Víctor corría buscando a su madre, abriendo la puerta del salón en donde realizaba sus costuras.
— Madre... mira — dice el niño emocionado
Mercedes ve a su hijo muy contento, quería enseñarle algo que traía en las manos.
— ¿Qué es esto?... ¿un collar?
— Es un juguete que me enseñó a hacer mi amiga, tienes que darle vuelta al botón y luego tira de las cuerdas... así — contesta Víctor, que cuando lo hace, el botón gira con mucha velocidad y corta el aire con un pequeño silbido.
— Que lindo lo que te ha enseñado a hacer tu amiga ¿Quieres que te dé más lana y botones para que hagas más de estos? — pregunta Mercedes, contagiándose de la alegría de su pequeño.
Víctor mira a su mamá contento, ella siempre era tan buena y sabía todo lo que él quería.
— Si. Haremos muchos y el más lindo te lo regalaré a ti mamá
Mercedes saca un pequeño frasco de vidrio, lleno de distintos botones para que escoja.
— Mira, aquí hay uno muy grande, este sonará muy fuerte.
— Mamá... mi amiga me enseñó hoy uno de sus muñecos, y era muy feo, es un trapo cocido con forma de cuerpo y la cabeza era un calabacín pequeño seco que le dibujó ojos, quiero regalarle el arlequín que le gusta ¿puedo?
— Ese muñeco es tuyo, así que puedes hacer lo que quieras con él — dice sonriente Mercedes, acariciándole la cabeza a su hijo.
Al día siguiente y como siempre, estaban en el cuarto de juegos los pequeños amigos.
— Mamá dijo que puedes llevarte el arlequín
Amelia abre completamente los ojos, sonriendo a lo que más podía y abraza al muñeco.
— ¿De verdad?... gracias, ya sabía que eres un príncipe — dice Amelia radiante de felicidad y se acerca para besar su mejilla.
— ¿Por qué dices que soy un príncipe? — pregunta Víctor sin comprender.
— Porqué eres bueno, eres lindo y te vistes como los príncipes de los cuentos
Víctor mira su ropa y se dirige al espejo que estaba en aquel salón para mirarse mejor.
— Pero los príncipes tienen capa y una corona — contesta el niño, abriendo mucho sus ojos azules, mirándose en el espejo.
— Si... pero eso es cuando tienen que salir, mi padre usa una gorra cuando sale de casa, pero no la usa siempre.
Víctor le regresa la mirada a su amiga, como si hiciera un gran descubrimiento y se dirige a su baúl, donde tenía más juguetes que no ocupaba con frecuencia, saca de él una corona de metal brillante y una espada de madera.
— ¿Ves?... yo lo sabía, eres un príncipe — dice Amelia muy feliz.
— Yo no sabía que lo era, tampoco que tenía que ocupar la corona para salir
— Si, y como eres un príncipe, tienes que usar tu corona y montar a caballo, para que siempre me protejas cuando cosas malas me pasen — Amelia vuelve a darle un beso en la mejilla y abraza con más fuerza a su nuevo muñeco.
Para Víctor era lindo que su amiga lo quisiera y le demuestre afecto, ya que ahora no se sentía tan solo en esa gran mansión.
Cuando Amelia llegan a casa, le enseña rápidamente a sus hermanos el arlequín que saca de entre sus faldas. Su hermano más pequeño comienza a llorar cuando no se lo quiere entregar. Teodoro al ver el ajetreo que tienen los pequeños, levanta a su hijo menor para cargarlo en brazos.
— A ver muchacho ¿Qué pasa?
— Es que quiere mi muñeco, pero lo va a romper — dice Amelia ocultando en su espalda su nuevo muñeco.
— Préstale el muñeco, si se rompe, tu madre puede hacer otro — dice su padre para zanjar el conflicto de los hermanos.
— No... mamá no puede hacer un muñeco tan lindo como éste — Amelia enseña lo que tenía oculto tras su espalda y se lo muestra a su padre, él al verlo, su sonrisa desaparece.
Teodoro rápidamente toma el muñeco muy sorprendido y asustado.
— ¿De dónde sacaste esto?
— Me lo regaló el príncipe
— Mariana, ven aquí — Teodoro llama a su mujer que estaba calentando la cena en la cocina.
— ¿Qué pasa Teodoro? — llega apresuradamente Mariana al llamado con urgencia que le hacía su esposo, a lo que él le muestra el muñeco.
— ¿De dónde sacó esto la niña?
Mariana palidece al ver el hermoso juguete, puesto que algo como eso, costaría lo que su salario del mes.
— No lo sé. Amelia ¿Lo robaste de la casa de los patrones? — pregunta Mariana a su hija.
— ¡NO!. Ya dije que me lo dio el príncipe — responde Amelia asustada por la expresión de sus padres.
— ¿De quién estás hablando? — pregunta Teodoro a su esposa.
Amelia comienza a sollozar al ver a su padre enfadado.
— Al príncipe que me viene a buscar cuando estoy en la cocina de la casa grande — explica Amelia sollozando.
Rápidamente Teodoro busca su chaqueta y gorra para ir a la mansión de sus patrones.
— Debo devolver esto rápidamente, espero que no tengamos problemas con los patrones y piensen que somos unos ladrones — dice preocupado Teodoro.
Amelia llorar con más intensidad y se aferraba del pantalón de su padre.
— No papá, eso es mío, el príncipe me lo dio
— Basta Amelia, tomar las cosas que no son tuya y decir mentiras es algo muy feo — le regaña su madre — pensarás esta noche en lo que has hecho y no vas a cenar.
Amelia mira a su madre y se va corriendo a su cama, llorando a gritos.
Teodoro estaba asustado, cuando llega a la casa de sus patrones, pide hablar con el ama de llaves. Al explicarle lo ocurrido, le entrega el juguete y se marcha pidiendo disculpas, ya que algo como eso no volverá a ocurrir, puesto que ellos eran trabajadores honrados.
Celenia toca la puerta de la habitación de la Señora Fortunato, quien se estaba alistando para ir a dormir, ingresando en ella con el muñeco en las manos.
— Señora, disculpe que la moleste tan tarde, pero Teodoro, uno de los encargado de los campos trajo esto.
Mercedes recibe el muñeco de su hijo y lo mira sorprendida.
— Dice que su hija debió haberlo robado — continúa explicando Celenia.
— ¿Su hija? — pregunta asombrada Mercedes.
— Es una niña que se queda en las cocinas junto con su madre... probablemente, entro en la casa y robo el muñeco del joven señor.
Mercedes comprende que quizás la amiga imaginaria de su hijo, era muy real y eso le hace sonreír, mirando con ternura aquel juguete que tenía en sus manos.
— ¿Qué hago señora? — pregunta Celenia con un tono severo — a esa familia se le debe castigar por robar propiedad ajena.
— Esperemos, mañana le preguntaré a Víctor sobre el muñeco, creo que ya sé lo que pasó.





