Romance en Trayecto

Conseguí terminar las presentaciones del viernes, antes de lo esperado, el jueves por la mañana ya lo tenía todo organizado, y dediqué el resto del día a supervisar las campañas que ya estaban realizándose, reuniéndome con los fotógrafos y editores. También tenía una reunión con el jefe, Antonio, para hablar de las vacaciones, ya las teníamos distribuidas, pero como ya empezaban a ir algunos compañeros, teníamos que suplirnos para cubrir todo el trabajo. A mí no me tocaban las vacaciones hasta finales de temporada, primeros de septiembre, fechas en las que nos vamos pocos, y aun estando de vacaciones siempre supervisaba mi trabajo a distancia, dejaba todos los proyectos organizados, y solo tenía que ir llamando para asegurarme de que fuesen bien. Si tenía visitas las pospondrían hasta mi regreso. Antonio Mero es un buen jefe, estricto, pero me apreciaba y teníamos buena relación. Me esforzaba en mi trabajo y lo valoraba, a pesar de que a veces creía que estaba en ese puesto por influencias, yo demostraba que estaba por mi trabajo y me esforzaba en más por ello.

Como sabía con antelación que después vería a Marc, elegí un vestido de corte clásico, corto y ajustado, perfecto para la oficina, pero también muy favorecedor para salir después, tuviera el plan que tuviera… a no ser que fuera hacer deporte u otra actividad similar, entonces tendríamos que pasar por casa a cambiarme de ropa.

Cuando salí de la oficina estaba esperándome en la puerta del edificio, vestía elegante y moderno. Me alivié, iría bien para lo que tenía planeado. Nos besamos brevemente, y le pregunté intrigada.

- ¿Dónde vamos? Vas muy guapo!

- Aquí cerca… estás preciosa, no tardaremos.

Caminamos en dirección opuesta al centro, en esa dirección se encuentran diferentes galerías de arte, pequeños estudios de algunos artistas que dan clases, y tiendas variadas, pero con artículos peculiares, algunas de decoración, otras de mobiliario selecto, etc. Entramos en un portal, en el cual no había ningún cartel, nos dirigimos al bajo. En la puerta se encontraba un vigilante, Marc le dio su nombre y miró la lista antes de dejarnos pasar. Era extraño, y estaba intrigada y nerviosa por saber dónde entrabamos.

Nada más entrar un chico que vestía con traje de colores llamativos saludó animadamente a Marc, él le respondió y me presentó.

-Hola Julius!! Qué éxito la presentación…. ¡Cuánta gente! – le comentó Marc, el lugar estaba casi lleno, y aun no sabía que hacíamos ahí.

-Si!! ¡Estoy muy emocionado, han venido todos los invitados! ¿Quién te acompaña?

- Es Annie, una… amiga- titubeó, realmente nos estábamos conociendo y aun no habíamos hablado de etiquetas, cosa que yo apreciaba, no me gustaban. Le sonreí a Marc, aliviándole.

-Hola, encantada de conocerte. - y le di dos besos, como es costumbre. Él me abrazó y cogiéndonos del brazo a mí y a Marc nos metió dentro del local.

Nos colocó enfrente de un gran cuadro en la pared… y nos habló animadamente sobré él. Miré a mi alrededor y pude ver que estábamos en una exposición de arte, era el día de la presentación, por eso lo de la lista de invitados en la entrada, y donde estábamos parecía ser la obra central de la exposición. Era un estilo muy atrevido, surrealista, pero al verlo impactaba y gustaba. Julius era el artista, y se notaba que estaba orgulloso y nervioso por el gran día. Tenía talento. Al poco vio otro conocido, se disculpó y nos dejó a solas admirando los cuadros. El local era una galería, pero sin carteles fuera que la marcaran, solo podían acceder los que la conocían, era un poco peculiar, pero sabía que por la zona había algunas galerías así, consideradas más exclusivas.

-Te gusta el plan Annie?

Me giré para mirarle, sus ojos me penetraban.

-Si, es fantástico. Me gusta mucho el arte, Julius tiene mucho talento. ¿Desde cuándo le conoces?

- Mmm… desde hace mucho, mucho tiempo. Éramos niños cuando le conocí, y siempre supe que llegaría lejos. A ver cómo le va su primera presentación, pero sé que tiene talento, se ve.

