De haber intentado acercarme a Andrés Santos, de seguro me hubiese despreciado, quizás no me hubiese dejado acercarme a él ni tanto, pero como herí su ego de hombre anhelado por todas, un gran prospecto de hombre prominente. Me siguió, había tomado un vehículo, se tomó la molestía de seguir el auto del Dr. Shane.
No obstante, estaba justo en el momento mas importante de mi vida, el momento en el que al fin el doctor Armando Shane me iba a vaciar sus sentimientos cuando se aparca un vehículo al lado y de ella desciende el señor Andrés Santos.
El doctor Armando Shane me pone detrás suyo, cuando el señor Santos, grita iracundo.
—No puedes tomar la esposa de alguien y salir huyendo, he hecho una denuncia contra ti por secuestro.
—Puedes hacer lo que se te venga en gana. No la apartarás de mi lado. —Asegura Armando, lo cual veo que sin tanto esfuerzo, Andrés Santos pone cara hosca y ojos petuberantes.
Incluso me asusto de ver patrullas rodeándonos, es increíble, las amenazas de este tipo están a la vista.
Lloro con desencanto y con desesperación, trato de explicar al oficial que nadie me ha secuestrado, que yo huí de esa boda, lo cual pone de peor semblante al señor Andrés Santos, su mirada se clava en mi, sus facciones son de alguien que está a punto de acribillar al pobre Doctor Shane.
Y ante la mirada de todos, Andrés me toma del brazo y me susurra al oído, —"Ven conmigo y lo dejaré ir" mi mente se nubla y mis ojos se llenan de agua, y son mis lágrimas cayendo cuesta abajo.
—¡No eres nadie para mí, y no quiero permanecer casada contigo ni un minuto más?Veo como muerde más sus labios, está con un carácter endemoniado este hombre de aspecto bonito, pero de carácter de los demonios.
—Sellaste tu destino a mi al aceptar venderte por tu padre—Me repite sin más. Mientras él doctor Armando Shane es retenido por los oficiales de policía, este tiene toda la libertad de llevarme con él.
Me sube al asiento de atrás, me lleva a toda velocidad, yo solo sollozo sin mirarlo. Pues siento que lo odio a un mar.
Al llegar a la enorme Mansión, un lugar con todo lo inimaginable para vivir como reyes, sí como reyes, no me llama la atención para nada, había una fiesta a medias, pero al entrar nosotros, todos nos miran con ojos espectantes, no sé de qué.
El gran berrinche que hace el tal Andrés Santos es colosal, grita a medio mundo, corre a los invitados, y por su si fuera menos, me toma del brazo y me arrastra hacia las gradas, en eso, al parecer le causé lástima a su abuelo y este interviene por mi, al menos eso creí.
—Andrés, nieto...¿Que haces? Deja a la chica.—Con actitud sobresaltada e irracundo, Andrés lo mira como si tal quiere dar latigazos con la mirada penetrante.
—Me la compraste, ¿No, abuelo? Y ahora que, ¿no quieres que la haga mía? —Su abuelo queda anonadado de su afirmación.
—No te la compré, solo es un negocio en la que ámbas partes salimos ganando.
—Dime...¿Que gano yo con esta arpía de mujer? A un minuto de casarme y me pone los cuernos.
Dejo de llorar y volteo mis ojos al imbécil este, mi garganta pica para decirle sus cuántas verdades.
—Hahahaha—Me río con molestias por todos lados.
—¿A ti, ponerte los cachos? Eso se hace con un verdadero hombre, recuerda tú mismo dijiste, ¡a ti no se te para!—Se lo grito sin reparos.
Pero lo que más me asusta y me desconcierta es su actitud ante mis palabras, el sonríe de medio lado, y me dice :
—Te puedo demostrar que tanto cabizbajo—mientras dice eso se acerca a mí paso a paso, lo cual retrocedo hacia atrás hasta dar con la pared.
Pone ambos brazos de lado a lado y encierra mi cuerpo debilitado, simplemente ya me quiero ir de aquí. Así que cierro los ojos. No era para que me besara, pero lo hace, me besa de manera que diría que estaba anhelando besar mis labios, por que no me suelta y se adentra muy profundo en mi boca.
Empujó, lo hago una y otra vez, parecería que su cuerpo es duro como una roca que no se puede mover ni un centímetro más, al fin que siento que mi mente colapsa, él me suelta, luego se lleva su dedo pulgar a mis labios y la acaricia con suavidad.
Su abuelo solo lo observa desde su silla, no dice ni media palabra, yo corro hacia él, lo miro directo a los ojos y le imploro con voz ahogada.
—¡Abuelo, déjame ir! Ese hombre que dice llamarse mi padre, abandonó a mi madre y a mi, no se preocupó más por mi, lo busqué a mis quince años al quedar huérfana, para que me acogiera, más solo me rechazó y me botó de su casa como a un perro, no merece que yo haga un sacrificio por él.—Mis lágrimas fluyeron con más intensidad.
—¿No eres su hija acaso?—Levanté la mirada para verlo mejor.
—Soy la hija que abandonó, está protegiendo a la hija suya, a la que protege, cree que saldará su cuenta y de paso me está haciendo daño a mi.
—Si tu propio padre hizo eso, ¿Que fichita serías? Um, protege a la pura, y a la impura la lanza , ¿A dónde?—Su cara se vuelve más gélida que nunca.





