Muy temprano a la mañana siguiente, Bethany se despertó y vio que el hombre a su lado seguía profundamente dormido. Sus fuertes brazos la rodeaban en un firme abrazo. Estaba tan cerca que su tranquila respiración le hacía cosquillas en el cuello, por lo que le costaba mucho quedarse quieta.
Ella se movió levemente, y entonces sintió un dolor punzante entre sus piernas. Cuando su embriaguez se disipó por completo, recuperó la claridad.
¡Por Dios! ¿Qué había hecho? ¡Había tenido sexo con su jefe!
Con los ojos muy abiertos como platos, Bethany contuvo la respiración y se zafó cuidadosamente de sus brazos. Sin perder un segundo, se vistió a toda prisa, empacó sus pertenencias y corrió a la recepción para registrarse en otra habitación.
Preguntándose qué diablos había pasado anoche, revisó su celular y descubrió que sus mensajes sucios no los había enviado a Aimee.
Por error, se los había enviado a otra persona con el mismo apellido: Jonathan Bates, su jefe y director ejecutivo de la Corporación Ensson.
Hacía unos años, en una reunión de la secundaria, el delegado de la clase creó un grupo de chat y pidió a todos que se agregaran como amigos. Bethany recordaba muy bien que Jonathan la había agregado, pero él nunca le envió un mensaje y ella tampoco lo hizo.
La joven se pasó con angustia los dedos por el cabello revuelto, sin poder entender por qué había cometido un error tan estúpido.
Tratando de calmarse, se registró en su nueva habitación y se sentó en la cama. Decididamente sacó su celular y abandonó el grupo de chat de la secundaria. Luego, cambió su nombre en redes sociales de Bethany a Lily y reemplazó su foto de perfil con la de una foto de una chica al azar que descargó de Internet.
Ahora Jonathan no sabría quién era.
Pensaba que no sería necesario eliminarlo de su registro, pues como la empresa había reservado la habitación 1501, no había rastros que pudieran conducir a ella.
Después de tomar todas esas precauciones, Bethany finalmente dejó a un lado su celular y volvió a dormir.
Lo siguiente que supo fue que el despertador estaba sonando a todo volumen en sus oídos. Tenía que ir a la Compañía Glora con su gerente para discutir financiación adicional.
El valor del proyecto se había desplomado hasta su límite de pérdida. La otra parte estaba exigiendo un ajuste de márgenes, o venderían los activos. Debido a esta urgencia, el departamento de inversiones tuvo la suerte de utilizar el avión privado de Jonathan para volar a Degend.
Tras lavarse la cara y cepillarse los dientes, Bethany corrió al vestíbulo del hotel con los documentos en la mano. Aimee bajó las escaleras poco después y murmuró con tristeza: "Carson insistió en que no éramos la parte que se encarga del ajuste de márgenes, pero fui a la compañía fiduciaria para verificar el contrato. ¡Su nombre estaba en la copia!".
"Shh, Carson está viniendo. No debe escucharte", advirtió Bethany. De repente, vio un hombre alto rodeado de personas saliendo del ascensor.
Era Jonathan.
Había cambiado la bata de seda de la noche anterior por un bien confeccionado traje negro. Tenía sus espesas cejas ligeramente fruncidas y sus delgados labios fuertemente apretados mientras escuchaba un informe de su secretaria. Ni siquiera miró a Bethany cuando cruzó el vestíbulo.
Todos en el mundo de los negocios conocían su frío comportamiento. Su apuesto rostro siempre se veía reservado y arrogante. A pesar de que no hablaba mucho, su sola presencia era suficiente para hacer que el ambiente cayera varios cientos de grados.
Bethany hizo todo lo posible por recordar, pero ese hombre se veía muy diferente al que la había besado tan apasionadamente la noche anterior. Parecía que estaba alucinando.
"¡Oh, Dios mío! El señor Bates es tan guapo. ¡Soy capaz de morir por dormir con él solo una noche!", le susurró Aimee con entusiasmo. No se daba cuenta de la visible incomodidad de su amiga. "Ambos tenemos el mismo apellido. ¿Por qué hay una brecha tan grande entre nosotros? ¡Oye, Bethany! ¿Me escuchas? ¿Hola?".
Aimee tocó su brazo para devolverla a la realidad. Bethany bajó la cabeza enseguida, intentando evitar que Jonathan la viera.
Pero justo cuando él y las personas estaban a punto de llegar a la salida, el hombre se detuvo en seco y le ordenó a su secretaria: "Averigua quién se registró anoche en la habitación 1501".
Al escuchar esos números, Bethany sintió que sus piernas se volvieron de plomo.
Su mente se quedó completamente en blanco y solo escuchó vagamente a Aimee exclamar: "¿1501? ¡Bethany durmió ahí anoche!".





