Una Noche Apasionada con mi Jefe

AMELIA

No miré atrás ni dejé de correr.

Si estaba detrás de mí... sabía que yo no era rival para él... De todos modos, no quería que me alcanzara.

Cuando me atreví a mirar atrás, me di cuenta de que no me estaba persiguiendo.

Disminuí la velocidad y comencé a caminar apresuradamente fuera del hotel. Me froté el pecho tratando de calmarme.

Está bien.

Todo bien.

Cometí un error al emborracharme e involucrarme en una aventura de una noche...

No es el fin del mundo.

La parte más reconfortante era que definitivamente no lo volvería a ver.

Cuando llegué a casa... me preparé rápidamente el desayuno y me dirigí a la empresa para la que trabajaba.

Llegando a la entrada del edificio, sonó mi celular.

Sonreí al ver que era mi madre.

Atendí lentamente.

"Hola, mamá".

"Oh, querida. Espero que no hayas olvidado que esta noche es el cumpleaños número 60 de tu tío Gabriel. Está organizando un banquete en el Hotel Camacho. Estarás allí, ¿verdad?"

"No, mamá. No quiero ir".

Si iba a ese banquete, de seguro me encontraría con mi padre y mi madrastra, y realmente no estaba de humor para aguantarlos esa noche.

"Vamos, Amelia. Tu tío Gabriel y su esposa han sido muy amables con nosotros. Lo menos que puedes hacer es honrar su invitación". Dijo mi madre para persuadirme.

Exhalé.

Cuando tenía diez años, mi padre engañó a mi madre y prácticamente la abandonó. Si no fuera por el tío Gabriel, mi vida habría sido un calvario.

"Bien, iré".

"Y trata de no pelear con tu padre". Me advirtió.

"Si él no me causa ningún problema... no lo haré". Luego de decir aquello, colgué.

Hace años, mi madre se arrodilló en el suelo y le suplicó a mi padre que no le pidiera el divorcio.

Ella le dijo que perdonaría su aventura... su infidelidad, pero él la hizo a un lado.

No solo se divorció de mi madre, sino que le quitó todo.

Después de eso, la vida fue muy dura para nosotras tres.

No me atrevo a perdonar a mi papá por lastimarnos de esa manera.

Entré a la empresa justo a tiempo y me senté en mi escritorio.

Mi colega, Isidora Rivera, se me acercó.

"Amelia, ¿te ves diferente hoy?"

"¿Diferente? ¿Cómo?" Dije frunciendo el ceño.

"Has estado de mal humor desde que Jaime rompió contigo, pero hoy... no te ves triste en absoluto".

Isidora y yo somos bastante cercanas.

Suspiré. "Tal vez se deba a que tuve una noche alocada. No lo creerás, gasté doscientos dólares en un pr*stituto para consolar mi corazón herido". Dije, riendo.

"No me digas". Ella rio.

Realmente pensaba que estaba bromeando.

Por lo general nos jugamos todo tipo de bromas, por eso no me sorprendió su reacción.

Algunas personas creen que tenemos una gran experiencia con hombres, pero la realidad es que somos tremendamente conservadoras.

Es por eso que aún estoy furiosa por lo de anoche.

Esa no soy yo.

"El nuevo jefe se incorpora hoy". Anunció Isidora.

Me encogí de hombros.

"Escuché que es el heredero del Grupo Soriano. Su padre es un alto funcionario del gobierno y su madre es la presidenta de la oficina central de la empresa. En este momento. la mayoría de las damas que trabajan aquí se mueren por conocerlo. Estoy segura de que es guapísimo."

Rodé los ojos.

Solo espero que no sea uno de esos herederos groseros y pomposos.

No podría soportar trabajar para un imbécil.

Mi superior, Vadim Marcos se acercó.

"¡Tenemos una reunión en la sala de conferencias ahora!" Anunció y comenzó a alejarse.

Rápidamente tomé mi cuaderno y mi bolígrafo y lo seguí.

Entré en la sala de conferencias para encontrar a todos ya sentados, así que me senté en una esquina, en silencio.

Mi mente se fue a las primeras horas de aquella mañana... era tan guapo.

Se me vino a la cabeza la expresión de enojo en su rostro cuando dejé los 200 dólares sobre la cama.

Me puse la mano sobre la boca y sonreí.

Tal vez había ido demasiado lejos...

Es que, en ese momento, no pude soportar la mirada de disgusto que me lanzó y más aún, el hecho de que iba a despacharme como si fuera una pr*stituta.

Hubiera sido tan degradante.

Una ronda de aplausos me sobresaltó e hizo que saliera del ensimismamiento.

Un hombre con traje azul marino entró a la sala de conferencias.

Cuando reconocí su rostro, me quedé boquiabierta.

¿Por qué... por qué está él aquí?

Algo anda mal con mis ojos... definitivamente algo anda mal con ellos.

Me froté los ojos con los pulgares. los cerré y volví a abrir, pero seguía siendo él.

¡El hombre con el que tuve una aventura de una noche!

¡El hombre al que le pagué 200 dólares!

¡Ay dios mío!

¿Hacia dónde correré esta vez?

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