ver que pasaba al respecto. —Tu madre cree que es momento de… bueno, ya sabes —Estefan frunció el ceño, expectante ¿Su madre? ¿A caso ella había habla con Inna?
Eso era algo bueno, todo este tiempo trato de mantener su pasado donde estaba, no quería saber de nadie y menos de su madre, ahora venía ella y se lo recordaba como si fuera cualquier cosa. El azabache soltó el cubierto de su mano y limpio su boca con algo de brusquedad, eso si había arruinado por completo su comida, entonces la miro de mala gana, Catherine se dio cuenta de su semblante, seguía mirando sus manos.
—Como decirlo… de que formes una familia y que mejor para eso que alguien que ya conoces. Sabe lo que ambos teníamos antes…
Estefan no cambio su semblante, seguía molesto, sin embargo, no sé preocuparía por esconder lo que realmente sentía, no como él hubiera querido demostrar, en otras circunstancias, Catherine ya estaría sobre el respaldo de su sillón mientras la azotaba con el cinturón, sabía que no podía perder el control y menos delante de la gente.
Aguanto cada uno de sus impulsos, y apretó su mandíbula cuando recordó a su madre, esa que lo ignoro por años cuando apenas era un niño, ahora mandaba a alguien para querer darle órdenes. No sabía si reír de rabia. ¿Quién se creía? El azabache suspiro pesado tratando de tranquilizar su enojo e inspeccionó mejor a Catherine, debía distraerse, y ella era lo que tenía al alcance. Era bonita y tenía buen cuerpo, era modelo, tenía que tenerlo, por su forma de actuar y de acercarse sabía que ella estaba interesada en él, nada nuevo, a todas las mujeres les atraía el aura de chico malo que desprendía.
Solo había un problema, él no estaba interesado en ella, ni siquiera para tener sexo, no lo haría, ya que pondría al descubierto su secreto, y el sexo casual ni siquiera se le apetecía, era algo en lo que no se arriesgaría y bueno ¿formar una familia? El mismo se dio risa, y pesar en esa posibilidad era casi un chiste, casarse no estaba en sus planes, ni ahora ni nunca, él moriría soltero y completamente solo, eso lo daba por hecho. No había nadie que valiera la pena para él, solo existía su propio placer y nada más. Nada podía llenarlo completamente como lo hacía ese acto tan extraño, nada había funcionado para él y si estaba bien con eso seguiría hasta que no pudiera más. Lo realmente preocupante era que su madre hubiera mandado a Catherine para seducirlo. No cabía duda que esa señora no lo conocía en lo absoluto, jamás lo hizo, jamás le importo su bienestar, ni aun siendo niño y ahora se preocupaba por su descendencia, para él, era no tener vergüenza. Solo acepto verse con Catherine como un favor personal, no podía venir a ordenarle cosas cuando él era cien por ciento independiente y si Estefan decía que no así debía ser. Lo sentía por la chica, ya que sería cruelmente despreciada. Santoro comenzó a comer tranquilamente otra vez, mientras escuchaba lo que tenía que decir, pensó que era mejor tomar las cosas con calma y dejar que la chica hablara tanta sandez. Catherine le contó sobre su madre y como había realizado una misa la semana pasada por el aniversario de la muerte del señor Santoro y como Inna había esperó su presencia. El azabache río con amargura, ella sí que quería arruinarle no solo la comida sino el día entero.
Estefan negó completamente, no sabía hasta qué grado podía llegar su desfachatez, jamás volvería a Clovelly y menos a visitar la tumba del hombre que lo crio e hizo su vida, un infierno infinito del que le costó mucho salir y que aun después de haberlo hecho seguía sintiendo que seguía en ese mismo lugar oscuro y depravado.
Que estuviera muerto era lo mejor que le había pasado en la vida y recordarlo era lo que menos le gustaba. Era un bocado amargo que solo le daba mucho más rencor. Catherine había podido hacer lo que no cualquier podía, y era hacerlo, recordar y sentir lo que él muchas veces luchaba por olvidar, definitivamente el haber ido a ese sitio fue un error y se arrepentía de ello.
—Siento mucho que mi madre te haya hecho venir hasta aquí para perder el tiempo, lo cierto es que no me interesa comenzar una relación ahora ni nunca. —dijo Estefan terminado su copa de vino mientras la miraba directo a los ojos y totalmente seguro de sus palabras. La azabache bajo la mirada, triste. O al menos trataba de que el azabache sintiera pena por ella, no creía que su corazón fuera de piedra, Catherine no conocía qué grado de dureza tenía el corazón de Estefan. Como lo había dicho Santoro, ella perdió su tiempo completamente porque nada haría que él sintiera algo, ni siquiera lástima por alguien.
—¿Sales con alguien más? —Catherine musito con tristeza. Estefan entonó los ojos, ¿No había sido claro? Parecía que no se iba a dar por vencida. Esto sería más molesto de lo previsto.
