Una boda imprevista

Cuando las puertas se cerraron, miré al gran moreno que está de pie frente a mí y no me quita sus verdes ojos gatunos de encima. Con esos rasgos árabes, debería ser un pecado. Hacía años que no lo veía de cerca; bueno, solo una vez lo hice y ha crecido desde entonces. Debo decir que lo ha hecho muy bien, porque las fotos de las redes no le hacen justicia; es mucho más apuesto. Su barba bien cortada realza esa hermosa boca que no deja de ponerse en línea recta, aguantando el enojo o la curiosidad, no estoy segura. Pero me da igual cuando miro su cuerpo y lo bien que le ajusta el traje que trae puesto. Trago en seco. Quizás he comenzado a entender la obsesión de mi hermana por él y si dice que sí al plan que le propondré, amiga, será la mejor venganza de mi vida.

Dejo de comérmelo con los ojos y aclaro mi garganta para, con algo de trabajo, ponerme de pie. Aún me cuesta hacer movimientos rápidos; tendrían que fijarse bien para darse cuenta y, por suerte, mi operación está en la espalda cubierta por ropa por ahora. Si logro lo que quiero, ya veré cómo diablos hacer para evitar que la vea. Logro llegar al sofá y le pido con la mano que se siente frente a mí. Por un momento, consigo que esos penetrantes ojos se despeguen de mí. Puedo respirar más tranquila, ya que me ponen algo nerviosa; son demasiado inquisitivos.

—Bien, ¿qué es lo que quieres?

Directo y engreído. Tan solo la manera en que alza la ceja lo pone en esa posición, pero ha fallado. Sí que es directo, pero también usa una careta; oculta su verdadero ser y eso me da curiosidad. Es que he descubierto que juzgué mal al heredero; es como yo, alguien que se esconde. Lástima que no tendremos tiempo para conocernos y, de seguro, él tampoco querrá saber de alguien como yo. Y yo valgo demasiado como para dejarme pisotear; solo yo puedo hacerlo. Así que volvamos a lo importante.

—Quiero proponerte un trato que beneficiará a tu familia y, por supuesto, a mí también.

Se echa hacia delante y cruza los dedos al frente, tratando de intimidarme con esos ojos gatunos.

—Habla, te escucho.

—Cuando dije que tu deseo se haría realidad, no mentí; te casarás con mi hermana.

—¿Qué quieres decir?

Su tono se volvió frío e impersonal. Creo que es su forma de estar enojado y lo entiendo. Lo que dijo fue una broma. ¿Quién quiere casarse con la inválida e inútil de Aria Manrique?

—No te alteres, en realidad lo harás conmigo, pero para que esas tierras pasen a tu poder, necesito firmar con el nombre de mi hermana.

—Eso es un delito.

—No si ella es la que firma.

—¿Y cómo harás para que firme?

—Lo hará, créeme. Mi hermana es alguien que adora el dinero.

—No estoy entendiendo.

—No entiendes por qué no te he explicado nada; solo planteé el problema. Ahora voy a decirte lo que deseo. Tu familia obtendrá las tierras a cambio del valor de estas. Para hacer el traspaso más rápido, tendremos que firmar el matrimonio. Ambas cosas serán firmadas por Aria, que aceptará el dinero sin problemas; lo garantizo.

—¿Y el registro? ¿Quién lo firmará?

—Yo.

—¿Con el nombre de tu hermana?

Mordí mis labios. Algo se me tenía que ocurrir.

—No hay problema con eso, nadie se dará cuenta y nos divorciamos a los seis meses.

—Yo lo sabré.

Puse mis ojos en blanco mientras él se levantaba y caminaba de un lado a otro.

—Como si no hubieses hecho cosas malas antes.

—Esto es engaño, es suplantar a alguien, no son boberías.

—¿Y quién se va a enterar? Aria va a desaparecer una vez que tenga el dinero y tú tendrás sus tierras. Listo, todos ganan lo que querían.

Se detuvo y me miró serio. Volvió a sentarse.

—¿Y tú? ¿Qué ganas con todo esto?

—Muchas cosas, y como dije, hasta tú ganarás con todo esto. Verás, odio a mi hermana y ella me odia a mí; por eso, en cuanto tenga el dinero, se irá para siempre.

