Por un segundo se nublaron mis sentidos, me ha soltado del brazo, pero parece que tengo los pies pegados al piso. Miro esos ojos verdes angelicales y me queman como si estuviese ardiendo en el infierno. Da un paso hacia mí y al fin retrocedo.
Me obliga a pegar las espaldas a la pared y mientras lo miro aterrada, una sensación indescriptible se apodera de mi cuerpo.
—Te amo, desde hace cuatro años— confiesa—, he luchado por arrancar de mi cabeza estos sentimientos, pero no puedo. Es imposible no sentir cada día, más amor.
—Estás enfermo —. Expreso con miedo —. No puedes amarme.
—En el corazón no se manda, Laura. He luchado por destruir este sentimiento, pero no puedo. Se hace más grande e incontrolable. ¿Por qué no puedes entenderlo? —grita entre dientes colocando sus manos sobre la pared, apegándose a mi cuerpo.
Su calor me quema.
—Nunca pasará nada entre nosotros—, respondo, bajando la mirada, imposibilitada de perderme en su mirada dulce cargada de fuego.
—Lo sé y no tienes que repetirlo —grita lanzando un manotazo a la pared.
Se apega a mi cuerpo, su respiración golpe a mi cara, su perfume inunda mis fosas nasales y el miedo se hace incontrolable, mi cuerpo tiembla y mi respiración se agita. Giro a un lado el rostro al sentir su pene erecto rozándome sobre el vestido.
En eso oí el tiiiiiiiiiiiii- tiiiiiiiiiiiiii del auto y la voz de Bryan acercándose, lo apartaron de mí. De inmediato camino a la salida y abrió la puerta. Mi amado ya está a unos metros.
—¡Bryan! —corro hasta sus brazos. Me envuelve con su calor y me gira con emoción, ignorando la angustia que me consume en ese instante.
— ¿Estás bien? Te veo pálida —Dice mirándome mientras aparta los cabellos de mi rostro.
—No es nada, amor —Digo estampando un beso en sus labios —Solo vi una rata horrible salir de mi habitación y me espanté.
—¡Ay, cariño! —me dice con dulzura acomodándome el cabello. —todo estará bien. Yo mismo mataré a ese animal cuando pueda entrar a tú recámara—susurra a mi oído dejado una pequeña risa.
Instantes después, Martín pasa por nuestro lado y se adelanta.
—Ya es tarde tortoles ¡vámonos! — grita abriendo la puerta del auto.
—Sigo sin agradarle a tu Martí. —Murmura Bryan.
—Debe valerte mierda lo que él piense — respondo.
—Y sigue sin agradarte del todo.
—Tenemos nuestras diferencias por obvias razones —camino hasta el vehículo.
—Me las contarás algún día.
—Tal vez— dejo un respiro antes de mirarlo y sonreír feliz.
Durante el trayecto no pude dejar de reflexionar en lo que dijo Martín, su manera de expresarlo me llena su mirada atravesando mi corazón. No me equivocaba respecto a sus sentimientos, pese a lo que dijeras todos, sabía perfectamente que le gustaba. Cuando era pequeña me sentía protegida por sus cuidados y no puedo negar que adoraba su manera de defenderme de los niños atrevidos, me simpatizaba ir al cine con él y hasta planear travesuras. Jamás creí en algo fuera de lo normal que a mí respecta. Sin embargo, la mirada que ahora tiene es de temer, no deja de observarme por el espejo retrovisor y Bryan no deja de ser tan cariñoso.
—Sigues tensa, amor—Susurra Bryan a mi oído acariciando mis manos.
—No es nada, solo estoy ansiosa por ser mayor de edad.
—Ya lo eres mi cielo.
—Es que los ansiados diecinueve me abren las puertas a otras cosas— digo con picardía.
—No me tientes que soy débil— susurra una vez más a mi oído, dejando un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja, que me provocó un escalofrío exquisito y me hizo palpitar mi centro húmedo.
Reímos un poco y aunque Martín no dejaba de mirarme lo ignoré para besar esos labios deliciosos de mi adorado Bryan. Celina dice que parece un enorme chocolate adictivo ¡Vaya que tiene razón! El tiempo vuela demasiado rápido cuando estoy entre sus brazos y todo, absolutamente todo deja desaparece. Soy infinitamente feliz a su lado.
—Llegamos tortolos. —Dice con desagrado Martín. Sé que ver nuestro espectáculo ahora le duele más.
Bajamos y me di una manita de gato antes de entrar al local del brazo de Bryan mientras Martín echaba chispas delante de nosotros.
Mi familia había preparado una hermosa recepción, me siento una princesa por unas horas y puedo decir que fue la mejor noche de mi vida. Martín no hizo nada para opacar a Bryan y se comportó a la altura de la situación. Pero al momento de la foto en grupo, deslizo su mano por mi cintura y dio un apretón que me acalambro toda. No sé si fueron los nervios o el saber lo que siente por mí, pero ese apretón provocó un cosquilleo en mi vientre que bajo directo a mi entre pierna y mojó mi ropa interior. Y como si fuera poco, al momento de los abrazos susurro a mi oído.
