Tu Amor Me Puede Salvar

'¿Qué sucede?'. Minnie estaba impactada. Antes de que ella pudiera hacer algo, todo se había vuelto confuso. De hecho, ella miró el arma escondida en su pulsera, que aún no había podido utilizar.

No entendía el giro inesperado de los acontecimientos. Sin embargo, la situación se había vuelto a su favor, y por ende decidió aprovecharla.

Entre la multitud, Minnie buscaba a su hijo. Gritos y llantos llenaban el aire, pero ella no podía encontrar a Bruce. Y, como era de esperarse, el pánico se apoderó de ella.

Se preguntó si es que había sido golpeado por el candelabro de cristal.

Sin embargo, Minnie vio como caía el candelabro, estrellándose en un lugar diferente a donde se encontraba Bruce. Pero eso no la calmó. Es más, innumerables pensamientos pasaban por su mente perturbada. Por eso corrió hacia el lugar donde había caído el candelabro para ver si su hijo estaba allí. En el camino, ayudó a apartar a dos invitados que fueron heridos por el candelabro.

'¡Oh Dios mío! ¡Los guardaespaldas de la familia Lu están aquí! También llegó la policía. Estoy atrapada'.

A Minnie se le subió el corazón a la garganta después de escuchar unos pasos que le resultaban muy familiares. Abandonó su búsqueda frenética para irse corriendo del lugar. Pero, al salir del salón de baile, un poderoso rayo de luz la encegueció. Alguien le había puesto una pistola en la cabeza.

"¡Señor Lu, la encontré!". El frío metálico de la pistola provocó un escalofrío que recorrió su espinazo.

"¡Ah, nos encontramos de nuevo!". Un relajado Michael se apoyó en la silla de cuero mientras sus ojos recorrían el cuerpo de Minnie.

Antes, cuando vestía el traje de camarera, creía que ella era simplemente una belleza sin neuronas. Sin embargo, no sabía que caería en sus redes. Había algo en ella que llamaba su atención.

Minnie tenía unas cejas espesas enmarcadas en un rostro común, con una pequeña nariz y los labios rojos; se veía como una de esas personas que pasaban inadvertidas entre la multitud. Sin embargo, sus deslumbrantes ojos cautivaron inmediatamente a Michael, quien podía vislumbrar la poderosa tormenta escondida detrás de aquellas brillantes pupilas.

Por un momento sus ojos se cruzaron, y en el corazón de Michael surgieron emociones que no había experimentado desde hace mucho tiempo. Pero finalmente él salió de su trance, y una fría expresión habitó su rostro, acompañada por una burlesca sonrisa. 'Es solo otra mujer cuyos ojos se parecen a los de tu amada', se convenció a sí mismo.

En efecto, durante los últimos años Michael había tenido relaciones con todas las mujeres que le recordaban a su amor. Sin embargo, y por más que algunas fueran parecidas, ninguna podría reemplazarla. Y, tan pronto como saciara su lujuria, su vida regresaría a la normalidad.

Un destello de rabia cruzó los ojos de Michael antes que sonriera sarcásticamente. Se frotó la barbilla, observándola sin pudores. Entonces, al percatarse de la forma en que él la miraba, Minnie se sonrojó.

Es más. Ya que había corrido con todas sus fuerzas, los tirantes de su vestido de noche se cayeron, revelando una piel lechosa. Minnie miró al tipo mientras, enojada, levantaba las correas.

"¿Cómo te atreviste a ofenderme? Yo tengo un método muy simple para tratar con ladrones como tú", dijo Michael, haciendo el gesto de cortarle una mano. "Pero te dejo la elección a ti. ¿Qué prefieres, perder la mano derecha, o la izquierda?".

Impactada, Minnie abrió sus ojos. Él creía que ella era una ladrona, pero ni siquiera había tocado alguna de sus pertenencias.

Minnie se sintió muy frustrada. Evidentemente, ella no era la única que había ido a la exposición con un objetivo en particular. En el caso de ella, solo había venido para buscar a Bruce. En cuanto a los demás, supuso que estaban aquí por el diamante azul.

Michael se preguntó por qué una mujer tan peleadora repentinamente se había quedado en silencio.

