¡Que mal todo!
Ya no era solo, el hecho de tenerlo encima... O sea, encima de mi casa, ahora también lo tendría de cliente.
Definitivamente me faltaba mucho karma malo por quemar.
—¿Nikki?, ¿Te pasa algo? — me preguntaba Robert, obviamente contrariado con mi extraña actitud.
No podía dejar que el supiera que este sexy personaje había tenido un previo encuentro, bastante especial conmigo.
Negué con mi cabeza, más para mí misma que para responder su pregunta.
— Un placer señor, soy Nicole Edwards, su editora.— le ofrecí mi mano esperando que me siguiera el juego.
Y eso hizo, solo que los juegos a él, al parecer, se le daban muy bien.
— Cariño, no disimules, estoy seguro que no te van a echar por ser mi novia. No podías saber que yo era tu cliente. Y además, me estoy gastando una pasta aquí, solo por ti nena.
Abrí mis ojos... Y mi boca.
Menos mal que estaba de espalda a mis jefes.
La mano que le había ofrecido y que se encontraba ahora entre la suya, empezó a sudar y él, tan tranquilo,tiró de mí haciendo que me detuviera justo a escasos centímetros de sus labios .
Mientras yo le decía con mi irritada mirada que no se atreviera, el tío se mordió un labio seductoramente para luego pasar su lengua por él y arrasar con mi boca.
Mis manos se sembraron en su pecho haciendo presión para que me soltara, pero su agarre a mi cintura y mi nuca no me daban ninguna posibilidad.
Ignorando a mis jefes metió su lengua en mi boca y soltó un suspiro que se me contagió.
¡Dios mío, que bien besaba!
Su loción seducía mi cuerpo, su fuerza para agarrarme nublaba mi raciocinio, y su destreza para besar me humedeció la ropa interior.
Estaba perdida...
Un carraspeo nos hizo separarnos; pero el no me soltó, siguió acariciando mi nariz con la suya como si fuera un cariñoso novio...
¡Y mordí su oreja! Fuí a por ella con ganas.
— Si me echan por tu culpa, te lanzo por el balcón con cama y todo.— susurré apretando mis dientes hasta hacerlo quejarse.
— Joder nena, estás agresiva hoy. Sin embargo, me apunto a salir disparado con cama y todo por dónde quieras. Eso sí, contigo encima... O debajo, como tú lo veas.
¡¿Será descarado?!
— Señor Sloan, perdone pero ¿nos podría hacer caso a nosotros por favor? Espero no haya venido solo a visitar a su novia. Menuda sorpresa Nikky.
Ese era Robert, maldito y mil veces maldito karma que me trajo a un loco de vecino. Y lo peor era, que no podía desmentirlo ahora, ¿que iba a explicar?
No podía decir en mi trabajo que me había puesto a jugar a los vecinos cachondos . Que le había enseñado un seno a un cliente. Que además vivía encima de mí y me tenía caliente como hace tiempo no me sentía. Era un cliente muy importante para la editorial.
¿En qué tipo de posición me dejaría eso frente a mi jefe?
¿Cómo demonios iba a explicar que me había dejado besar por un desconocido, y en la sala de juntas. Ya era tarde para eso. No podía hacerlo. O... ¡No quería!
Robert parecía simpático pero con su editorial era bien exigente. Podía perder mi trabajo y lo peor era, que dejaría de tener la opción de continuar mi esquema de pago de mi casa y mi tranquilidad para trabajar sin preocupaciones con la editorial que se estaba encargando de mi libro.
— Sí, disculpen. Es que era una sorpresa para mi chica y se me fué un poquito de las manos. Siento que hayan tenido que presenciar nuestras muestras de cariño. Hace días no la veo y la he echado mucho de menos.
Y el muy soquete, besó mi cuello antes de girarme hacia mis jefes.
Ay dios, la cara de Letty era un poema. Ella era mi amiga, se supone que le contaba todo.
¿Cómo iba a solucionar todo ahora.? Maldito vecino, que ni su nombre me sabía y ya me había metido su lengua hasta la campanilla.
— Robert, de verdad lo siento, yo no tenía idea. Entenderé si quieres que otro editor lleve lo que sigue a partir de ahora. En serio no me voy a oponer.
Internamente rezaba para que así fuera. Era la mejor manera de librarme de este tipo y cruzarle la cara a gusto.
— Señor Forbes, lo que vengo a proponerles estoy seguro, que le resultará tan beneficioso que no reparará en este suceso. Luego de que me escuche no creo que tenga problemas en, entender y apoyar mi relación con su editora.
¿Que?
¿Pero que clase de ser era este?
Cada vez estaba más perdida.
¿De que relación hablaba él?
— En ese caso, por favor siéntense. Empecemos por lo primero— dijo mi jefe y mi amiga me miró con su mirada de... Si te pillo te mato.
