Salvada por el Alfa

La oscuridad era densa y opresiva. Luna, con el pulso acelerado, apenas podía respirar por la ansiedad que sentía. A su lado, Axel corría con una velocidad sobrenatural, arrastrándola tras él sin esfuerzo. El sonido de sus pasos era el único ruido que rompía el silencio mortal del bosque, y Luna, atrapada entre la confusión y el miedo, sentía que su vida estaba en manos de un completo extraño.

¿Quién era realmente Axel? ¿Cómo podía moverse así, tan rápido, tan seguro de sí mismo? Algo en su interior le decía que no estaba ante un simple hombre. Cada vez que lo miraba, sentía que el aire a su alrededor vibraba, como si fuera parte de algo mucho más grande. Un animal, sí, pero no un animal cualquiera.

De repente, Axel se detuvo. Luna chocó contra su espalda, pero él no se movió, manteniéndose inmóvil como una roca. Algo había cambiado en el aire. El sonido de la caza se había detenido, como si el bosque mismo estuviera conteniendo la respiración.

Luna miró hacia adelante, pero no vio nada. No había ningún rastro de sus perseguidores, solo la sombra de los árboles que parecían cerrarse a su alrededor. Sin embargo, algo en su instinto le decía que los hombres no estaban lejos. Algo más estaba por suceder.

"¡Detrás de ti!" gritó Luna, señalando frenéticamente con la mano. Pero Axel no hizo ningún movimiento. Su mirada estaba fija, distante, como si escuchara algo que ella no podía oír. Un parpadeo, y antes de que Luna pudiera decir algo más, Axel se giró bruscamente, ya transformado.

Su figura humana desapareció casi al instante, dando paso a una imponente bestia que la dejó sin aliento. El lobo, un animal enorme, cubierto de pelaje negro como la medianoche, se erguía ante ella con una presencia tan poderosa que Luna sintió que la tierra bajo sus pies temblaba. Los ojos dorados de Axel brillaban con una intensidad desbordante, y sus colmillos, afilados como cuchillas, reflejaban la luz de la luna.

Luna retrocedió instintivamente, pero no por miedo. Era un instinto profundo, primitivo, como si el lobo ante ella fuera una criatura tan poderosa que su mera presencia podía aplastarla. Sin embargo, había algo en esos ojos, algo familiar, que la hizo quedarse en su lugar. Axel, en forma de lobo, no era un enemigo, sino un protector. Un protector que había venido a salvarla.

Antes de que pudiera asimilar todo lo que estaba sucediendo, una sombra se movió a través del bosque, un movimiento rápido y furtivo. Luna no alcanzó a distinguir si era un animal o un ser humano, pero no necesitaba saberlo. El peligro aún estaba cerca, acechando en la oscuridad.

Axel rugió, un sonido grave que hizo retumbar el suelo bajo sus pies, y en un parpadeo se lanzó hacia la sombra, disparándose hacia el bosque con una velocidad aterradora. Luna no pudo evitar quedarse paralizada, observando cómo el lobo desaparecía entre los árboles, su figura mezclándose con las sombras de la noche.

El tiempo parecía detenerse mientras ella se quedaba sola, con el eco del rugido de Axel aún resonando en sus oídos. La adrenalina, combinada con el miedo, le llenaba el cuerpo, y por un momento, pensó que el miedo la consumiría por completo.

Pero no pasó mucho tiempo antes de que escuchara un grito, seguido por un crujido seco. Luego, un rugido más fuerte, seguido de una serie de golpes, como si una lucha brutal se estuviera desatando en algún lugar no tan lejano. Luna, aterrada, comenzó a caminar en dirección al ruido, aunque cada fibra de su ser le pedía que no lo hiciera. No tenía idea de qué estaba sucediendo, pero algo en su interior le decía que no debía huir. No ahora.

Avanzó con cautela, sus pasos se volvían más pesados a medida que se acercaba al lugar de la pelea. La luna llena brillaba por encima de ella, iluminando el bosque de manera inquietante. Cuando llegó al borde de un claro, vio la escena.

Axel, transformado nuevamente en humano, estaba luchando contra una figura encapuchada. Luna no pudo ver mucho de la figura, solo una silueta borrosa y los movimientos rápidos de ambos, pero lo que sí pudo distinguir era la ferocidad de la lucha. Axel estaba herido, una mancha de sangre oscura manchaba su camiseta rota, pero no parecía rendirse. Luchaba con la rabia de un animal acorralado, sus ojos dorados brillando con una intensidad peligrosa.

En ese instante, Luna comprendió lo que él era. No solo un hombre, no solo un líder de manada, sino algo mucho más grande, más salvaje. Y ella, inexplicablemente, sentía que estaba conectada con esa bestia. Que estaba, de alguna manera, ligada a su destino.

En un movimiento repentino, Axel derribó a la figura encapuchada, su cuerpo golpeando el suelo con un sonido sordo. El hombre encapuchado soltó un gruñido de dolor, pero Axel no le dio tiempo a levantarse. Se posicionó encima de él, sujetándolo con una fuerza sobrehumana mientras sus colmillos se acercaban al cuello del intruso.

Luna, que observaba desde la distancia, sintió una oleada de emoción que la sorprendió: no era miedo, ni asombro, sino algo más profundo, algo visceral. Y en ese momento, un grito de agonía, no humano, rompió el silencio.

"¡No!" gritó Luna, corriendo hacia ellos, su corazón latiendo con fuerza. Axel, al escuchar su voz, levantó la vista un momento, congelando el tiempo con su mirada dorada.

"¡Luna!" Su voz era grave, casi gutural, como si algo dentro de él se hubiera alterado al ver que ella estaba allí. Pero no hubo tiempo para más palabras. En un suspiro, el hombre encapuchado, al darse cuenta de que Axel lo había capturado, comenzó a murmurar palabras incomprensibles.

"¡Déjalo, Axel!" Luna corrió hacia él, de alguna manera sintiendo la urgencia en su pecho, como si algo más grande estuviera en juego. Axel la miró fijamente y luego, con una rapidez aterradora, giró su cuerpo, y con un rugido ensordecedor, destrozó al hombre encapuchado. La figura cayó al suelo inerte, y el aire pareció calmarse inmediatamente.

Luna se quedó en silencio, observando cómo Axel se levantaba de encima de la figura muerta. La rabia y el peligro en sus ojos desaparecieron tan rápido como habían aparecido, pero Luna, por alguna razón, ya no sentía miedo de él. Ahora, solo había una sensación extraña de conexión, de pertenencia.

Axel caminó hacia ella, sus pasos firmes, y al llegar a su lado, se detuvo. La miró en silencio, y por un momento, Luna pensó que iba a decir algo. Pero no lo hizo. En lugar de eso, la miró de nuevo con esos ojos dorados, profundamente fijos en ella.

"Estás a salvo," dijo finalmente, su voz suave, pero llena de una intensidad que no dejaba lugar a dudas. "Pero esto no ha hecho más que comenzar."

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