Nehemiah, con sus manos finas y suaves, acarició delicadamente el rostro dormido de Cara.
"Qué preciosa eres. Tienes una piel tan suave y un rostro tan agradable que seguramente, algún día, tu linda carita te hará famosa", calificó como si estuviera hablando de algún tipo de mercancía. Él estaba bastante seguro de que se despertaría enseguida: después de todo, le estaba dando a entender con sus palabras que aceptaba la oferta de tomarla a cambio de un lugar en su nueva película.
Sin embargo, la chica yacía inmóvil en la cama, a excepción de sus labios rojos que se movían sutilmente, como si estuviese comiendo algo en sus sueños. De repente, la comisura de su boca se movió levemente dibujando una delicada sonrisa en su rostro.
Cara solía manejar bien la bebida por lo que, normalmente, tenía suficiente autocontrol y sabía evitar escenas vergonzosas incluso estando realmente borracha. Lo que ella no sabía era que un depredador la observaba desde la distancia, como si estuviera planeando cómo conquistar su presa.
"Oh, ¿quieres jugar conmigo?", dijo Nehemiah, tentado por el silencio de la belleza que se mantenía dormida en la cama. Frunció el ceño y sus ojos hundidos se exaltaron mientras continuaba mirándola fijamente.
Siendo el director de una empresa tan importante y un hombre de negocios tan rico y poderoso, no era ajeno a él que las mujeres atractivas se le insinuaran sexualmente, aunque solo pocas habían logrado llamar su atención, incluyendo a un número muy reducido de mujeres provenientes de familias ricas o de chicas bonitas que formaban parte de la industria del entretenimiento.
De todas maneras, Nehemiah estaba acostumbrado a recibir bastante atención de forma constante.
"Sé que solo estás fingiendo. Despiértate", le dijo
con un tono de voz que retumbó dentro de la habitación.
"Cállate, ¡solo quiero dormir!", respondió la chica
que permanecía indiferente a pesar de que aquel hombre sonaba tan frío y serio. De hecho, su voz solo se sumó a su molestia cuando escuchó a alguien hablar en sus sueños.
"¿Oh? Ya veo que eres una buena actriz", dijo
Nehemiah riéndose entre dientes. Él sabía que Cara lo había hecho a propósito para aumentar su interés pues, de no ser así, ¿cómo podría sentirse tan afectado por escucharla hablar?
Tampoco parecía ser una coincidencia que se emborrachara tanto y aun así lograra encontrar el camino hasta su habitación para dormir en su cama.
La chica hizo un leve movimiento que lo sacó completamente de sus pensamientos. A estas alturas, su abrigo ya se había caído de sus hombros, lo que dejaba al descubierto la camisola que llevaba debajo. Nehemiah no pudo evitar aclarar su garganta al ver su pequeña figura, piel suave y la silueta de sus delicados pechos apenas cubiertos por su blusa. Sintió que su cuerpo se calentaba y que su mirada era atravesada por la lujuria.
En su mente, creía que la mujer frente a él estaba fingiendo su estado de embriaguez. Para él, había dos posibles razones por las que decidió presentarse así: la primera, alguien trataba de encontrar su punto débil y pensaba que enviando a una chica hermosa a su habitación lo lograría; y la segunda, aquella mujer solo quería usarlo para hacerse famosa. Cualquiera que fuese la razón, Nehemiah no era alguien que se preocupara por tales asuntos, podría resolver fácilmente ambas situaciones usando su poder y sus influencias. Además, nadie se atrevería a enfurecer a un león en su propia guarida.
Ver un rostro que, simplemente durmiendo frente a él, presentaba tanta belleza que era algo de otro mundo: definitivamente disfrutaría hacerle las cosas que normalmente hacía con otras mujeres.
Sin vacilar, tomó a la mujer en sus brazos y dijo: "Vamos a darnos un baño juntos".
Su voz se volvió significativamente más grave y ronca.
Los ojos de Cara permanecieron cerrados, haciéndola parecer mucho más frágil y hermosa; gracias a la luz tenue de la habitación, sus delicados rasgos resaltaban sin dejar de sorprender a aquel hombre cada vez que la veía, profundizando su mirada hacia ella con cada segundo que pasaba.
En el baño, Nehemiah abrió el grifo para llenar la bañera de agua con los ojos consumidos por el fuego y su corazón latiendo con fuerza de tanta emoción.
"¡Eres una Ninfa!".
Bajó su cuerpo lentamente al agua, pero ella todavía estaba muy borracha y era incapaz de mantener la cabeza erguida: se habría ahogado si él no hubiese levantado su cabeza. El hombre sostuvo con una mano su pequeña cintura y se rio entre dientes con diversión mientras le decía: "Realmente eres una actriz dedicada".
Cara dejó escapar un suspiro de satisfacción mientras disfrutaba sumergida en el agua tibia y agradable.
Ella gimió suavemente y
el sonido que soltó enamoró completamente a Nehemiah, quien ya no podía contenerse de actuar según sus impulsos.
"Eres tan provocadora", expresó aquel hombre
quien, sin poder controlarse más, presionó su cuerpo contra el de ella en el borde de la bañera.
"...".
El alcohol comenzó a disolverse del sistema de Cara trayéndola de vuelta a la realidad, la cual
la sobresaltó; cuando abrió los ojos, vio el rostro del hombre inclinado tan cerca de ella.
La delicada chica yacía allí, adolorida e inmóvil, con lágrimas acumulándose en sus ojos.
Nehemiah nunca se imaginó que esta chica todavía era virgen:
"Mujer, si te portas bien, te daré todo lo que quieras. Dinero y coches de lujo, ¡cualquier cosa!".
A pesar de sus protestas, el hombre todavía pensaba que solo estaba montando un espectáculo para tentarlo aún más, por lo que puso todo el peso de su cuerpo sobre el de ella para hacerla suya, aumentando la velocidad en sus movimientos. El hombre nunca supo cómo hacerle el amor a una mujer con dulzura: estaba tan consumido por sus deseos egoístas que no podía contener tanta excitación.
Con toda la fuerza que pudo reunir, Cara logró darle una bofetada en la cara.
"¡Estúpido!", gritó
la chica con miedo en sus ojos.
Nehemiah entrecerró los ojos, lo que indicaba que estaba molesto, y con una mano agarró su cabello con tanta fuerza que ella no pudo escapar. "Deja de fingir que no estás disfrutando esto. Cuanto más te resistas, más fuerte te agarraré".
"¡Me duele!", exclamó
Cara, sonando casi derrotada.
El dolor era insoportable y la debilitaba:
"¡Repugnante! Eres un monstruo. ¡Te demandaré y te expondré en Internet! ¡Te juro que arruinaré tu reputación!", le gritó la joven. No era, en absoluto, como ella había imaginado que pasaría la noche.