Se inclinó hacia adelante para apretar el botón que estaba al lado de la mesa. Entonces, cada movimiento de Minnie desde su irrupción en el jardín, pasando por derribar a la mujer, colarse en el salón de baile y hasta ser la responsable de la destrucción del candelabro, empezó a aparecer proyectado en la pared de enfrente.

Inmediatamente, Minnie se puso pálida, pues ella nunca pensó que cada uno de sus movimientos, desde el primero al último, habían sido vigilados por Michael.

"¿Puedes explicarme todo esto?", preguntó Michael, con su mano indicando hacia la imagen que mostraba su dramática entrada.

Minnie era inocente. Sin embargo, las imágenes parecían transmitir una historia diferente. Su mente empezó a acelerarse mientras decidía qué debía hacer. La cámara de vigilancia la había estado monitoreando todo el tiempo, ignorando a las otras personas que habían venido con un fin determinado. Así, ella se había convertido en un chivo expiatorio. Entonces, Minnie cerró sus ojos y respiró profundamente. De seguro la otra parte ya había escapado, mientras ella estaba siendo retenida por los hombres de Michael.

"¡Yo no soy una ladrona! No robé nada", dijo Minnie, arrojando su bolso a Michael e indicándole que lo revisara.

Sin embargo, él ignoró la cartera. Su mirada ardiente estaba pegada sobre el vestido de satén de Minnie, como si estuviera tratando de ver a través de él.

Entonces, Minnie cruzó sus brazos sobre su pecho, y comenzó a retorcerse en el acto. '¿Creerá que escondo algo entre mi vestido?', reflexionó.

Michael chasqueó sus dedos para indicar a los guardaespaldas que se reunieran. "Revísenla, a ver si esconde algo en el vestido".

Los guardaespaldas rodearon a Minnie. Dos de ellos agarraron sus manos, mientras que el otro se puso en cuclillas frente a ella y le sostuvo los muslos.

"¡Ándate a la mierda!", gritó Minnie pateando al tipo que se encontraba frente a ella, para luego empujar a los otros dos que estaban a su lado. Su valentía los sorprendió, y por ende no tuvieron tiempo de reaccionar.

"Señor Lu, la policía encontró el cuerpo de la señora Tang tirado en el jardín. Está muerta. Vienen a investigar el caso", informaron los guardias de seguridad mientras los investigadores entraban apresuradamente.

Minnie se quedó paralizada en el acto. Ella no mató a nadie, pero la muerte de la señora Tang podría complicar el panorama.

Minnie se volvió para mirar a Michael, quien la observaba con desconfianza. Podía sentir lo que estaba pensando. El hombre sospechaba que ella podría haber matado a la señora Tang, arrojando su cuerpo en el jardín.

"Pensé que eras solo una ladrona, pero no creí que matarías a alguien por dinero", comentó con una sonrisa maliciosa entre sus labios. "¡No lo hice!

Acabas de ver el video. Solo la dejé inconsciente, pero no la maté", explicó Minnie.

"¿Video? ¿Cuál video?". Michael sonrió sarcásticamente y apretó un botón. La pantalla quedó completamente negra en un instante.

Había borrado el video. Así, destruyó la única prueba de su inocencia.

Minnie analizó el rostro de Michael y entendió lo que pensaba. Hubo un asesinato en la fiesta de la familia Lu. La policía se la llevaría para cerrar el caso. No le creerían incluso si les explicara, pues no habían pruebas ni evidencias que respaldaran sus palabras. Llevársela como sospechosa sería la mejor solución del caso, tanto para la familia Lu como para la policía.

"Por favor, no hagas esto. No me entregues a la policía", suplicó Minnie, agarrándose de la camisa de Michael.

"¿Por qué no debería hacerlo?", dijo sonriendo. Sin embargo, su risa se congeló tan pronto como ella puso sus labios contra su boca.

Su corazón se aceleró, y su mente quedó en blanco mientras sus cuerpos se frotaban.

Michael se preguntó si este era otro de sus trucos. '¿Esta mujer está demasiado segura de sí misma, o es que me subestima?'. Entonces, su corazón se llenó de rabia.

Durante los últimos años, ninguna mujer se había atrevido a besar sus labios, pero ella lo había hecho intempestivamente.

Una ola de emociones incomprensibles lo abrumó.

Michael resopló con rabia y apretó el cuello de Minnie. "¡Cómo te atreves! ¿Acaso no le tienes miedo a la muerte?". La ferocidad de su mirada le provocó escalofríos en la espalda.