Me dejó sorprendida, lo conocía desde hacía poco, pero no habíamos hablado de arte, y por lo visto era algo que ambos teníamos en común. Tomamos una copa de cava y algunos aperitivos y estuvimos mirando todos los cuadros que allí había, y hablando. Al rato volvió Julius a ver como seguíamos, acompañado de otra amiga, que también Marc conocía, y entonces nos dimos cuenta de que ya casi estábamos solos… habían marchado casi todos. Nos despedimos, y salimos a cenar. Una tarde maravillosa, de nuevo. No quería despedirme, no quería que se fuera. Pero siendo realistas, debíamos madrugar para trabajar. No podía ser, estaba yendo todo demasiado rápido, era demasiado bonito, y eso me daba un poco de miedo, a la vez que no quería evitarlo, quería vivirlo intensamente, aunque luego resultara una ilusión, o acabara.

Estaba nerviosa, me costaba dormirme. Cuando ya casi estaba logrando quedarme dormida, sonó de nuevo el timbre, de madrugada, insistente. Esta vez no encendí la luz, a ver si sorprendía al que estuviera molestando. Pero de nuevo, nadie. Quien fuere la había tomado conmigo, o con mi timbre.

Por fin llegó el viernes. El día de la gran presentación, aunque no era hasta última hora de la mañana. Me pasé hasta entonces repasándolo todo, mirando que no hubiera ningún fallo, revisando el equipo de la sala de presentaciones. Noa y Derek me llamaron para que tomara con ellos un café, a media mañana, aunque bromearon diciéndome que me lo tomara descafeinado. Estaba más nerviosa de lo habitual, y no era la primera presentación que hacía a una gran compañía, pero esta vez había hecho un trabajo extra, combinando todas las ideas de las otras tres presentaciones por libre, y esperaba que aprobaran alguno, a estos nervios se sumaba el dormir poco, y el molesto bromista de madrugada, que me empezaba a preocupar. Me sentó bien el rato de desconexión con mis compañeros, y su animada charla.

Y llegó el momento, la hora de la presentación. A ella asistimos varios miembros de la junta de la marca, mi jefe Antonio, un ayudante y yo. Después de la presentación, los asistentes estaban serios, así que les dejamos un rato a solas, para que hablaran y decidieran. Al volver a entrar, me alivió cuando elogiaron el trabajo hecho. Pensé que no aprobarían nada. Hicieron especial mención al trabajo extra, la que unía todas las ideas, la que más gustó, pero querían una campaña que abarcara varias visiones, por lo que querían llevar a cabo todas, al unísono. Era una gran campaña de difusión de la marca y sus productos, en los que en cada una abarcaba algo, y en la cuarta, unía todas las ideas, me quedé parada, antes nadie había querido hacer tantas a la vez, pero era lo que querían, y tenía sentido por el lanzamiento de nueva imagen y proyección de la empresa. Tocaban unas semanas de mucho trabajo, ya que tendría que estar preparada en pocas semanas, justo después de mis vacaciones, y eran cuatro campañas conjuntas, que saldrían en cartelería, prensa, televisión y radio.

Celebramos el acuerdo con los clientes, y una vez se fueron, Antonio me felicito especialmente. No le había mencionado la cuarta presentación, y fue una sorpresa para él también, pero le alegró mi iniciativa y la decisión del cliente.

Salí a comer con Noa, Derek y un par de compañeros más, a la cafetería que había frente al edificio, solíamos ir allí. Al volver a la oficina, había un ramo de siete rosas rojas en la recepción, esta vez con nota. Noa nada más verlo me miró a mí, alegando que serían mías. Le pedí que lo mirara, que igual no, pero si, eran de Marc. En la nota ponía:

“para la hermosa Annie, por esta semana… ¿juntos? Nos vemos pronto”

Vaya… por lo visto, tendríamos que hablar de nuestra relación, le explicaría que no me gustan las etiquetas en las relaciones, supongo que después de varias decepciones soy un poco reacia a estas cosas. Pero no pude evitar poner cara de boba con las rosas y su nota. Las puse en mi escritorio. Poco después recibí una llamada de Marc. Le agradecí el detalle, y quedamos por la tarde, solo que tardaría un poco en llegar, así que le sugerí quedar en el bar donde suelo ir con los compañeros de trabajo, estaría allí con ellos hasta que llegara.