“Te amo más que a mi vida” dejando un beso en mi mejilla.
Era definitivo, Martín ha confesado sus sentimientos y a partir de ahora debo estar consciente de que todo lo que haga será para buscar una oportunidad conmigo. Pero no la tiene, amo a Bryan y esta relación nunca podrá ser. Ante los ojos del mundo este amor es prohibido, en su mundo loco quizá exista esa posibilidad de amarlo, más no en esta vida.
Martín es la clase de hombre que cualquier chica quiere tener en su cama. Es sumamente atractivo, alto, blanco, ojos color avellana, cabello castaño ondulado y tiene buen físico. Sin contar que se la pasa haciendo ejercicios todos los días. No es que sea ciega, pero cuando entrena en casa con su torso desnudo y sus pantalones cortos, luce demasiado bien.
—¡Amor! — la voz dulce de Bryan me saca de esos pensamientos tontos —. Te sientes bien, desde hace unos minutos estas como ida.
—No es nada, solo que esta noche ha sido tan perfecta que aún no puedo creer que sigamos todos aquí sonriendo y mirándonos sin querer matarnos.
—Sé que Martín es muy sobre protector, pero ya sabe que nuestro amor es verdadero. Y terminará por aceptarme del todo.
—Nunca esperes que lo haga.
—Debes darle tiempo, sé que te quiere mucho y...
—Nunca, lo menciones, por favor.
—¿Qué sucede?
—En otro momento te lo diré, lo prometo.
—ok. Pero ya deja de pensar en ello y sonríe un poco, es tu fiesta.
—Quisiera poder estar en otro lugar contigo.
—En una playa desierta, de noche, al pie de una fogata, besándonos sobre unas sábanas blancas — se acerca a mi oído—desnudos, acariciándonos, recorriendo cada centímetro de nuestros cuerpos con la lengua— vuelve a morder mi lóbulo de la oreja.
—¡Joder! Estoy perdiendo el control de mi lucidez. Sabes lo que me provoca en este instante —. Sonríe mirando sus ojos marrones —ir al baño y follar como dos dementes.
—Me adelantaré— sonríe dejando la silla y caminando en dirección del baño.
Segundos después, Celina que ya estaba observándonos a lo lejos, se acerca.
—Adoro verlos así —. Me dice.
—¿Así cómo?
—Tan ardientes, no pueden disimular lo mucha que desean follar.
—Cuida ese vocabulario señorita.
—¡Ay ¡por favor! No soy una niña Laura. Estoy pensando en perder mi virginidad antes de los dieciocho.
—No lo hagas solo por una tendencia universitaria. Hazlo porque te nace hacerlo. Tiene que llegar u momento. Tiene que ser especial — dejo un gran suspiro.,
—Tú y Bryan, aún no se entregan al fuego de su pasión.
—No—. Sonrío
—¿Piensas llegar virgen a la iglesia o qué?
—Quizás — respondo a media sonrisa nerviosa.
Celina se carcajea y me empuja con su codo.
—Ve por él. Te espera. Yo te cubro —dice intentando ser cupido perverso de mis bajos deseos.
—Por nada del mundo permitas que Martín me siga— le advierto.
—Entendido capitán— deja salir su voz seria mientras lleva una mano a la frente, como saludo—, ve y diviértete.
Mi familia disfrutaba de la música y de la pista de baile, así que me puse de pie y corro al baño, confiando en la guardia de Celina.
Al llegar a los servicios higiénicos, Bryan me sorprende al tomarme del brazo y llevarme al interior del baño de hombres. Me besa con pasión y deseo sin darme tiempo de pronunciar una sola palabra. Pero no hace falta hacerlo, mi cuerpo tiembla ansiosa por sentirlo dentro de mí. De un segundo a otro, estoy contra la pared sofocándome entre gemidos placenteros. Baja de mi barbilla al cuello, desliza por mis hombros las tiras de mi vestido rojo y esa maravillosa lengua busca el camino a mis pechos.
—¡oh mi Dios! — balbuceo entre gemidos mientras, besa, chupa y muerde mis pezones con delicadeza.
Mis ojos se cierran y dejo que mi cuerpo se deje llevar por ese infinito placer. Sus manos no dejan de moverse, llegan a mis muslos internos y los acaricia haciéndome temblar las piernas, pero no más cuando estas se deslizan bajo mis bragas y buscan la entrada a mi sexo caliente. Sus dedos se mueven con delicadeza Con el vestido enrollado hasta la cintura, me pone de cara a la pared, arqueo mi espalda mientras sus labios bajan por mis glúteos y sus manos tiran hacia abajo mi tanga, cae al piso y mis piernas se abren para dejar que esa cálida lengua llegue a mi sexo. Su respiración agitada se estrella en la entrada de mi humedad y me hace morder los labios, con dos de sus dedos abre mis pliegues dejando que su lengua traviesa se abra paso y juegue un poco.