El descarado y potencial novio falso, me abrió la silla, invitandome a sentarme, para luego dar la vuelta y ponerse frente a mí.
A mi lado mi amiga, me entrecerró los ojos y me ofreció un vaso de agua.
Esta ya había notado algo. Ella me conocía bien.
— ¿Le parece si me cuenta de que propuesta está usted hablando? — Mi jefe había entrado en modo bussines.
— Debido al buen trabajo que he podido observar realiza su editorial, a pesar de estar casi empezando y no ser muy grande para el mercado, me gustaría ofrecerle una fusión con una de las mías.
No entendía nada, y al parecer mis jefes tampoco.
El vecino sexy no dejaba de mirarme y yo debía estar del color de un tomate, me sentía los pómulos arder de los nervios y la sensación de su mirada verde sobre mí.
— ¿Una de las...suyas? — preguntó Letty, claramente extrañada por el plural de la frase.
— Poseo siete editoriales, le aseguro que a pesar de lo bien que me escondo de la prensa, mi segundo apellido les dará una idea de lo que les hablo.
Mirándome a mí y solo a mí dijo...
— Soy Mathew Sloan O'conner.
Si no me hubiese sentado, de seguro ya estaría en el suelo y con las piernas para arriba.
Madre mía, no me lo podía creer.
El maldito era el rey de las editoriales, un imperio en ese campo y ni siquiera eso era lo peor.
Lo peor era, que justo una de sus editoriales, era la que estaba llevando la publicación de mi libro.
Oh, dios que situación.
Ahora sí, se pondrían a sus pies aquí y yo seguiría metida en este lío, que no sabía cómo había acabado metida en él.
Solo había salido a la terraza con un maldito café en la mano, y un pecho asomado al balcón.
A ver porqué no desayuné en mi cama.
— Es un placer señor O'conner, disculpe no haberlo conocido es que no pensé — ya estaba tartamudeando Robert— yo no creí que, justo usted, tan joven, perdón por no reconocerlo. Por supuesto que sé de sus editoriales. Sería para mí un placer trabajar con usted.
Ya estaba arrastrándose mi jefe, no era para menos la verdad.
— No tiene problemas señor Forbes, pero si no le molesta quiero seguir siendo Sloan, prefiero mantener mi anonimato.
— Claro, no será un problema, pero dígame Robert, por favor.
Hasta rogando estaba ya. El idiota de Robert rogando y el imbécil de mi vecino mordiendo sus labios sin despegar la mirada de mi boca.
¡Dios que calor!
Empecé a reajustar mi ropa tratando de enfriar mi cuerpo, pero nada, no lo conseguía
La siguiente hora fue horrible.
Yo me sentía arder, de la intensidad de su mirada, de sus mordisquitos a los carnoso labios que poseía.
De todo el proyecto que estaban preparando y del que yo, ni siquiera me enteraba, pues estaba tratando de expulsar a mi vecino de mi mente y su efecto de mi cuerpo.
Es que era muy difícil, cuando el tío era la viva imagen de mi personaje. Mi mente había desarrollado un personaje del que estaba perdidamente enamorada, completamente igual a este sujeto megasexy que tenía delante.
A duras penas conseguí enterarme, de la rápida aceptación a la fusión que manifestó Robert.
Estaba jodida, y más jodida estuve cuando el clon de mi personaje dijo...
— Mientras mi chica esté al frente de todo, no tenemos problemas. Lo único que requiero es su total entrega a mí.
— ¿Te volviste loco , no? De ninguna manera voy a trabajar contigo. — podía tutearlo, llegados a este punto, el falso noviazgo me permitía al menos eso.
— Vamos cariño, tampoco es tan grave. Un poco más de tiempo juntos. Podemos trabajar incluso desde tu terraza que tan bonita vista ofrece. Será maravilloso.
¡Ay que lo mato!
¡Que alguien me aguante,que lo mato!
— Esperaré una semana, en siete días volveré y cerraremos o no, el trato. Todo depende de si podemos entre todos convencer a mi novia.
La mirada de mi jefe era de fusilamiento. Este me asesinaba hoy, fijo.
La de Letty sin embargo era muy divertida. La tía se la estaba pasando en grande a mi costa. Sabía que algo pasaba y se moría por enterarse.
Y el sexy bastardo se encaminó hacia mí, luego de darle la mano a los anteriormente mencionados, tomó mis caderas y pegandonos nuevamente, se acercó a mis labios y rozando mi nariz se despidió con un simple...
— Te veo en casa nena, estaré en la terraza.
Pellizqué sus antebrazos con mis dedos disimuladamente y obtuve a cambio un mosdisco en mi labio superior.
— Está misma noche voy a morder ese pezón que me tiene loco desde que me dió los buenos días esta mañana. Te lo aseguro.— susurró bajito solo para que yo lo oyera en mi oído.
Y ahora sí, dándome un pico se fué.
— Empieza a hablar ahora mismo...





