—Señorita Smith, llega tarde —murmura con un tono de voz frío.
Me detengo de golpe en la puerta, estoy en su departamento, ubicado en uno de los lugares más exclusivos de la ciudad, levanto la mirada y puedo notar esos hermosos ojos verdes mirándome sin parpadear, un escalofrío recorre mi espina dorsal.
—Son la una de la madrugada, señor Grayson —respondo para demostrar que no estoy asustada
Tenía el mismo aspecto de un ángel caído, hermoso por fuera, pero con muchos secretos perversos por dentro.
—Lo sé, pero en ningún momento se negó a venir, eso me deja mucho en que pensar —responde en tono frío.
Mis ojos lo recorren disimuladamente, traje de diseñador a la medida, músculos abultados amenazando con romper la tela de su costosa camisa, por instinto me muerdo el labio, es imposible no hacerlo, me regaño mentalmente por las barbaridades que han recorrido mi cabeza en ese momento.
—¿Tenía opción? —hay algo de sarcasmo en mi voz.
—No.
El hombre se dio la vuelta y entró de nuevo a la habitación, dejándome de pie junto a la puerta como una tonta, mi corazón amenazando con salir de mi pecho.
Lo seguí hasta la sala de estar, hacía algo de frío, el sitio está lujosamente amueblada y tiene una magnífica vista de la ciudad, mi atención vuelve a mi jefe.
No sé por qué motivo estoy aquí y realmente no quiero averiguarlo.
Llevaba prácticamente dos meses trabajando para lucifer y nunca había recibido una llamada a la una de la madrugada y menos citada a su departamento, eso hace que mi curiosidad crezca a cada segundo.
Si él quería podía asesinarme sin testigos, mi cuerpo sería encontrado días después en algún lote baldío.
Se giró y sus ojos me escudriñaron de arriba a abajo, está nevado afuera, pero yo estaba empezando a sudar, su mirada tenía algo diferente, lujuria, curiosidad, quizás algo más.
—Toma asiento —me ordena su quitar sus ojos de mí.
Me siento y cruzó las piernas, no puedo demostrar que estoy aterrada, Grayson se sentó frente a mí, estar bajo su intensa mirada era realmente un desafío para mí.
Nunca, ningún hombre me había visto de esa forma, mi garganta se secó, sus dedos tamborileando lentamente en sus muslos.
No sabía lo que me esperaba cuando vine, pero no podía negarme, él era el jefe.
Si mi jefe fuera cualquier otra persona, lo ignoraría, y seguiría durmiendo plácidamente en mi cama.
Guarde silencio esperando a que me dijera el motivo por el cual yo estaba en ese lugar a esa hora de la madrugada.
—Gusta un trago, señorita Smith.
—No, gracias —respondí sin dudar.
Él se levantó, se sirvió un trago y volvió a sentarse, llevo el líquido a sus labios y bebió un sorbo, note cuando se escurrió por su garganta.
—¿Sabe por qué está aquí, señorita Smith?
Traté de pensar en una razón de peso, quizás necesitaba que buscará algún documento confidencial, tenía hambre o simplemente lo hacía para molestarme.
En ningún momento su mirada se apartó de mí.
—En realidad no lo sé, señor, puede decírmelo usted.
Podía notar las venas de su cuello tensarse, de seguro estaba molesto con mi estúpida respuesta.
Este hombre estaba acostumbrado a estar en la cima. Era tan poderoso que nadie se atrevería a enojarlo de ninguna manera. Eso significaba que estaba acostumbrado a tener gente inteligente a su alrededor.
No estaba segura de si Alexandre podía ver que estaba mintiendo o simplemente quería jugar un poco conmigo, como si fuera un pequeño conejo asustadizo.
—Pensé que era más inteligente y tendrías una respuesta a estas alturas —respondió con un brillo perverso en sus ojos.
Se bebió otro trago y sus ojos se clavaron en mí nuevamente, me removí algo incómoda en el sofá.
Intenté ignorar lo atractivo que se veía en ese momento, solo soy su asistente, alguien como Grayson jamás pondría sus ojos en alguien como yo.
—Soy su asistente señor Grayson, pensé que tenía algún problema.
Observe esa risita divertida en su rostro, al parecer había dicho algo estúpido, se remojó los labios descaradamente.
—¿Está casada o tiene algún compromiso, señorita Smith?
Guarde silencio por unos segundos, ¿Acaso era necesario ventilar mi situación sentimental?
Pará mi no tenía ningún tipo de importancia.
Pero la manera en que pronunciaba mi apellido me hacía delirar.
—¿Acaso es importante para el trabajo?
—Solo responda señorita Smith —presionó con voz ronca.
Podía sentir que mi corazón se aceleraba cada vez más, un mal presentimiento se apoderó de mí.
—No, ningún tipo de compromiso —respondí mirándolo fijamente.
—Bueno, no está tan mal —murmuro —esto es realmente interesante.
Sus ojos se clavaron en mis piernas.
—Creo que debo volver, además esto se está volviendo personal.
—No puede irse, hasta que yo se lo ordene —hablo de manera autoritaria.
Se acercó y tomó mi barbilla entre sus manos, justo en ese momento, se me olvido como carajos, se respiraba.
Soltó su agarre y se estiró y colocó sus manos en los bolsillos, solté el aire que tenía retenido en los pulmones.
—Está bien —respondí casi atragantándome con las palabras.
—Esto se trata de trabajo y nada más que eso, señorita Smith, recuérdelo.
—Puede ser más específico señor Grayson.
El camino a la barra, se sirvió otro trago, el silencio reinaba en la habitación, los nervios me estaban matando.
—Voy a proponerle un trato, señorita Smith, algo que quedara, entre nosotros, negocios, simples negocios.





