Seguí en el trabajo, hasta que se hicieron las cuatro de la tarde y me fui bien arreglado para la dirección donde la chica me había dicho, no quedaba muy lejos por suerte, o al menos, no en carro, caminando si me iba a tomar como treinta minutos llegar, pero valía la pena, tenía una bicicleta, pero como no recordaba que por allí haya aparcamiento de bicicletas, preferí dejarla en la tienda y luego volver por ella de regreso.
Mientras caminaba entre el mar de personas que iban y venían por la acera, pensaba de nuevo en que propuesta me tendría o si solo me estaba molestando; ya me había pasado antes con una persona que me había dicho que fuera a una entrevista, pero al final no me ayudo en nada, lo que me hizo fue perder tiempo, rogaba que no fuera así esta vez, tenía mucha esperanza en que de verdad me ayudaría y, además, la chica fue bastante seria con lo que me dijo.
Al llegar, comenzaba a buscar el edificio, hubiera sido más sencillo si me hubiese dicho el nombre o se lo hubiera preguntado, pero no fue así, pregunté en el primer edificio, pero me dijeron que no conocían a ninguna señorita Morrison y menos a ninguna Sophie, lo mismo paso en los dos siguientes que, hasta llegue a pensar en que tal vez la chica solo quería jugarme una broma y me desmotive al punto de pensar en irme, pero aún quedaban dos edificios más en esa calle en donde preguntar.
Al acercarme al más grande de todos, uno que se llamaba, GreySpark Partners, pregunté al de seguridad que estaba en la puerta por la chica y me dijo que justo acababa de salir de urgencia, que podía esperarla o venir luego, suspiré y asentí alejándome de allí.
Pensé en irme y volver luego, pero era media hora de camino de vuelta que no valía la pena caminarlo si luego iba a volver, preferí esperar sentado en un cafetín que estaba a media calle y aprovechar para comer algo, ya que no lo había hecho.
Treinta minutos después regrese, si me decía que no estaba aún me iba a ir, porque si no llegaba más o duraba dos o tres horas para hacerlo, no me iba a quedar esperándola, por más que quisiera saber la propuesta que me iba a dar, no tenía tiempo para perderlo solo sentado o caminando por los alrededores.
— Buenas tardes, ¿la señorita Morrison ya llegó? — le pregunté al de seguridad nuevamente al acercarme.
— Si señor, hace como veinte minutos llegó, suba por el ascensor hasta el quinto piso y allí pregunta cuál es su oficina — me dijo muy amablemente, le agradecí y subí al piso que me había indicado.
Mientras iba en el ascensor estaba un poco nervioso, ya le había dado una buena impresión en la tienda porque si no, no me hubiera dicho que viniera; por una parte, tenía eso seguro, pero también me puse a pensar que tal vez, había otras personas allí con más experiencia para postularse a algún cargo que estuviera vacante.
Al abrirse el ascensor, tome aire lentamente y salí mostrando mucha confianza, el espacio era grande como me lo supuse, por el pasillo donde iba caminando habían diferentes puertas, la mayoría cerradas y las que estaban abiertas parecían vacías por lo que logré ver, también había personas muy bien vestidas, de traje los hombres y las mujeres algunas con vestido y otras con faldas y blusas a juego, muy de personas con cargos importantes, varios se me quedaron observando por momentos pero la mayoría me ignoraba completamente.
Me acerqué a donde había dos hombres charlando cerca de un filtro de agua, ambos al verme acercar se callaron inmediatamente y me observaron, no fue una mirada amistosa, aunque tampoco fue como de querer intimidarme, fue más una mirada neutral.
— Buenas tardes, ¿Dónde queda la oficina de la Señorita Morrison? — les pregunté a ambos y el más cercano a mí fue el que hablo.
— ¿Quién la busca? — me preguntó un poco serio.
Se me ocurrió responder de forma sarcástica diciéndole que yo, porque era el que estaba preguntando, pero mejor no lo hice, no conocía esos sujetos y no iba a estropear nada.
— Me llamo Daniel Rodríguez, ella me dijo que la viera en su oficina hoy — le respondí al sujeto que pareció evaluarme con la mirada antes de responderme.
— Sigue el pasillo, al final cruza a la derecha, veras una única puerta dice gerencia, tocas allí y esperas — me índico antes de voltearse de nuevo a reanudar su charla con el otro sujeto.
Les agradecí amablemente y seguí las indicaciones que me había dicho, al llegar al final y mirar a la izquierda, más por curiosidad que otra cosa, había una puerta también, en ella tenía grabado subgerencia y parecía no haber nadie, luego miré al lado derecho y me acerqué a la puerta donde toqué levemente y me retiré unos cuantos pasos a esperar, un minuto después salió una mujer como de unos cuarenta años, era rubia y me sonrió levemente.
— Supongo que eres Daniel, pasa — me dijo abriendo la puerta lo suficiente para que pasara.
— Si, un placer — le dije una que vez que entré, la oficina era pequeña, había un escritorio con una silla donde la chica se sentó, también atrás de mi estaban tres sillas más, supongo que es para que los que vienen a ver a Sophie se sienten a esperar, iba a hacer lo mismo, pero decidí no hacerlo por pena así que solo observe el lugar, habían unos cuantos cuadros de pinturas, también plantas de plástico plantadas en masetas, una lampara en medio del techo que iluminaba todo el lugar y una puerta de vidrio más adelante, un lugar muy común para una recepción.