Sin embargo, Minnie sacó fuerzas de flaqueza para enfrentarse a él. Enderezó su espalda y lo miró a los ojos. "Me vas a entregar a la policía sin importar cuánto te ruegue o te suplique. Tarde o temprano moriré. ¿Qué puedo perder?".

Su cuerpo se había vuelto gelatina. Todo parecía irreal, y ella sentía como si estuviera flotando por el aire. Su corazón se llenó de angustia, pero estaba decidida a luchar contra él.

De hecho, Minnie estaba tentando a la suerte, pues Michael era un hombre arrogante. Sabía que lo que había hecho lo enfureció tanto que él querría mantenerla bajo su control. Así, en vez de entregarla a la policía, la torturaría él mismo.

Los dos se miraron en silencio. '¿Fallé?', pensó ella. Habían pasado cinco años y quizás Michael ya no era la persona que Minnie creía conocer. Al verlo sin reaccionar, su corazón se encogió.

El sonido de una leve risa sacó a Minnie de su ensueño. Su corazón comenzó a acelerarse cuando Michael colocó un dedo debajo de su barbilla para levantar su cabeza. Su mirada recorrió su rostro antes de posarse en sus brillantes ojos, que parecían un abismo infinito que intentaba absorberlo.

"Bien, puedo protegerte esta vez, pero con una condición".

"¿Cuál condición?".

"¿Eso importa? Después de todo, no te queda alternativa". Michael miró su sonrojado rostro y agregó: "Bueno, es muy sencillo. Quiero que te quedes conmigo durante un mes".

Impresionada, Minnie quedó con la boca abierta. "¿Un mes?".

"¿Cuál es el problema? ¿Es muy poco tiempo? Desafortunadamente, me aburro de las mujeres en un par de días. Pero en tu caso, te doy un mes. Es importante, ¿entiendes?". Michael metió las manos en los bolsillos y empezó a caminar. Justo antes de salir, se dio vuelta. "Espera aquí. Volveré pronto".

Su arrogancia y prepotencia enfurecieron a Minnie. Pero ella se mordió el labio y lo miró con furia mientras se marchaba. Solo quería preguntar qué pasaría si él se negaba a dejarla ir después del mes. Pero el hombre no le entregó la oportunidad de hablar e incluso la malinterpretó.

Minnie no sabía cómo Michael había resuelto el problema, pero sus subordinados la llevaron de regreso a la villa de Michael. Estaba contenta de haber escapado de la policía.

El candelabro de cristal iluminaba cada rincón del salón de la villa. La mesa de piedra esmaltada estaba cubierta con un mantel sedoso que tenía patrones de rosas esparcidos a lo largo y borlas colgando de sus bordes. Las rosas frescas en el jarrón le añadían encanto al lugar. La lujosa alfombra de lana persa extendida por el suelo hacía del espacio un lugar acogedor.

El lugar no había cambiado desde que se fue. Minnie paseó por el pasillo mientras los recuerdos del pasado inundaban su mente. Caminó hasta el porche y estiró la mano para tocar el óleo.

"¡Detente!". Michael apartó su mano antes de que sus dedos tocaran la delicada tela del cuadro. "¡No tienes derecho a tocar esto!", gritó antes de ajustar la posición del marco.

"No puedes tocar nada en esta casa. Ni una vida entera compensaría las pérdidas si accidentalmente arruinas alguna de estas obras".

"Es solo una pintura de aficionado. No es una obra maestra. ¿Por qué armas un gran escándalo por nada?". Enojada, Minnie puso sus ojos en blanco. Al siguiente segundo, bajó la cabeza para ocultar las emociones que desfilaban por sus pupilas.

Cuando estaban juntos, ella le había regalado el retrato a Michael. Sin embargo, él había comentado que era feo y lo tiró a la basura. Por eso, ahora Minnie se sorprendió al encontrar ese cuadro colgado.

"¡Sube, toma una ducha y espérame!", ordenó Michael, indicando hacia el segundo piso.

El cuerpo de Minnie se congeló, y miró al hombre con los ojos muy abiertos. "¿Qué sucede?", dijo irónicamente. "¿Pensaste que te pedí que te quedaras conmigo para tener con quien charlar cada vez que me aburra?".

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