Harlow se despertó adolorida y con las pupilas dilatadas. Su rostro palideció de horror al empujar al hombre que estaba encima de ella, y ante la luz, vio brillar el colgante de plata con una cruz alrededor del cuello de este.
La chica salió corriendo de inmediato del cubículo y percibió que todavía había mucho ruido afuera.
Incapaz de contener las lágrimas, luchó y salió tambaleándose del bar. Una vez afuera, se agachó y rompió a llorar, provocando así que las personas que estaban en la calle la miraran y susurraran entre ellos. No fue hasta que escuchó a alguien llamar a la policía que se puso de pie y salió de allí secándose las lágrimas mientras avanzaba sin rumbo fijo como un zombi.
Aturdida, se preguntaba: '¿Cómo pudo ese hombre haber tenido sexo conmigo sin que yo lo supiera?'.
De repente se escuchó un fuerte crujido que la hizo volver a la realidad.
Era el chirrido de los frenos de un auto que se detuvo justo frente a ella. Ante eso, tomó parte de su vestido rasgado para cubrirse antes de sentarse en la calle sin pensar, y pese a que los transeúntes se sorprendían, no se acercaban a ayudarla.
Un joven con camisa blanca se bajó del BMW y se le acercó. Sus anteojos de montura dorada brillaban bajo los faros, y en un tono de disculpa, le preguntó; "¿Está bien, señorita?".
Ella negó con la cabeza en respuesta.
"Siento mucho no haberla visto", dijo él, y pensando que debía estar asustada, la ayudó a ponerse de pie.
Sin embargo, Harlow lo empujó y comenzó a caminar de nuevo como si él no existiera.
Los espectadores vieron eso y se alejaron de la escena.
"¡Cuidado!", gritó el hombre al agarrarla del brazo frío con rapidez para alejarla de otro auto que estaba a punto de golpearla.
"¿Está bien al menos? ¿Me escucha? Por favor, diga algo, señorita. ¿Quiere que la lleve a un hospital?", consultó. No fue hasta ese momento que notó su ropa hecha un desastre, el fuerte olor a alcohol, su cabello despeinado y sus lágrimas mientras caminaba descalza. Que ella estuviera en ese estado le produjo un extraño sentimiento en el pecho.
"Estoy bien", respondió ella sin rodeos. Acto seguido se soltó de él, se enderezó y cruzó la calle.
Por su parte, el hombre se subió a su auto y la siguió.
"Siento mucho haberla asustado. Permítame al menos llevarla a casa", le ofreció. Entonces, conduciendo a su lado, bajó la ventana y agregó: "No es seguro para una mujer caminar sola a estas horas".
Al no escuchar ninguna respuesta, sacó su identificación de su billetera y estiró el brazo hacia la chica. "Mi nombre es Zachary Zeng y aquí puede comprobarlo. Si confía en mí, déjeme llevarla a casa".
Al ver su cálida expresión, Harlow sintió que él era confiable, ya que después de todo su honesta sonrisa era lo único agradable de esa noche.
En vista de eso, ella se subió en silencio al vehículo ya con las lágrimas secas y un dolor ardiente que le recorría el cuerpo, aunque no pronunció una palabra al respecto. Ella había conservado su virginidad para el hombre del que se enamorara, pero ahora todo eso parecía una quimera.
"¿A dónde se dirige, señorita?", preguntó Zachary vacilante al tiempo que conducía.
"Lléveme a Neo Business School", respondió Harlow en voz baja.
"Parece que usted es una universitaria. ¿Qué estudia allí?", preguntó él con una sonrisa.
Apoyada en el asiento y mirando por la ventana sin comprender, la chica seguía pensando en esa noche. Sintiendo su renuencia a responder, el joven al volante sonrió y encendió el reproductor, con lo cual una cálida melodía clásica inundó los oídos de la copiloto. Si bien Harlow era una chica muy joven, prefería la belleza de ese género sobre la música pop que escuchaba la mayoría. Le gustaba porque podía consolar y calmar el corazón herido de cualquier persona, y eso era exactamente lo que ella necesitaba en ese momento.
Luego de relajarse un rato, abrió los ojos y miró hacia afuera para encontrarse con aquel lugar familiar, así que inmediatamente se enderezó en el asiento y dijo: "¡Detenga el auto!".
Zachary se detuvo cerca de la acera para enseguida decir: "Aún quedan por lo menos cien metros hasta la universidad. Por favor, permítame dejarla en la entrada".
"No, estoy bien", replicó ella para salir a toda prisa del vehículo y caminar hacia el edificio comunitario que tenía enfrente. Estaba tan apresurada por entrar que incluso olvidó agradecerle.
Una vez que la vio desaparecer en la oscuridad de la noche, el amable joven subió las ventanas y se fue.
Harlow caminó hasta el bloque C, entró al ascensor y presionó el décimo piso. Solo después de que comenzó a ascender fue que se calmó.
Caminó hasta la puerta 105, frente a la cual se arregló el pelo y la ropa antes de tocar el timbre.





