Todas las llamadas de Gisela, Diego las desviaba, sentía un odio repulsivo, atravesado en su pecho, la rabia y el coraje que provocó su esposa, le vieron obligado alejarla de su hija, no le permito que si quiera, se acerque al hospital, estaba lleno de irritación.
La mujer se había comportado de una manera cruel, hacia su propia hija.
Lleno de angustia caminaba de un lado a otro, traqueteaba sus dedos, por ratos llevaba sus manos al rostro y presionaba su piel con cólera, se maldecía así mismo, por haber permitido que Gisela, mantuviera encerrada a Erika, sin haberle hecho un chequeo médico.
Angustioso espera la respuesta del doctor, y cuando la puerta se abrió, se quedó perplejo.
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Después de varios días, Gisela lloraba tras el patio de su casa, frente a una lápida, en la que se encontraba tallado el nombre de.....
"DESCANZA EN PAZ, ERIKA INTRIAGO"
Las lágrimas sedantes y sus gritos de agonía, le hacían maldecirse así misma, por su arrogancia, había perdido a su única hija, y eso, desgarró su Alma por completo.
Tras de haber perdido a Erika, su esposo le abandonó, le pidió el divorcio y se marchó al extranjero.
Se quedó sola, en medio de esa enorme mansión, pasaba sus noches en vela, esperando que Erika regrese, pero su amada hija, nunca más volvió, aunque pidió perdón varias veces, su alma no estaba conforme.
Se encontraba lamentándose por todo lo que había echo, cuando la puerta sonó, ignoró los primeros toques, sin embargo, la insistencia la orilló a levantarse, sin fuerzas en sus piernas, camino has la puerta.
Cuando abrió la antes nombrada, se encontró con Piedad, sintio alegría, pero no la demostro, en cuanto a Piedad, sintió pesar por su media hermana, la mujer parada frente de ella, parecía una completa desconocida, ya no era la Gisela que ella conoció, ignorando la forma en que se encontraba su media hermana, ingresó a la mansión, sin ser invitada.
__ ¿Que haces aquí? preguntó con voz quebrada he aguda Gisela.
__ ¡quiero ver a Erika! respondió Piedad mientras pasaba por su costado.
Ya no le temía, sus miedos se habían ido, los meses en el convento, le había ayudado a perder, el terror que sentía por Gisela.
Esta última, se quedó parada como una estatua, mirando hacia el lejano portón y sonriendo como una loca, cerró de golpe la puerta y regresando la mirada a piedad, comunicó.
__ En el patio trasero está.
Esta última se encamino hasta el patio, le pareció extraño que su ex jefa, no se opusiera a que viera a Erika, al llegar al jardín, recorrió la mirada, por todos lados, al no encontrar a su niña, soltó un suspiro y regreso haber con frialdad a Gisela.
__ ¿Donde está? quiero verla, deja de jugar. Bramo.
La manera en que Gisela la miró le dejó pensante. Detenidamente la observo de arriba y abajo.
Le extrañaba ver a, una Gisela despeinada, mal vestida, con unos harapos sucios, y por el hedor que manaba, no se había bañado algunos días, incluso sus ojos estaban irritados, era como si hubiera llorado mucho tiempo.
Gisela, alzo la mano y apunto el lugar donde se encontraba la tumba de Erika, sus ojos se cristalizaron, aunque ya no le quedaban fuerzas para llorar, las lágrimas seguían brotando de sus ojos, cada vez que veía esa lapida.
__ ¡Ahí está!.
Con el ceño fruncido, Piedad miró en la dirección señalada, era el mismo lugar donde inventó una lápida para el bebé de Erika.
Abrió sus ojos con asombro, cuando se fijó que había otra lápida.
__¿Que significa esto?
__Solo ve.... Aconsejo la mujer.
Un frío recorrió el cuerpo de piedad, y la curiosidad la llevó hacia ese lugar,
Con el paso acelerado y temerosa se encaminó hasta las dos lápidas, cuando leyó el nombre de Erika, sintio la sangre caer a sus pies, acto seguido, sonrió con desagrado.
__Inventaste una tumba para que yo me la crea que Erika murió ¿verdad? , al igual que inventaste, la tumba para el bebe.
__ ¡No! Grito, Gisela. __Te estoy diciendo la verdad, mi hija se murió, se murió desangrada. el grito retumbó sobre los árboles del jardín..