—Dicen que eres recatado y que jamás te han conocido una relación, pero no puedo pensar que todo este tiempo te hayas mantenido soltero, dime ¿tienes una relación secreta y es por eso que me rechazas? Porque es la única explicación lógica que le encontraría a tu rechazo.
La azabache no suponía que pudiera despreciarla de esa forma, ella era Catherine Wood, a caso no la había visto ya, era hermosa y que decir encantadora y tierna, él debía estar sobre sus pies. Estefan sonrió sin creer que ella fuera tan frívola. No tenía tiempo ni ánimo para explicaciones, así que solo le dijo lo que quería escuchar. Era mejor ahorrará tiempo que seguir con este juego que se estaba poniendo más insoportable y tedioso. —Me has descubierto, en efecto tengo a alguien y es por eso que no puedo aceptar tu proposición. Dile a Inna que mis parejas las escojo yo —Estefan lo dijo hasta un poco gracioso y sin titubear.
Ya se había cansado de esta charla, así que se paró de su silla, acomodando su traje fino, sacó efectivo de su cartera y lo puso sobre la mesa mientras observo serio a Catherine.
—Yo Invito no te preocupes. —Terminó de decir y salió del restaurante sin dejar que Catherine dijera algo más.
Esta se quedó casi con las palabras en la boca, era una locura porque él había ordenado todo y ella solo había tomado una copa de vino y se atrevía a humillarla de esta forma.
Esto era caso inaudito, se sentía tan lastimada, sobre todo el ego que se cargaba estaba más que molesta. Así que mientras veía la salida por donde había salido Estefan apretó sus puños y mordió su labio, esto no se quedaría así, nadie despreciaba a Catherine Wood y eso lo podía jurar, ya le enseñaría a Estefan lo que había dejado ir y haría lo qué fuera necesario para que Santoro se arrepintiera de lo que había hecho. De regreso en su oficina y con el humor exaltado por el recuerdo de su padre, trató de olvidarse del mal rato que le había hecho pasar Catherine. Tomó asiento en su silla y respiró profundamente cerrando los ojos.
Necesitaba tranquilizarse y meditar, eso jamás le ayudaba, pero necesitaba al menos intentarlo antes de que esa maldita voz, esos malditos gritos, los lamentos de su madre y luego golpes inundaran su cabeza por completo y no pudiera pararlo. Se tocó el pecho al sentirse sin aire, recordando su infancia, su maldita infancia. En ese instante supo que no había retorno y maldijo.
“GUARDA SILENCIÓ”… “ESCUCHO UN SOLO SOLLOZO Y LO LAMENTARAS”… “TE DIJE QUE TE CALLARAS NIÑO IDIOTA… VEN AQUÍ AHORA PODRÁS GRITAR CON PROVECHO” El azabache cerro con más fuerzas sus ojos hasta el punto de doler, pero le dolía más los recuerdos que poco a poco lo estaban dejando más sin aire. —¿Estefan? —De pronto lo llamó Stone, mirándolo expectante. Santoro abrió los ojos de golpe y se inclinó sobre su asiento. Se encontraba con la mente perdida, ni siquiera se había dado cuenta de que Dereck estaba a su oficina—. ¿Pasa algo?. —Su amigo le preguntó al verlo un tanto extraño. Santoro regresó a la realidad cuando sintió el toque en su brazo, parpadeo varias veces hasta recordar en donde estaba y con quien, hace mucho que no le pasaban esos episodios de supresión mental. No cabía duda que recordar a su progenitor no le hacía nada bien. Había creído todo este tiempo, lo tenía resultó, sabía que no al cien por ciento, pero al menos controlado, la desesperación invadió su cuerpo porque eso significaba que tanta terapia y psicólogo no había servido de nada. Aun así, no lo dio a demostrar, tenía que guardar las apariencias delante de Stone, nadie debía saber lo que realmente guardaba en su interior. —Perdón Dereck… ¿Pasa algo? —Estefan pregunto. Trato de aparentar normalidad, aunque para su amigo eso no estaba muy claro. Seguía mirándolo de forma extraña. Aun así, no dijo nada. Él era conocido por mantenerse siempre frío e indiferente con cualquiera y en cualquier situación, casi como su fuera inhumano, pero esta vez era todo lo contrario, Stone podía jurar que notó en sus ojos una chispa de miedo, miedo verdadero y eso si lo descoloco totalmente. Desvió su mente de esa idea no debía ser nada y tal vez solo estaba malinterpretando toso, así que lo dejo pasar. Mejor se concentraría en lo que había ido a hacer. Levantó los documento que llevaba en la mano. No preguntaría nada, Está siempre había sido demasiado reservado con su vida e incluso siendo amigos no conocía nada de él. —Claro, toma asiento. —Estefan dijo con tranquilidad y señalo la silla frente a su escritorio, se acomodó mejor en su lugar y disipó sus recuerdos, hace mucho que lo había logrado, ahora