El bar donde solemos ir los viernes después del trabajo es un sitio cercano, tipo irlandés, con variedad de cervezas, y mesas de billar, futbolín y dardos para pasar el rato. A mí me gustaba especialmente el billar, y Derek siempre me retaba a alguna partida apostando alguna cosa, normalmente pagar la cuenta o invitar a una ronda. Justo estábamos jugando cuando llegó Marc, yo estaba de espaldas, esperando la jugada de Derek, cuando sentí que me cogían por la cintura, me recorrió un escalofrío, que reconocí de inmediato y supe que era Marc, sin siquiera girarme. Me giré para besarle, y Derek fallo el tiro. “me toca” le dije a Marc, y continué la partida, mientras el me miraba desde una banda. Entre turnos iba donde estaba él, se lo presenté a los demás, y se mezcló charlando y esperándome. Una de las veces que esperaba mi turno me dijo:

- No te das cuenta, ¿verdad?

-De qué? - le contesté, no tenía idea a que se refería.

Me sonrió, y besó, pero no me contestó. Me quedé pensativa, y continué la partida… me salió una carambola que no esperaba, pero puse cara de póker, como que la había hecho adrede, y gané la partida. Derek no tenía buen perder, pero le prometí la revancha otro día. Nos despedimos de todos y salimos del bar.

-De que no me doy cuenta? – le pregunté, recordando su pregunta mientras jugaba. Se mordió los labios, me agarro atrayéndome hacia él y me contesto:

-Me provocas constantemente… y no te das cuenta- y me besó apasionadamente. Me derretía en sus brazos. Nos frenamos suavemente, recordando que estábamos en la calle, a la puerta del bar.

-Donde quieres ir? - me preguntó.

-A mi casa… hoy te hago yo la cena. – puso una extraña cara, recordando mi nevera la última vez. - no me mires así, he hecho la compra, la nevera está llena, no te preocupes.

Nos dirigimos a mi casa, tenía pensado en prepararle unas tortas de maíz, y varias cosas de relleno, para hacerlas al gusto. Se ofreció para ayudarme en la cocina, se defendía bien en ella. Le pase unos vegetales para que los fuera cortando en tiras, mientras yo preparaba un poco de pollo sazonado a tiras en la sartén. Lo dispuse todo por separado: pollo, lechuga, zanahoria, unas tiras de cebolla, pimientos, varias salsas y quesos. Calenté en la plancha las tortitas, y pusimos todo en la barra de la cocina, acompañándolo de un vino espumoso rosado. Marc me pidió algún cubo o algo para poner la botella en hielo, le indiqué que tenía uno y en donde, pero no lo encontraba, miro en más armarios, y finalmente la encontró en un armario alto, encima de la nevera. Era extraño que estuviera allí, ya que me cuesta llegar a ese armario y no guardo casi nada ahí, al igual que tampoco podían haber sido mis amigas, tampoco llega ninguna. No le di más importancia, y nos pusimos a cenar.

No sabía si le gustaría, pero así fue, por suerte. En toda la cena no paramos de tontear, y no llegamos a terminarla, era imposible con él, y estando a solas… el deseo que me provocaba era superior a mí, y creo que a él le pasaba lo mismo.

-Muéstrame más de ti…- le susurré mientras nos desnudábamos el uno al otro, insinuándole que no se controlara conmigo lo que fuera.

-Hoy no, hoy quiero tu dulzura, llevo esperando toda la semana… ha sido difícil resistir…- me suplicó.

Y nos sumergimos en un torbellino de dulce pasión, caricias sinfín y éxtasis, aun notando que reprimía algo, pero lo disfrutamos, los dos. Otro día me mostraría más como era, quería ver qué era lo que no me mostraba aún.

No dormimos demasiado en la noche, no podíamos reprimir la pasión que sentíamos juntos, tan solo rozándonos la piel.

Nos levantamos a media mañana, le propuse ir al centro comercial para desayunar, y planeaba llevarlo a una tienda algo especial que allí había, con la intención de que allí me revelara algo más de él. Le agradó la idea… desayunar, pasear, comprar… pintaba bien. Donde pretendía llevarlo, sería una sorpresa.