—Pensé que eran una familia feliz.

—Eso solo es para los ingenuos que apoyan a mi padre. En la vida real, mi familia es completamente disfuncional. Acabada tu curiosidad, ¿puedo continuar?

Levanta una ceja. No creo que le guste que lo reten, pero es Eira, me da igual.

—Adelante.

—Bueno, además de eso, tú saldrías ganando porque este enlace durará tan solo seis meses, no un año, y no estaremos juntos. Nada más tendrás que sacrificar una noche a mi lado, Joshua, y esa es mi otra ganancia.

—¿Me estás diciendo que quieres que tengamos relaciones?

—No, quiero que cumplas con la noche de bodas y nada más.

Pongo cara de santa y trato de aguantar la risa al ver su cara.

—¡Ja! Eres toda una descarada, ¿no?

—Puede ser… entonces, ¿aceptas o no?

—¿Cómo sabremos si dices la verdad? ¿Cómo sé que tu hermana desaparecerá y luego realmente me dará el divorcio?

—Dame tu teléfono. —Lo hace, advirtiendo que me está vigilando, que no haga estupideces. Resoplé y marqué el número de Eira. En el estado en que debe estar, responderá lo que deseo. Mi hermana es una chica de vicios y cuando está en ese estado, tiende a decir lo que necesito. Siento que descuelgan el teléfono—. Hola, hermanita.

Lo pongo en altavoz para convencerlo.

—¿Qué quieres, estúpida?

—¡Uy! Tan amorosa como siempre. Solo llamé para decirte que la transacción será hecha si aceptas firmar.

—¡Ja! Ya te lo dije, dame el dinero y firmo donde tú quieras.

—Luego de seis meses, lo dejarás libre como prometiste, ¿verdad?

—Te di mi palabra, inútil. Recuerda que la mía sí vale.

Siempre me está restregando que es la preferida.

—Bien, que tengas dulces sueños.

En realidad, estábamos hablando de la venta de un caballo que mi padre le regaló y ella no hace más que maltratarlo. Desde que conocí a Mustafá, me enamoré de él y he vivido rogándole por muchos años para que me entregue al pobre animal. La maldita ha puesto una suma elevada por esto, ya que sabe que no tengo ni dónde caerme muerta. Sin embargo, si este trato se cierra, podré comprar el caballo y construir mi empresa. El traspaso se demora seis meses porque primero debe participar en una demostración de equitación. Solo rezo para que no le haga nada. Igual, le diré a mi abogado que le ponga una cláusula de advertencia por si acaso. Sonrío feliz luego de colgar y le entregué el móvil a Joshua, a quien le alcé una ceja preguntándole si tenía alguna duda aún.

—Muy bien, ya veo que has dicho toda la verdad.

A medias… en realidad todo es cierto, ¿o no? Sí, lo es.

—Entonces, Joshua… —Crucé una pierna sobre otra, eso me cuesta un poco, pero de forma disimulada me ayudé con las manos—. ¿Cerramos el trato?

—Déjame ver si entendí. A cambio de las tierras, tendremos que darte lo que valen estas y, además, un matrimonio de seis meses, a cumplir con la noche de bodas.

—Muy bien, exactamente eso. Y además, no viviremos juntos después de esa noche; cada uno irá por su lado como si nunca hubiese pasado. Al final, para la ley estarás casado con Aria.

—¿Por qué quieres dormir conmigo?

“Por venganza”. Le sonrío.

—Quiero saber qué se siente estar en los brazos de Joshua, el bendito.

Bufa de forma vacía, como si sintiera hasta cierto asco de mí. Tranquilo, únete a la lista, cariño.

—Bien, hablaré con mi padre para preparar los papeles.

Mis ojos se iluminan. Por Dios, estoy a pasos de ser libre, de dejar atrás este infierno. Cierro los ojos para encontrar calma; no puedo mostrarle cuán feliz me siento. Vuelvo a mi papel y, mientras me recuesto al espaldar, observo mis uñas sin interés.

—Perfecto, cuando tengas todo, sabes dónde encontrarme.

No lo miré. Sentí cuando se puso de pie y sus pasos al retirarse hasta que cerraron la puerta.

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