— Ya puedes pasar Daniel — me dijo luego de un minuto y asentí dándole las gracias.
Al entrar observé la oficina, era amplia, tenía un sillón al lado izquierdo del todo junto a unas macetas con algunas plantas de plástico, había también varias pinturas en las paredes, el lugar estaba iluminado por dos lámparas colocadas en el techo, también había un archivador de cuatro gavetas, un escritorio de vidrio con dos sillas a un lado y una al otro donde estaba sentada Sophie observándome.
— Buenas tardes Daniel, un placer verte de nuevo, ven siéntate — me dijo ella sonriendo y asentí —. Me dijeron abajo que habías venido más temprano, tuve que salir de emergencia, perdón por hacerte esperar.
— No se preocupe señorita, no esperé mucho tampoco — le dije amablemente con una sonrisa.
— Que bueno, supongo que quieres saber cuál es la propuesta que te mencioné — me dijo mirándome
— Si la verdad, acá traje mi hoja de vida — le dije colocándola sobre el escritorio —, no tengo experiencia como le comenté en la tienda, pero aprendo rápido y no la decepcionaré.
— Me gustan los chicos así, con iniciativa y que sean seguros de sí mismos, es lo que necesito — me respondió sonriendo —, pero antes de verlo, quiero saber una cosa.
— Si dígame — le dije emocionado.
— ¿Te interesaría casarte conmigo? — me preguntó tranquilamente lo que me sorprendió mucho, pensé que había escuchado mal por lo que le volví a preguntar y ella respondió lo mismo.
— Disculpe señorita, no me malinterprete, pero no la conozco y casarse no es una decisión que se tome a la ligera — le respondí amablemente.
— Entonces dices que, a pesar de ser una chica bonita, con dinero y todo eso, ¿no te casarías conmigo? — me preguntó un tanto ofendida.
— No fue lo que yo dije señorita, dije que el matrimonio no es algo que se tome a la ligera y si me casaría con alguien no es por cuanto dinero tenga, sino porque la conozco y formé una bonita relación con ella — le expliqué amablemente para no hacerla molestar a lo que ella sonrió asintiendo.
— Sabia que no me había equivocado — dijo y se levantó de la silla comenzando a caminar por la oficina —. Verás Daniel, mi propuesta es la siguiente, yo te puedo dar trabajo acá o conseguirte trabajo en alguna otra compañía, si aceptas ser mi esposo por un año.
— Pero, ósea, si no fuera por eso, ¿no me hubiera citado acá? — le pregunté.
— Daniel, no te lo tomes a mal, lo que te dije en la tienda en cierto, pareces ser un buen chico, bastante activo, inteligente, responsable y seguro aprendes muy rápido, pero — dijo volviéndose a sentar en su silla mirándome —, tu experiencia no te ayuda para conseguir trabajos en compañías grandes.
— Eso lo entiendo, muchos me lo han dicho, pero de verdad pensé que usted me daría la oportunidad — le dije encogiéndome de hombros.
— Te la voy a dar, pero solo necesito ese pequeño favor de tu parte — me dijo mirándome casi suplicándome.
— Y ¿Por qué quiere casarse? — le pregunté intrigado —. Usted parece una chica muy inteligente además tiene este gran empleo, ¿para qué necesita un esposo?
— Verás, esta empresa no es mía, si soy la gerente general pero la compañía es de otras personas — comenzó explicándome —. Ahora bien, mi padre quedó en darme su empresa completamente, pero su única condición es que yo me case.
— Podrías inventar un matrimonio con cualquier otro hombre y listo — le dije.
— Así no funciona Daniel, mi padre quiere pagar la boda y verme casándome, por eso tengo un mes buscando con quien, pero ninguno de los que le he preguntado ha sido digno.
— ¿Digno en qué sentido? — le pregunté confundido.
— Unos no más le preguntaba si se querían casar conmigo decían que sí, otros lo decían cuando les mencionaba que tenía mucho dinero — me dijo haciendo una pausa —, y otros hacían la misma pregunta que tú me hiciste, de por qué quiero casarme y les respondía lo mismo que te dije a ti y cambiaban de parecer, ahora si se querían casar conmigo, pero por lo visto tu sigues dudoso de hacerlo — me dijo al final.
— Quisiera ayudarla de verdad, pero es una decisión que no puedo tomar a la ligera, no le puedo decir que si sin pensar bien, necesito el trabajo y como le dije, no me importa el dinero, solo quiero la oportunidad de demostrarle a cualquier que puedo ser mejor que muchos que tienen mucha experiencia.
— Por eso sé que eres el indicado — me dijo sonriendo —, pero está bien, piensa en lo que te dije hoy y mañana vienes a esta hora igual y me dices que decides.
Asentí y salí despidiéndome de ella y de la secretaria que no le pregunté el nombre porque tenía la mente tan confundida en ese momento que luego no lo iba a recordar, me había mentalizado para responder cualquier pregunta que ella me dijera sobre el empleo, pero que me dijera que me casara con ella fue una noticia completamente fuera de lugar
Salí del edificio rápidamente en dirección a la tienda, aún faltaba para que el señor Johnson cerrara y, además, debía buscar mi bicicleta, seguro cuando llegara me iba preguntar cómo me fue y que me había dicho la señorita y se quedará sin palabras cuando le diga.