Con su corazón acelerado, Piedad resistió las lágrimas, no quería creer en esa mujer, aquella era cruel y malvada, siempre hizo de todo, para hacerla sufrir.
__¡Mientes! ella no puede estar muerta, se dio la vuelta y empezó a gritar __ Erika, Erika, mi niña, aquí estoy, he vuelto por ti, cariño, ¿donde estás? le llamaba con ternura, mientras subía hasta la habitación.
Solo el eco de la voz, se escuchaba, al no obtener respuesta, Piedad ingreso a la habitación, al abrir la puerta, sintió un escalofrío. Gisela no había ordenado la habitación, todo seguía como la última vez que piedad, estuvo ahí.
Al perder a su hija, Gisela quiso guardar los últimos recuerdos de su hija, cuando una empleada intentaba limpiar, ella la sacaba a gritos, por tal razón, toda la servidumbre renunció.
El olor que salía de la habitación era desagradable, tragó grueso y se encamino hasta la ventana de la antes nombrada, miró hacia el patio con el nudo formado en la garganta.
Al ver a Gisela lloraron sobre la lápida, comprendió que no mentía, chiquito y arrugado se hizo el corazón, las lágrimas empezaron a rodar una tras otra, se dejó caer mientras rodaba la mano sobre el frío vidrio de la ventana.
__ ¡No es cierto! Tiene que ser una broma" se replicaba así mismo, mientras agarraba la almohada y la llevaba a su pecho. __Erika, mi niña, mi niña hermosa, no estás muerta, dime que no es cierro, por favor, aparece y dime que todo es mentira de esa bruja.
Sollozo, tratando de asimilar la noticia, que hizo trizas su corazón.
Minutos después, Gisela subió, contemplo con tristeza a ex empleada, sabia que, después de ella y su esposo, Piedad era la tercero persona que más amaba a Erika.
__ "Se nos fue" Verbalizó. ¡Yo no lo quería así! ¡yo solo quería evitar la vergüenza de que fuera señalada!
Se lanzó sobre la sangre seca que había quedado de Erika, en aquella discusión que tuvieron.
Piedad le regreso a ver con despreció, sus ojos se llenaron de reproches y las señaló como culpable.
__ ¡tú fuiste culpable! nunca le llevaste a un control, le hiciste parir con una partera aprendiz" ¡No te victimises delante de mi!.
__ ¡No! yo no la maté, se repetía así misma, mientras movía la cabeza de ambos lados __ ¡No! ¡yo no la mateeeee! Gritó al tiempo que, se tapaba los oídos y metía su cabeza en medio de sus rodillas.
Piedad llamó a un centro de manicomios, el estado en que estaba Gisela, le preocupo, a pesar de lo mala que fue con ellá en el pasado, ella no podía ser de la misma manera.
Después de que los médicos, se llevaran a Gisela, se quedó llorando amargamente en esa cuatro paredes, se lamentó en los, ¡Si me hubiera!
___Si me hubiera enfrentado a tu madre estarías viva"
__Si no hubiera llevado a tu hijo al orfanato estuvieras viva"
__Si no te hubiera mentido estuvieras viva"
Agarrando con fuerzas tierra en sus puños Piedad lloro gritó con tanta fuerza frente a la tumba de su niña.
Después de largo rato salió de la mansión, cerro las puertas de la inmensa casa, desdes la lejanía se detuvo y se giró a ver la enorme casa, contemplo sus muros gigantes y recordó lo feliz que fue cuando vivió en ese lugar .
Llego al convento y se encerró en su habitación de rodillas antes el Cristo crucificado pidió perdón por lo que había ocasionado.
Mientras Gisela en el manicomio tenía la mente pérdida las lágrimas por si sola salían de sus ojos café.
Diego no quizo saber más de ella le dejo la mansión y una pensión mensual, decidió partir al extranjero para comenzar una nueva vida.
Cinco largos años pasaron; arrodillada frente al Cristo Piedad rezaba como lo había estado haciendo durante todos esos años.
En el manicomio estaba Gisela ya recuperada de su locura, salió con su maleta, cerró sus ojos y sintió El Fuerte viento chocar con su rostro.
Subio a su taxi y se encamino hacia la mansión, al entrar sintió un frío recorrer por su cuerpo, pasó sus dedos por los muebles todos estaban polvorientos.
Entrecerro los ojos y escucho la voz de su hija cuando era una niña, la imaginó corriendo por toda la sala.
Suspiró y empezó a limpiar cada uno de los muebles de la grande mansión.





