Soy tuya

Aaron

El agua caliente se desliza por mi cuerpo calmando un poco el dolor en mis sienes, pero no mi incertidumbre.

Samantha me oculta algo estoy seguro y voy a averiguar qué es.

Empiezan los conocidos espasmos en la boca de mi estómago y tengo que cerrar los ojos y dejar la boca abierta para respirar por ella, en un vano intento por reducir mis pulsaciones.

Estoy a millón. Asustado y sudando, incluso debajo de la ducha.

Abro mis palmas en la pared de azulejos y dejo caer el agua por mi nuca. Soy un manojo de nervios. Estoy al borde de otra crisis y necesito mis pastillas.

Cierro la ducha y salgo desnudo y chorreando agua por la moqueta hasta el botiquín. Miro mi reflejo en el espejo y parezco un demente. Estoy perdiendo el control por un puto mensaje pero es que sé, que no será solo eso.

Tomo el medicamento y los temblores hacen que el bote de pastillas caiga al lavamanos y recupero las que puedo luchando con mi ansiedad.

¡Joder!

Grito en miente cuantos improperios quiero y entonces, me siento observado y me giro de pronto...

—Coño, Caleb tío. ¿ Qué haces aquí?

El primo de mi mujer me mira frente a frente y se acerca serio. Muy serio.

—Ha llegado una nota para tí y te juro que si descubro que estás engañando a Sammy, te corto la polla.

Arrugo el entrecejo, alcanzo una toalla y me envuelvo la cintura para luego quitarle el papel de la mano.

*Tengo ganas de tí, de nuevo Aaron. No me hagas esperar tanto. Quiero sentirte dentro otra vez*

¡¿Qué mierda es esta?!

—Primero que nada —increpo  con roña —no vuelvas a sugerir que sería capaz de engañar a mi mujer y segundo...¿ De dónde ha salido esto?

—Lo dejaron en la puerta para tí y por suerte lo intercepté antes que mi prima... me imagino que sepas la que se va a montar si ella lo descubre.

Chasqueo mi lengua dejando el papel en la isla del baño y me vuelvo a la ducha a acabar lo que empecé para bajar. Esto es ya demasiado extraño.

—Mi mujer sabe que le amo con delirio. Nunca se creería algo así, sabe que jamás lo haría —comento con total firmeza y certeza de lo que digo.

—He subido porque ha pasado algo muy raro allá abajo y viendo este peculiar mensajito, quiero saber si tengo que empezar a preocuparme —se cruza de brazos y se recuesta en el marco de la puerta.

—No sé que ha pasado abajo —explico mientras me enjabono —pero sí, tienes que empezar a preocuparte porque es demasiada casualidad que "La china", salga justamente hoy en libertad y ya estén sucediendo estos extraños episodios.

—Has hablado en plural —murmura inquieto.

Y yo sí que me siento así.

Termino mi baño explicándole lo sucedido con el mensaje al móvil de mi mujer y pienso al mismo tiempo, cosas que no querría tener que pensar jamás.

No estoy para nada orgulloso de haber matado a un ser humano por defender a mi mujer, pero no tenía alternativa.

Aquella noche en la prisión fui a advertirle a esa mujer que dejara en paz a Samantha. Que le pagaría lo que fuera con tal de salvar a mi esposa de su obsesión y las cosas salieron distintas a cómo las había planeado.

Me atacó con un arma improvisada de la prisión y terminé matándola. Sin embargo el imprevisto fue que la china, su amante y la misma mujer que también abusó alguna vez de la mía, lo vió todo y amenazó con vengar la muerte de su pareja y lo que ha pasado hoy, a pesar de que ya ni siquiera vivimos en el mismo país, no puede ser casualidad. Estoy seguro que es ella que viene a por nosotros.

—Maldicion, Aaron —masculla Caleb sentándose en mi cama —. Tienes que decirle a Sammy...

—No puedo —me niego mientras me visto —.  Sabes que eso sería un retorno al pasado y ella luchó mucho para superar lo que le hicieron esas mujeres, no puedo llevar allí otra vez.

—¿Y entonces...que harás?

Me abrocho los zapatos y tomo mi móvil para iniciar el protocolo de seguridad.

—¡Connor, en mi oficina esta misma noche!¡Protocolo de emergencia!

Caleb se cubre el rostro con las manos porque sabe que estoy siendo extremista pero no puedo cometer errores. Ahora no.

Sacaré a mi esposa del país, le quitarán su libertad de acción y no podrá hablar con nadie más que la familia,  además de que todo lo que haga o diga será monitoreado por el equipo de seguridad.

—Sammy se va a mosquear —me advierte mi amigo con sorna.

—Pero seguirá a mi lado... es mía. Completamente mía y no voy a permitir que nada ni nadie me la quite o la lastime otra vez.

Por mucho que se moleste, ella se mantendrá a mi lado y eso es todo lo que necesito para mantenerla a salvo y a mi hija también.

—Todavía no me has dicho qué fue lo que pasó allá abajo —le recuerdo a Caleb mientras arrugo la nota y la guardo en mi short para llevarla a la trituradora de papeles de mi despacho cuando baje.

—Es que viendo lo que acabas de hacer, no sé como reacciones cuando lo sepas.

Samantha

—¡Pero, hija...!—exclama mi padre  ayudándome a levantarme del suelo con Samira en brazos.

—Lo siento papá, es que había una abeja y pensé que picaría a la niña, me resbalé y bueno... al final no fue nada.

Me acomodo la ropa y doy unos saltitos con la niña encima para calmar su llanto. He puesto nerviosa a mi hija y no ha pasado nada, quizás todo sea motivo de mi histeria por unos mensajes que bien pueden ser de un equivocado.

Vivo en una mansión enorme, nadie que no esté dentro de ella puede verme como voy vestida y encima apuntar con un arma es imposible con la cantidad de guardias que tenemos. Si parece esto la casa blanca y yo la primera dama. Es que de seguro tengo incluso más seguridad que ella.

—Pasen tíos, no se queden ahí.  Fue un susto nada más.

Nos besamos con cariño, después de tanto tiempo y le sostengo la cabecita a mi hija que aún suspira por el repentino llantén al que la orillé con mi paranoia.

Y entonces veo entrar también a un invitado que no esperaba... mi primo Dustin. El hermano de Cindy.

—Hola, Sammy...estás  preciosa. No parece que han pasado dos años de no verte y que linda hija tienes.

Le besa la frente a mi niña y me doy cuenta que mis tíos ni la miraron.

Pero bueno, nunca fuimos muy allegados la verdad y con lo que pasó con su hija, es entendible que sean reservados conmigo.

—¡Oye...! —me detiene Dustin con intriga — Es posible que mis padres no lo comenten pero mi hermana ha escapado del psiquiátrico hace dos días. Te lo digo para que estés atenta.

Aprieto a mi hija contra mí con miedo. Todas las imágenes de la última vez que estuvimos frente a Cindy me regresan de golpe y un escalofríos recorre mi columna indicándome que debo estar alerta y que tal vez ese mensaje sí tiene mucho que ver conmigo.

Entonces, en ese justo instante recuerdo que había llegado otro cuando caí al suelo y que todavía no lo había leído.

El caos se apoderaba de mi vida de nuevo y todo, en una misma mañana.  Tal y como antes lo había hecho en una misma noche.

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