Si lo hacemos más despacio

PDV Kevin:

La voz de Jennifer sonaba calmada y su rostro exhibía una sonrisa de satisfacción. Yo, por el contrario, me sentía aturdido. Su deslumbrante sonrisa me impedía mirarla a la cara.

¿Qué clase de disparates estaba diciendo? ¿Cómo podría ser ella la hija del decadente Alfa Lewis Smith de la manada del Arcoíris? ¿Acaso no era una humilde esclava? ¿Cómo podría correr por sus venas la sangre de un Alfa?

Mi lobo interior se quejó: "¡Idiota! ¿Cómo pudiste rechazar a la hija de un Alfa?".

"La manada del Arcoíris ya tiene un nuevo Alfa. Esa chica es solamente una humilde esclava, que no merece ser mi Luna. Hice bien en rechazarla", le respondí tercamente. Pero entonces, ¿por qué estaba tan furioso?

"Eres un imbécil. Ahora te arrepientes, ¿verdad?", se burló de nuevo mi lobo.

"¡Maldita sea! ¡Cállate ya!", le dije.

¿Arrepentirme yo? Yo era el futuro Alfa. No había mujeres loba en la manada que no quisiera acostarse conmigo. ¿Por qué me arrepentiría de haber rechazado a una simple esclava? No tenía ningún sentido.

"¿Puedo irme ahora?", la escuché preguntarme.

Sus ojos me miraban con evidente desdén e impaciencia.

Me entraron ganas de agarrarla y follármela violentamente, para castigarla por su irreverencia, pero no podía soportar su mirada altanera.

"¡Vete a la mierda!", gruñí.

Jennifer se encogió de hombros y salió del baño sin siquiera mirar atrás. Era evidente que no tenía ninguna intención de quedarse. Ya había notado que ella me evitaba cada vez que podía.

No obstante, la visión de su delgada y elegante espalda hizo que me excitara. Impotente, rugí y golpeé la pared.

La ira amenazaba con dominarme.

¿Cómo se atrevía esa perra a mostrarse indiferente conmigo? ¡Era inaceptable!

PDV Barbara:

Esa zorra, Jennifer, nos interrumpió a Kevin y a mí cuando estábamos follando. Peor aún, mi compañero parecía estar interesado en ella. ¿Cómo podría soportar semejante insulto?

Yo provenía de una familia noble y conocía a Kevin desde pequeña. Además, ya había decidido que algún día sería su Luna.

El Alfa Norman siempre me había tratado con simpatía. Si le presentara alguna queja sobre Jennifer, seguro que la castigaría.

No lo pensé más y corrí rápidamente hacia su oficina. Justo antes de entrar, me detuve, y en un ejercicio de actuación me concentré en soltar algunas lágrimas. Cuando logré que mi rostro inspirara lástima, empujé la puerta y penetré en el interior.

"Barbara, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? ¿Alguien se atrevió a maltratarte?", preguntó con preocupación el gran Alfa Norman.

"No es nada", murmuré, bajando la cabeza respetuosamente. "No era mi intención preocuparlo".

"¿Quién te hizo daño? No tengas miedo de decírmelo. ¡Quienquiera que sea, le daré una lección!". El poderoso líder de la manada se puso de pie y acarició suavemente mi cabeza.

"Fue... Jennifer". Mientras decía su nombre, mis ojos rojos dejaron caer otro par de lágrimas de cocodrilo. "Ayer, se robó mi collar de perlas. Le pedí que me lo devolviera, pero ella se negó, y hasta tuvo el atrevimiento de decirme que me iba a patear el trasero. Logré recuperarlo, ¡pero ella me amenazó y casi me abofeteó! Y lo que es peor, intentó seducir a Kevin. Ella me dijo que estaba destinada a ser su pareja...".

Hice una pausa para observar el efecto de mi historia, como si no pudiera soportar continuar hablando.

"Lo siento, Alfa Norman. No debería de haber venido a molestarlo por semejante insignificancia...".

Cuando levanté la mirada y le eché un vistazo al rostro del Alfa, vi que estaba a punto de explotar de la ira.

"¡No es ninguna insignificancia! ¿Cómo se atreve una humilde esclava a amenazarte? ¿Y también pretende quitarte el puesto de pareja de Kevin? ¿Quién se cree que es? ¡Una esclava tan desvergonzada y malvada debe ser castigada!", dijo gravemente antes de dirigirse a sus guardaespaldas. "¡Tráiganme a Jennifer!".

