Sí, Acepto Al Matrimonio Contratado

Al día siguiente, el sol de Madrid parecía burlarse de la oscuridad que sentía por dentro. Me reuní con Sofía en una pequeña cafetería cerca del Parque del Retiro.

Tenía los ojos rojos e hinchados, la angustia marcaba su rostro normalmente despreocupado.

"Lina, ¿es verdad lo que me dijiste anoche? ¿De verdad quieres tomar mi lugar?", preguntó, su voz temblorosa.

La miré con una calma que me sorprendió a mí misma. Era la calma de quien ya no tiene nada que perder.

"Víctor y yo hemos terminado", dije, y al pronunciar las palabras, sentí un extraño alivio. "Ya no lo amo".

Sofía me miró, con una mezcla de pena y confusión.

"Pero, ¿casarte con Máximo Sullivan? ¡Nadie lo conoce! Dicen que es un monstruo, que un accidente lo dejó desfigurado y con un carácter imposible. Mi abuelo hizo ese estúpido acuerdo de fusión hace años, ¡un matrimonio para sellar la alianza! Yo no puedo hacerlo, Lina. Amo a Klaus, nos vamos a ir a Berlín".

Saqué dos billetes de avión de mi bolso y los puse sobre la mesa.

"Tu novio te espera en el aeropuerto. Vete y sé feliz. Una de las dos tiene que serlo".

Las lágrimas rodaron por las mejillas de Sofía. Se levantó y me abrazó con fuerza.

"No sé cómo pagarte esto, Lina. Eres la mejor amiga del mundo".

"Solo sé feliz", le susurré.

La vi marcharse, corriendo hacia su nueva vida. Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que estaba haciendo algo por mí misma, aunque fuera un sacrificio.

Mi siguiente parada fue la calle Serrano, el corazón del lujo de Madrid. Entré en la tienda de vestidos de novia más exclusiva.

"Busco un vestido", le dije a la dependienta.

"¿Para qué fecha es la boda, señorita?", preguntó con una sonrisa profesional.

"Pronto", respondí.

Elegí un diseño minimalista, de líneas puras y tela lisa. Elegante, pero frío. Como un contrato.

"¿No quiere probárselo?"

"No hace falta", dije, pagando con la tarjeta que Víctor me había dado para "emergencias".

Qué irónico.

Sabía que este matrimonio era una transacción. El famoso y temido Máximo Sullivan necesitaba una esposa para cumplir con la cláusula de su abuelo y calmar a los inversores después de su misterioso accidente. Quién fuera la novia era irrelevante.

Yo necesitaba un escape, una nueva vida lejos de Víctor y de la sombra de Isabela.

Era un acuerdo perfecto.

Esa noche, de camino a mi pequeño apartamento, algo me hizo detenerme frente al Hotel Palace. Una multitud de periodistas y fotógrafos se agolpaba en la entrada.

Las luces de los flashes estallaban sin cesar.

"¡Víctor Castillo acaba de ganar la subasta!"

"¡Pagó una cifra récord por una cena con su ex, Isabela Salazar!"

"Cien mil euros, ¡una locura!"

Los murmullos a mi alrededor eran como avispas.

"Pero, ¿no tiene novia? Qué humillación para ella".

"Dicen que nunca la superó. Siempre vuelven con la ex".

"Pobre chica, tantos años de dedicación para nada. La ex siempre gana".

A través de los grandes ventanales del hotel, lo vi. Víctor, de pie, con una tarjeta de crédito negra en la mano y una sonrisa arrogante en los labios. A su lado, Isabela, radiante, con una sonrisa de triunfo absoluto.

Mi corazón, que pensé que ya no podía romperse más, se hizo añicos.

Un impulso masoquista me hizo seguirlos.

No entré, me quedé en la calle, mirando hacia las ventanas iluminadas del hotel. Los vi subir por el ascensor de cristal, hacia las suites más lujosas.

Esperé, sin saber muy bien por qué. Quizás necesitaba ver el final de mi propia historia con mis propios ojos.

Los vi entrar en la suite presidencial. La puerta quedó mal cerrada.

Me acerqué, conteniendo la respiración.

Oí la voz seductora de Isabela.

"¿Por qué hiciste esto? ¿No me odiabas? Admítelo, Víctor. Todavía me amas".

La risa de Víctor fue fría, cortante.

"Te compré para humillarte. Para recordarte que ahora puedo tener todo lo que quiera, incluida tú".

Pero sus palabras de odio se ahogaron en un beso. Un beso desesperado, hambriento.

Observé, paralizada, cómo la empujaba contra la pared. La poseyó allí mismo, con una urgencia animal, una mezcla de amor y rabia que a mí nunca me había dedicado.

Él nunca había perdido el control conmigo. Conmigo, siempre fue cuidadoso, distante.

En el clímax de su encuentro, una única lágrima rodó por la mejilla de Víctor.

Esa lágrima fue mi punto final.

Me di la vuelta y corrí. Corrí sin ver, con el alma rota en un millón de pedazos.

Crucé la calle sin mirar.

El chirrido de unos neumáticos frenando bruscamente fue lo último que oí antes de que el dolor agudo y repentino me envolviera.

Luego, la oscuridad.

Seguir leyendo
Lee la novela completa en Moboreader
UDesbloquear todos los capítulos
Abrir el sitio web oficial
Capítulos
Personalizar

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.