Una Esposa y un bebe para el ceo

Las lágrimas comenzaron a caer en cuanto cerré la puerta detrás de mí. No podía creer que mi mejor amiga y el amor de mi vida estuvieran a punto de casarse. ¿Y yo? Yo solo era una espectadora en esta historia, una espectadora que escondía su propio dolor.

Mis manos temblaban mientras intentaba secar mis lágrimas. Fue entonces cuando salí del baño y choqué con un desconocido. Me agarró antes de que cayera al suelo y me sostuvo en sus brazos.

- ¿Estás bien? - preguntó con preocupación en su voz.

No pude contenerme más, las lágrimas volvieron a brotar y le conté todo, todo sobre Sam y Rang, sobre cómo había estado enamorada de él desde que éramos niños y cómo ahora estaba a punto de perderlo para siempre.

El desconocido me escuchó en silencio, sus brazos aún envueltos alrededor de mí.

Nos quedamos allí, en medio del pasillo, mientras yo sollozaba en sus brazos. Después de unos minutos, me di cuenta de la realidad. No sabía quién era este hombre.

- ¡Oh Dios mío! Lo siento, voy a arruinar su traje y su noche - dije mientras me separaba de él y lo miraba directo a la cara.

Mis ojos se detuvieron en su rostro y quedé hipnotizada por su increíble belleza. Su mandíbula marcada resaltaba sus facciones perfectas, mientras que sus intensos ojos azules me miraban con curiosidad.

Sus labios estaban ligeramente entreabiertos, como si estuviera a punto de decir algo, y una suave sonrisa jugueteaba en sus labios. Su cabello oscuro caía desordenado sobre su frente, dándole un aire desenfadado y atractivo.

Un escalofrío recorrió mi espalda al darme cuenta de la elegancia y la masculinidad que desprendía este hombre con solo una mirada. Su presencia era magnética y no podía apartar la vista de él.

Me di cuenta de que estaba sonriendo tontamente mientras lo miraba, pero no me importaba. En ese momento, solo existía él y su irresistible belleza que me tenía completamente cautivada. Era como si hubiera encontrado la personificación de la perfección en este hombre desconocido.

- ¿Te gusta lo que ves? - preguntó con aquella voz, que era mejor que su mismo físico.

- Disculpa lo siento, debo irme. Mis padres me están esperando.

Caminé en dirección al salón. Ya me había ausentado lo suficiente. Pero ¿quién era ese hombre? ¿Qué hacía aquí? Esto era una fiesta privada.

Llegué a la mesa. Mis padres me esperaban y era la hora de bailar.

- Hija, quiero que bailemos - dijo mi padre, invitándome a la pista. No lo rechacé. La música sonó y todos los invitados se acercaron. Mi padre me tomó de la mano y la música comenzó a sonar. Sonreí, pero esta vez era una sonrisa de verdad. Bailar con mi papá siempre fue uno de mis mayores placeres. Mataba el tiempo bailando en el jardín.

—Quiero que me perdones si fui rudo contigo —dijo mi padre mientras me hacía girar como una princesa.

—Perdóneme tú a mí por reaccionar de esa manera. Espero comprendas que no es fácil, pero aceptaré —dije sin más, sin pensarlo. Estaba herida por lo de Sam y Rang. Él siempre fue un amor imposible y ahora mucho más. Sacrificarme era mi mejor opción.

—¿Estás segura, hija? -preguntó mi padre, pero no respondí porque un hombre se acercó a nosotros. No le presté atención mientras miraba a los invitados que me saludaban.

—Señor Rafael, ¿podría permitirme bailar con su hija?

Tuve que voltearme y mirar al hombre para poder empezar a bailar. Grande fue mi sorpresa cuando descubrí que era el mismo con el que había chocado en los baños.

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