Me transporto al cielo, mis oídos se cierran y solo escucho mis latidos cardiacos y la agitación de mi pecho, estoy lista para perder la virginidad en estas estrechas cuatro paredes.
—No te detengas— pido casi sin aliento, con los ojos cerrados ansiando el momento de sentir esa gran polla en mi interior.
Su respiración ahora estalla sobre mi nuca y sus cálidos labios depositan un par de besos acerca de mi oreja, siento la punta de su polla en mi entrada, frota un poco y está por meter todo ese pedazo de carne dura, cuando un par de golpes desesperados en la puerta me paraliza.
—¡BRYAN! ¡Maldito imbécil, voy a matarte!
La voz seca de Martín detuvo mi corazón, Bryan se arregla de precisa mientras que yo sigo paralizada.
—ABRE LA PUERTA O JURO QUE LA TIRARÉ—advierte con ese tono de voz intimidante, siento las manos de Brian sobre mis hombros arreglándome. —Contaré hasta tres y la echaré abajo—. Al fin logro moverme y levantarme la tanga que seguramente él ya había visto en mis tobillos.
—Uno, dos…—Bryan abre la puerta, presuroso y Martín lo derriba con un golpe en la cara, dejo salir un pequeño grito, sin perder tiempo veo como lo levanta por el cuello de la camisa llevándolo contra la pared a un lado del inodoro.
—¡No, Martín! —Grito sujetándolo de los brazos, mi fuerza poco o nada puedo hacer contra su voluntad de querer matar a Bryan, pero algo tengo que hacer —No lo lastimes.
—No me pidas eso— responde furioso—, un hombre que te ama y respeta no te traería a un baño mal oliente para follarte.
—Juro que no hicimos nada—Susurra Bryan a media voz, mientras Martín pone más presión sobre su cuello.
—¡por favor, Martín! ¡Déjalo! —suplico —No pasó nada, te lo juro, no hicimos nada— sigo tirando de su brazo—. YA déjalo, no hagas un escándalo por nada.
—¡por nada! — refuta— Te encierra en un baño como si fueras una cualquiera. No voy a permitirlo—, ahora lleva sus ojos inyectados de odio hacia Bryan— te desenmascaré frente a todos y esta relación llegará a su fin ¡Me oíste, maldito negro!
—Por favor — vuelvo a suplicar—hablamos primero— no sé porque lo dije, quizás el miedo a perder a mi verdadero amor de la manera más estúpida. —hablemos antes de que tomes una decisión.
Martín me mira unos segundos más calmado y aparta sus manos de mi novio.
—¡Lárgate! —le dice sin mirarlo.
—Laura no…
—Dije que te fueras— exige gritando a media voz, ahora mirándolo de reojo —¡vete! antes de que me arrepienta el dejarte ir con las piernas sanas.
Cuando salió del baño volvió a mirarme.
—No pasó nada — vuelvo a aclararle.
—Cómo permites que te trate de esa manera. No eres una cualquiera para entrar a aun baño a follar — se acerca y retrocedo un poco.
—Me equivoqué, no volverá a pasar — digo nerviosa—Es que la emoción del momento.
—¿Emoción? O ganas de arruinar tu vida— se acerca más.
—Bryan no tiene la culpa.
—Deja de defender a ese negro asqueroso. La próxima vez que se atreva a tocarte cerca de mí, le arrancaré el pito y se lo meteré por el culo.
—No lo hicimos —Expreso llorosa pasando mis manos por la cara —no
—La posición en la que los encontré, dice mucho. No vas a mentir para salvar a ese degenerado.
—Las apariencias engañan, no voy a negar que estábamos calientes, pero…
—Sabes que te amo y haces esto aquí, sin importar lo mucho que me duela.
—No hicimos nada.
—Estás mintiendo, cuando le digas a Rodrigo lo que pasó...
—¡por favor, Martín! No le digas nada, no puedes hacer un escándalo por algo que no pasó— Digo muy nerviosa.
—¿Por qué tendría que callar algo tan importante en tu vida? Si dejo que pase la próxima vez, podría verte follando en la calle.
—Te dije que no va a suceder de nuevo. Es que el alcohol, la música, el mismo lugar, la adrenalina de experimentar cosas nuevas, te llevan a errar algunas veces —. Intento minimizar el problema, mientras mis lágrimas ruedan por las mejillas.
—Está bien— deja un suspiro—. No se lo diré hoy — limpia mis lágrimas acariciando mis mejillas.
—Gracias — expreso con tanto temor que siento que la respiración me falla y mis piernas dejan de sentir el piso.
—Pero no te garantizo mi silencio eterno—. Susurra acercándose a mis labios.
Cierro los ojos viéndome ya en un beso de condena. No lo deseaba, pero si sucedía, no podría evitarlo. Si la fiera se calmaba con ello, sus labios rozan los míos, deja un pequeño beso mientras mi grito de terror se ahoga en mi garganta. Luego siento sus labios en mi frente.
—Te amo— afirma—. No voy a robarte un beso, quiero que me los entregues. Porque voy a hacer que me ames.