Lo fui dirigiendo hacia la tienda sin que se diera cuenta, admirando escaparates y entrando en alguna que otra tienda de ropa, bisutería y decoración. El local estaba algo apartado de la zona central del centro comercial, era al aire libre, y tenía varias calles no demasiado transitadas, ésta era una de ellas. Me paré al frente de la puerta. Se trataba de un Sex-shop.

-Entramos? - me miró sorprendido

-En serio? ¿Quieres entrar aquí? – asentí sonriente y entré sin esperarlo. Seguidamente entro tras de mí

-Quiero saber que te gusta… Quiero saber todo de ti, y si hay algo aquí que te gustaría… - se mordía el labio, pero sonreía, estaba encantado de la situación.

-La verdad es que tengo algunas cositas, como esto, - señaló un pequeño látigo, extrañamente no me sorprendí- y algunas esposas suaves, claro… pero sí que me gustaría tener algo. – se puso a buscar por la tienda.

Al rato dio con lo que buscaba, era un columpio de cuero negro, con los interiores de los agarres en terciopelo rojo. Muy atrevido, pero me gustó. Lo cogí.

-Te gustaría algo más? – me miró con sorpresa, viéndome tan tranquila y animada con el momento.

-Por qué lo coges? ¿Te lo compras? si quieres seguimos mirando, pero por mí no, quiero ir a otro sitio. – me lanzó una de sus miradas penetrantes y sonreía, lascivo.

-Te lo regalo. Vámonos – le seguí.

Pagamos en la caja, nos lo metieron en una discreta bolsa opaca sin publicidad, eran detallistas.

Al salir de la tienda me llevo adentrándonos más en la pequeña calle, no había salida, así que no sé adónde iba. Abrió una puerta, en la que ponía una señal de sala maternal, me dejé llevar, no sabía que hacíamos ahí. Dentro se encontraba un par de butacas, un baño, una pequeña cocina con lavabo, microondas y encimera, era una sala pensada para familias con bebes, donde podían amamantar, calentarles la comida o cambiar los pañales. Debieron situarla al hacer el centro, sin pensar que en esa zona finalmente no pasarían familias por allí, por el tipo de tiendas que había cerca. Marc cerró la puerta con pestillo, me agarró contra él apasionadamente y me subió al mármol, besándome y quitándome la blusa, haciéndome enloquecer con su mano en mi entrepierna, le seguí e hice lo propio con él, me bajó y me giró bruscamente, me penetró estando de espaldas a él, apoyada en el mármol frio a contraste con la alta temperatura de mi cuerpo. Fue más salvaje que veces anteriores, y me gustó. Por fin me mostraba un poco más de él, siendo más agresivo y pasional, pero sin dejar de mirar por mí, porque me sintiera bien y disfrutara.

Se hizo tarde, y decidimos quedarnos a comer en el centro, y luego ir al cine… día completo de centro comercial.

Al irnos me invitó a su casa, así que me llevó con él. Su piso estaba en una buena zona con edificios históricos, algo apartada, pero desde la que se llegaba rápido al centro, en dirección opuesta a mi apartamento. Estaba expectante por ver donde vivía.

Al llegar al portal pude ver que era un precioso edificio histórico, en estos edificios los pisos eran muy amplios con techos altos y grandes ventanales. Entramos en el piso, y si, era un gran piso, amplio, había reformado el interior dejándolo más abierto, con estilo minimalista, buen gusto y cálido. La sala, comedor y cocina era todo un ambiente, con pequeñas separaciones por mobiliario, y una isla en la cocina. Quedé sorprendida, no imaginaba ese buen gusto, no sé por qué. Me hizo una pequeña visita guiada, enseñándomelo todo. Tenía tres dormitorios, seguramente antes eran cuatro y uno lo abrió para tener un gran comedor y sala, uno era el suyo, con baño propio, tipo suite, completo con una gran bañera, otro dormitorio tenía la utilidad de estudio, con mesa, ordenador y estantes con algunos libros, y una habitación más, decorada y preparada, me dijo era para invitados, y un baño más en el pasillo, éste con ducha. Era un piso muy grande, espacioso y luminoso.