No les tomó mucho tiempo encontrarla, en menos de 10 minutos la loba estaba en la habitación. Su ropa vieja y raída la hacían parecer una mendiga.

Al verla caminar hacia el sofá, el Alfa Norman hizo un gesto con la mano. Dos altas y fuertes mejeres loba la agarraron por detrás y la abofetearon varias veces.

El sonido de los golpes me llenó de satisfacción, aunque me guardé bien de exteriorizarlo.

"Señor, ¿por qué me hacen esto?", preguntó Jennifer confundida, cubriendo con sus manos las enrojecidas mejillas.

"¡Este es el castigo por ofender a Barbara!", respondió el viejo lobo con el ceño fruncido. "Nunca te olvides de que eres una esclava. Recuerda, la próxima vez que te atrevas a cruzar esa línea, no seré tan amable contigo".

Enojada, Jennifer trató de explicarle. Sin embargo, como había calculado, el irritado Alfa no le dio la oportunidad de hablar.

"Dentro de dos días, el señor Anthony Jones vendrá a seleccionar a nuestros mejores hombres lobo, para que asistan al adiestramiento que tendrá lugar en el campo de instrucción real. Jennifer, será mejor que te prepares para la ceremonia de bienvenida y para las pruebas. ¡No lo arruines o te despellejaré viva!".

"¿Puedo participar en las pruebas?", preguntó la esclava con los ojos llenos de esperanza. Parecía que ya se había olvidado de la humillación que acababa de sufrir.

Su insólita petición casi me hizo estallar en carcajadas. El Alfa Norman la miró de arriba abajo, sin ocultar su desprecio.

"¿Tú? ¿Quién diablos te crees que eres? ¿Cómo crees que le permitiría a un esclavo participar en las pruebas organizadas para los guerreros de élite? ¡No seas ridícula! No estás calificada para algo semejante. Mejor dedícate a tu trabajo. No dejes que se te suban los humos a la cabeza", gruñó.

Me sentí muy contenta de ver cómo ponía a Jennifer en su lugar.

"Solo los hombres lobos de noble linaje son capaces de superar esas pruebas. ¿De veras piensas que te mereces una oportunidad como esa?", agregué socarrona, mirando su rostro pálido.

"¿Y si yo fuera capaz de superar las pruebas?", dijo Jennifer con firmeza.

"¡Ni lo sueñes!", repliqué enfadada. "¡Lo único que se merece una esclava insolente como tú es que la muelan a golpes!".

"¿Piensa que es de sangre noble? ¿Cómo se atreve a decir semejantes tonterías frente a nuestro líder? Si solo soy una humilde esclava, ¿por qué anda siempre poniéndome zancadillas? ¡Es un ser despreciable!", dijo fulminándome con la mirada.

"¿Que tú, una esclava, me menosprecias a mí?", le espeté llena de rabia. Sin pensarlo dos veces, le salté encima como un animal salvaje. "¡Perra, destrozaré esa boca insolente!".

En ese momento, solo deseaba despedazarla.

Me abalancé sobre ella, agarré su cabello y traté de arañar su impecable rostro. Sorprendentemente, la esclava se defendió de mi acometida con maestría. Bloqueó mi ataque con el codo, me pateó en el vientre y arañó profundamente mis brazos.

Gruñendo de dolor, me doblé para proteger el vientre y miré mis ensangrentadas extremidades. Me volví loca de la frustración y de la impotencia.

"¡Perra! ¿Cómo te atreves a lastimarme? ¡Maldita!". No me importaba que mi impecable cabello estuviera desordenado.

Sabía que mi apariencia debía de ser terrible en este momento, pero todo era por su culpa. No esperaba que una esclava pudiera derrotarme tan fácilmente.

"Señorita Barbara, usted se lo buscó", me dijo Jennifer con frialdad.

Finalmente, el Alfa Norman dio por terminada nuestra pelea con un gruñido. "Jennifer, prepárate para las ceremonias. No te lo volveré a repetir".

Parecía que no pensaba castigar a esa perra esclava. Mi plan estaba arruinado, no había podido lograr mis propósitos. Tendría que encontrar otra forma de castigarla. Lo único que me importaba era convertir su vida en un infierno. De repente, entre el dolor y la frustración, se me ocurrió la idea perfecta.

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