Un sueño de Amor

Salí de la casa de los Michel sintiéndome como si estuviera a punto de estallar. La discusión con Adrián había sido intensa, y no podía soportar estar allí un minuto más. Ignoré las miradas de preocupación del personal de servicio mientras me alejaba, y levanté la mano para detener un taxi.

El viaje de regreso a casa fue un torbellino de emociones. Estaba furiosa con Adrián por no entender mi punto de vista, pero también me sentía culpable por dejar a mi hermana sola en esa casa en casa solo para venir a ser el blanco fácil de un narcisista. Me mordí el labio inferior, luchando contra las lágrimas que amenazaban con escapar, me sentía humillada.

Cuando finalmente llegué a casa, mi corazón dio un vuelco al ver varias ambulancias estacionadas frente a la entrada. Corrí hacia la puerta, mi mente girando con el peor de los escenarios. Una de las paramédicas se me acercó, su expresión sombría.

—¿Qué está pasando? ¿Dónde está mi hermana?—pregunté, apenas capaz de formar las palabras.

La paramédica puso una mano reconfortante en mi hombro.

—Tu hermana estaba jugando en el jardín y salió corriendo detrás de una pelota. Fue golpeada por un automóvil.

Mi corazón se detuvo por un momento antes de empezar a latir con fuerza.

—¿Dónde está ahora? ¿Está bien?

La paramédica me miró con tristeza.

—La están llevando al hospital. Creemos que está gravemente herida.

Mis piernas temblaron y me aferré al marco de la puerta para mantenerme en pie.

—Necesito ir con ella. Por favor, dime qué hospital.

La paramédica me dio la dirección del hospital y me ayudó a subir al taxi que había estado esperando. Mientras el taxi se alejaba, sentí un nudo en el estómago. No podía perder a mi hermana. No podía permitirlo.

Pague al hombre y salí del auto corriendo hacia la recepción donde me atendió una enfermera.

—Señora una pequeña de unos doce años fue traída a este hospital hace unos minutos, su nombre es Soledad—hable desesperadamente.

—La joven esta en cirugía por favor dirijase a la sala de espera, cuando tenga información un medico ira hablar con usted.

Hice lo que me pidió, pero para cuando habian pasados dos horas, empece a desesperarmeno tenia respuesta de nada, los minutos parecían dias.

Estaba a punto de un colapso cuando el medico salio.

—Familiares de Soledad trevol—pregunto un hombre mayor.

—Yo—dije levantándome del asiento rapidamente—Soy su hermana.

—¿Usted es su representante legal?—pregunto mirándome con recelo.

—Si, estoy en proceso por obtener su custodia.

—Lo siento señorita, solo puedo dar información a sus padres o.representante legal.

El mundo se cayo a mis pies, todo por cuanto había luchado se estaba derrumbando.

—Se lo ruego, digame como esta mi hermana, no tenemos a nadie mas, solo quiero saber de su estado, por favor—supliqué.

La mirada del medico se ablando un poco, dándome algo de información.

—Su hermana esta gravemente herida, tiene múltiples fracturas, un derrame interno y además de eso a perdido parte de su masa encefálica —suspiro—Señorita si de verdad desea salvar a su hermana, busque un nuevo hospital con otros especialistas, pero sobre todo busque ayuda legal, ya han llamado a servicios sociales falta poco para que lleguen.

Sin mas abandono la sala dejandome desesperada, nerviosa y con un profundo dolor en el pecho, nadie podía ayudarme, no tenia a nadie.

¿O tal vez si?

Un nombre cruzo mi cabeza, aunque no quisiera debia llamarlo, el era mi única esperanza.

Saque mi teléfono del bolsillo y marque su numero, me contesto al segundo tono.

—Diga—su voz sonaba un poco extraña ¿estaba llorando? ¡No! El no lloraba, no tenia sentimientos.

—Soy yo —dije mientras intentaba controlar el llanto.

—Se que eres tu.

Pero no dijo nada mas, asi que yo no pude aguantar un segundo y comencé a llorar sin parar.

—Necesitó tu ayuda, nunca te he pedido nada, fui fiel a tu padre, si el estuviera vivo se que me ayudaría.

—¿Que ocurre? ¿Porque lloras?—pregunto con un tono extraño ¿acaso era preocupación.

—Mi hermana tuvo un accidente y esta grave, no tengo el dinero suficiente para salvarla, los servicios sociales van a quitármela, ayudarme, te daré lo que me pidas, mw casare conrigo—solte sin mas, esa era la única carta que tenia y la estaba usando.

—Es un trato, dime donde estas.

Le dicte la dirección y volví a la sala de esperas, esperando que ocurrieran un milagro, esperando que el señor Michel bajara del cielo y me ayudará.

Habian pasado unos minutos cuando Adrián entro al hospital acompañado de sus abogados, la luz de la entrada reflejaba alas en su espalda, me quede mirándolo embobada, al parecer no había venido el señor Manuel, pero me había enviado a mi señor Michell.

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