Pasamos a la sala de estar y sirvió dos copas con vino blanco, nos acurrucamos apoyando mi cabeza en su pecho, y así estuvimos un corto rato. Estaba en un momento que no necesitaba más, era feliz, y en ese momento me di cuenta de que me estaba enamorando, en muy poco tiempo, casi sin percatarme. Levanté la cabeza para mirarle a los ojos, y ahí estaba, mirándome, con esos ojos que me hipnotizaban y penetraban en lo más profundo de mi ser. Me levantó suavemente la barbilla con la punta de sus dedos, y me besó con extremada dulzura y suavidad, como nunca antes lo habían hecho, tumbándome poco a poco en el sofá, con delicadeza. Sucumbiendo otra vez al placer. ¿De dónde había salido un hombre así? ¿Cómo podía ser en un momento tan dulce y delicado, y al otro momento totalmente salvaje? No lo entendía, pero me tenía totalmente atrapada, me fascinaban ambas caras.

Nos quedamos largo rato relajados en el sofá, desnudos, dándonos suaves caricias recorriendo todo el cuerpo con las yemas de los dedos, besándonos dulcemente. Me levanté para coger agua, solo me puse su camisa, no apartó su mirada de mi en ningún momento.

-Te queda muy bien mi ropa…- acabo diciendo. Le sonreí y llevé un vaso de agua para él. Volviendo a ponerme entre sus brazos, tal como estaba hacia un momento.

-Quédate esta noche conmigo- me susurró. – Si quieres te puedo dejar algún pijama mío para dormir…. Si dormimos, claro…- me puso su sonrisa perversa. Le sonreí.

-Si… me quedo, pero no me hace falta nada. – me miró lascivo, le guiñé un ojo y añadí – duermo desnuda.

Me agarró en brazos, y besándonos, me llevo a su cama. Me llevaba como si no pesara nada para él, y me encantaba como podía cogerme y moverse como si nada. Me tiró a la cama y se giró para rebuscar en un cajón, sacó un par de esposas de terciopelo rojo, y un antifaz negro. Tenía ganas de juego, me puso el antifaz y las esposas dejándome sujeta en el cabecero totalmente desnuda y se fue, pidiéndome que esperara un momento. Lo escuché trastear, supongo que buscando algo más, salió de la habitación y al momento volvió, pero no podía ver nada. Estaba expectante y excitada por lo que pudiera avecinarse. Noté que se apoyaba a mi lado

-Confía en mi- dijo susurrando con su sexi voz algo ronca. Me estremecí y asentí. Empezó su juego.

Noté suaves caricias recorriendo mi cuerpo, empezó por el cuello, bajando por los pechos, recreándose, yendo hacia el ombligo, para pasar después a las caderas, acercándose al pubis sin llegar a tocarlo. Era muy excitante, lo hacía con algo muy, muy suave, sin hacer cosquillas, imaginé que sería alguna pluma o similar. Una vez satisfecho con el recorrido, hizo lo mismo, con algo muy, muy frío, ¿sería un cubito de hielo? Esta vez se recreó más en los pezones, y al terminar lo dejó encima del pubis, derritiéndose poco a poco, y extrañamente excitándome más y más, con esa dulce y suave tortura, sin poder ver ni tocarle. Se puso sobre mí, cuerpo contra cuerpo, sin penetrarme, comenzó a acariciar todo mi cuerpo, y pellizcarme en los pezones. Era extraño, era un pequeño dolor, pero placentero, gemí a la sorpresa, él iba haciendo, viendo mis reacciones. Me besó pasionalmente, se apartó y me giró. Recorrió mi espalda con el cubito de hielo, y de repente me dio una cachetada, no muy fuerte, no sé con qué, me excitó más. Nunca había practicado nada así, ni cachetes, ni nada similar, pero me gustó la novedad, no lo sé explicar bien, pero más que doler, excitaba. Me volvió a pellizcar los pezones, y dio otra cachetada, un poco más fuerte, gemí. Me puso algo entre las piernas, y dio un pequeño golpe, esperó un poco atento a mi reacción y dio otro golpe igual en la misma zona… estaba torturándome, le deseaba y no sabía si quería que terminara con ese suplicio y me hiciera suya o siguiera… era tan extraño, tan excitante. Y de improvisó me penetró, fue salvaje, mientras me penetraba me dio un par de golpes más en las nalgas, paró para girarme y quitarme el antifaz, y me volvió a penetrar, sentado frente a mí, cogiéndome las piernas por encima de sus hombros, fue muy intenso, salvaje, increíblemente placentero, provocándome varios orgasmos…él lo notaba y se excitaba más, hasta que no pudo más y se dejó llevar hasta alcanzar también el clímax, tumbándose junto a mí después. Me temblaban las piernas, me soltó las esposas y miré al lado, en la mesita de noche, tenía un pequeño plumero de cuero con las plumas rojas, y había algo también de cuero negro, en un lado era como un látigo y en la otra tenía forma de corazón… ¿es eso lo que había usado? Marc me miró, sonriente.