no entendía por qué volvían a surgir, pero después se encargarían de eso. Como sea se dispuso a trabajar, era lo que realmente podía ocupar su mente y distraerlo. Dereck Stone formaba parte del comité directivo, era su abogado y ya tenían muchos años de conocerse hasta formar lo que hoy era su amistad, al contrario de él, Dereck era más alegre y risueño, aun así, nadie conocía su verdadero yo y no deseaba que nadie lo hiciera, aún fueran muy cercanos. —Todo está en orden, los desarrolladores tendrán el prototipo en una semana, tendremos tiempo de corregir cualquier error para el día de su lanzamiento. —Dereck le informo y él asintió mirando los documentos que le acaba de entregar con el reporte de la nueva App. Este era el proyecto de su vida, así que estaba poniendo suma atención a cada detalle. —Glenn se encargará de encontrar a la modelo para la campaña de marketing —exclamo el azabache, sin levantar la mirada, su asistente siempre era de una gran ayuda. —Confías demasiado en ese asistente tuyo. ¿No? —Dereck alzo una ceja sugerente, sabía a lo que se refería y Santoro negó rotundamente. —No es lo que imaginas, Glenn es un buen elemento, solo eso —Estefan dijo esta vez levantado la mirada para verlo serio, diciendo la verdad, su asistente era demasiado competente y jamás lo había decepcionado, pero esa tarde sabría qué había hablado demasiado rápido o por primera vez. —Perdón Señor. —Glenn irrumpió en la oficina, se notaba preocupado mientras miraba a ambos aludidos con cierta preocupación. Estefan había visto solo una vez esa mirada en Glenn y fue cuando no pudo conseguir su Kirguiz blanco para el evento de gala en Milán. Así que pudo prever la molesta situación. —¿Nos disculpas? —Santoro miro a Stone y este asintió dándole una palma dita en la espalda. Si lo había entendido, él seguía pensando que su amigo veía en su asistente más que solo un empleado, el chico conocía más a Estefan que el mismo, y tenía que admitir que a pesar de ser amigos él no lo había llegado a conocer a ese punto. —Nos vemos Glenn —Dereck se despidió y este asintió con una reverencia. Era momento de marcharse. —¿Qué ha pasado? —su jefe preguntó atento a su respuesta. Glenn boqueó tratando de creer en cómo se lo diría, había estado todo el camino con ese mismo pensamiento y hasta ese momento seguía con la misma incógnita, aunque supuso que lo mejor era ser directo sin tanto rodeó. —Lo siento tanto, señor… —Primero se disculpó. —No quiero oír excusas, solo dime que paso —Estefan exclamó reteniendo su molestia. Sabía lo mucho que le molestaba que se escuadra ante las disculpas. —La prepago… la chica no pude localizarla —dijo apenado—. Traté de hablar con el dueño del lugar, pero me negaron la entrada, dicen que el Señor Bruno no atiende a cualquier persona. —Glenn dijo y luego bajo la mirada. Estefan tenso la mandíbula, no se había esperado eso, hoy más que nunca necesitaba desahogar su estrés. La necesitaba con urgencia. —Ofrecieron mandarle otra prepago si es que usted… —Glenn fue cruelmente interrumpido. —¡Basta!… la quiero a ella. Supongo que tal vez se tomó el día libre. —Estefan trato de tomarlo con calma, no era el fin del mundo, pero cuando Glenn desvío la mirada, supo qué era otra mala señal para él. Se acercó lentamente hasta su asistente mirándolo desde arriba con seriedad. Era mucho más alto, así que el chico era diminuto ante él. —¿Qué no me estás diciendo, Glenn? —pregunto expectante—. ¿Tendré o no a esa chica? —Investigue un poco con algunos de sus compañeros, me dijeron que Hana hizo algo que no le gusto a su jefe y que esté la había castigado fuertemente. No estará disponible en varios días —Glenn menciono las últimas palabras de forma sensible. Solo Dios sabía que tanto estaba sufriendo la pobre chica en ese momento.
De pronto Estefan dejo de fruncir el ceño por el enojo de no tenerla y empezó a pensar en cómo debían de estar castigando a la chica. No dijo absolutamente nada, sin embargo, apretó sus puños con furia, no podía imaginar a la hermosa rubia llorando, no lo podía tolerar, pero entonces freno cuando se empezó a sentir extraño y se asustó.
Le asusto, lo que sintió al saber que Hana podría estar lastimada y sufriendo, Estefan Santoro no podía sentir apego por nadie y menos por una prepago que apenas conocía, pero no pudo reprimir lo que en su pecho empezaba a nacer y sin meditarlo mucho le puso nombre. Lástima, si ese era el sentimiento desconocido que sentía, Santoro no podía sentir nada más que solo lástima por ella. Porque de no ser así él estaría empezado a sentir y él no sentía.





