TIFÓN
El tiempo pasa y ese nunca es en vano, cada quien toma su camino y de eso no hay marcha atrás, menos cuando en parte han sido decisiones mías pues mi palabra es la ley pero ya no la única y no me molesta.
- Mi señor todos se encuentra listo para la vuelta que debemos hacer, esperamos sus órdenes - escuchó que le dicen a mi hijo del cual no me puedo sentir más orgulloso o tal vez si.
Diez años han pasado desde que oficialmente Maximilian fue nombrado para tomar al poder y como en los épocas medievales al ser mi sucesor tuve que mandarlo a zonas de las que casi nadie sale vivo pero el si, cacería, armas, inteligencia, estratega, maldad y poder habitan en mi primogénito que no ha tenido problemas en convertirse en una máquina destructora y aunque se insista que teniendo un hijo él sería perfecto y él se niegue estoy seguro que en algún momento cumplirá con su deber.
- ¿Crees que me iré a hacer mis negocios sudado como un animal? - reniega mi hijo mientras los de seguridad agachan la cabeza.
- Ese hombre ya está muerto, unos minutos más no harán que su suerte cambie pues yo ya lo he sentenciado. - Habla el Satán con frialdad golpeando con furia la pera de box con la que prepara sus puños y grandes brazos para destrozar al infeliz que intentó vender nuestra identidad.
- Papá ¿Qué sabes de Antuan?
Me dice mi hijo y la pregunta me llega de la nada como pocas veces lo hace, cuando el menor decidió irse admito que algo en mí se quebró como el día en que mi esposa murió pero la debilidad no es parte de nuestras vidas ni de nuestros negocios y Antuan eligió ser débil, humanista y eso aunque duela no sirve de nada.
- No se nada de ese y no me interesa, lo que importa es que ya es hora de que hagas lo tuyo con ese hombre que nos quiso traicionar.
- Eso no tiene cambio padre, así como tampoco tiene cambio que extrañes a ese tonto que prefirió traer más vidas al mundo que terminar con ellas - habla con seriedad secándose el sudor y poniéndome histérico.
- ¿De que estás hablando? ¡Habla! ¿Cómo que tú hermano está trayendo vidas al mundo?.
- No me grites, no es lo que estás imaginando, me refiero a que Antuan dejo el puesto del príncipe de la mafia para convertirse en esos doctores que juegan con la ciencia para las mujeres que no pueden dar vida. Siempre lo dijo, él daría vidas mientras yo las quitaba.
- ¿Eso te molesta, Maximilian?
- Ni un poco, porque yo no quiero ni voy a cambiar - responde con sarcasmo, con la maldad en sus ojos oscuros, levantándose en su altura con una sonrisa diabólica y los cuchillos que se le adaptan como dedos yendo al calabozo dónde está el traidor.
El hombre quiere morirse apenas ve a mí hijo, no está encadenado, no es pequeño pero no podría igualar la altura ni la fuerza de Maximilian, la orden de no tenerlo atado es para divertirse cazando a su presa.
¡Piedad por favor! - llora el infeliz
- No en mi mundo - se burla lanzando los cuchillos pero ninguno le da y no porque falle si no porque la tortura física y mental es la mejor para el, ver cómo la rata ruega, corre y ha mojado sus pantalones desata las burlas de todos, el lugar es grande pero no suficiente para escapar de la furia del diablo por lo que sin aviso toma una katana con tanta fuerza y precisión que decapita en el acto al traidor manchando las paredes y todo de sangre.
- Saquen esta basura de mi casa, estaré listo para irnos en breve
Y eso es lo que hago, doy la orden yendo a mi recamara mientras los demás hacen lo que ordenó, papá me ve con orgullo y me quito el asco de tener la sangre de un cobarde en mi cuerpo, el cuerpo es desecho y la cabeza se queda conmigo por el placer de ir ahora al lugar donde esos imbéciles se reúnen.
Las camionetas se mueven sin problemas y viéndome ordenado como siempre me gusta estar, llegamos donde los hipócritas que nos ponen una alfombra, sus mejores caras y halagos mientras no me voy por las ramas y mientras ponen fajos de dólares en la mesa yo pongo la cabeza del hijo del líder que grita como loco llenandome el alma de satisfacción.
¡Odio a los traidores!
- ¡No! Por qué, era mi hijo, mi único hijo. - llora y maldice queriendo tomar la cabeza de su bastardo pero la lanzo como si denun balón se tratará.
- No tengo hijos ¿Sabes porque no? - lo veo llorando en el suelo. Porque las debilidades no son lo mío.
- Tu maldito padre quiere un nieto, sin eso no podrás tener nada, malnacido. ¿Acaso también vas a decapitar a tu padre para conseguirlo?
- Si es necesario si - respondo con seguridad, viendo cómo llora los sesos de su hijo y mi satisfacción se vuelve nada cuando por la espalda llueven sin parar, no es que no tenga refuerzos pero que parte de mis hombres nos ataquen lo hace todo tan difícil que me vuelvo un animal herido atacando pero sentir que varios me jalan diciendo que no es el momento me hace rabiar pero tienen razón.
- ¡Déjame! - grito pero hay algo que me abandona mientras estamos en la camioneta huyendo.
- Se está desangrando, no me importa nada busca el hospital más cercano que el Satán se está muriendo.
- ¡Un hospital!