-Es un látigo con fusta, ¿te ha gustado? – sonreía complacido.

-Si- me puse roja, no sé por qué. – con esto me dabas?

-Si…con la fusta, solo para ver si te gustaba, el látigo, si tienes curiosidad, lo podemos usar luego, u otro día. ¿Querías saber más de mí? Esto es un poco más…- me miraba expectante a mi reacción.

Me giré para mirarlo, no entendía como algo que podía hacer tanto daño, podía usarse para dar tanto placer. Se dio cuenta de mi perplejidad, o intuyó lo que pensaba y comenzó a decir:

-Veras… hay una fina línea entre el dolor y el placer, y la clave es saber exactamente donde esta esa línea, ahí es donde más placer se tiene, en el límite, y me encanta jugar con ese límite… ¿Sabes? No a todo el mundo le gusta, pero tú… aahhhh… ¡me has sorprendido! ¡Y me encanta! – me miró a los ojos y me besó – Me vuelves loco.

No podía dejar de sonreír… había adivinado lo que me estaba preguntando, nunca había experimentado unas sensaciones así, siempre he tenido parejas con gustos muy simples, incluso alguno más aburrido, y no me había planteado que me pudieran gustar este tipo de juguetes, juegos, y experiencias. Había todo un mundo nuevo que Marc me había mostrado, y quería descubrir más de este mundo junto a él.

Me había dejado totalmente exhausta, pero quería levantarme a por un vaso de agua, o algo fresco… al levantar, me flaquearon las piernas, aún me temblaban. Marc me miraba complacido.

-Me fallan las piernas… - me quejé riendo- ¿! que me has hecho!? – le eché en cara, bromeando. Él sonreía, me cogió de la cintura y tumbó junto a él en la cama.

- ¿Dónde querías ir? - me pregunto mientras me agarraba.

- A por algo de beber…

- Ya voy yo- se levantó de un brinco y fue él. – tu descansa, que luego quiero más- dijo amenazándome con el dedo.

Al volver traía una bandeja con zumo, agua, y algo de picar, para los dos. Quería que recobrara fuerzas, y la amenaza no era una broma... aunque yo también tenía ganas de él, sentía una atracción muy fuerte, que me costaba reprimir, y sinceramente, no quería, quería disfrutar todo lo que pudiera con él, mientras durara. Tengo el concepto de que normalmente las relaciones tienen una duración determinada, no me cierro al amor, pero soy consciente de que no suele salir como queremos, o termina… así que mientras me tuviera loca, y yo a él, quería disfrutar de su presencia y su pasión, aun sabiendo que eso conllevaría a que me enamore más de él, y si termina, sufriría más, aceptaba el riesgo.

Mientras tomábamos el snack, miré el móvil… lo había dejado en silencio, y tenía varias llamadas y mensajes. Eran las chicas, querían hacer planes. Preguntaban si queríamos quedar el domingo por la mañana, para ir a la playa y comer por allí. Se lo comenté a Marc, y aceptó… así las conocería a todas. Les envié un mensaje contestando, con hora y lugar donde quedar. Tendría que pasar antes por mi piso, para ponerme el bikini y coger la bolsa de la playa con toalla y demás.

Se acercaba la hora de cenar, pero ninguno de los dos queríamos salir de la cama, ya más calmados, disfrutando de caricias mutuas. Hicimos acopio de fuerza de voluntad, y Marc se ofreció para preparar algo. Salió de la habitación tan solo con los pantalones puestos, una grata imagen. Me quedé un poco más en la cama, disfrutando del momento. Salí poco después con su camisa puesta, y estaba preparando algo en la cocina… una ensalada muy completa y algo de pescado, al horno, tomando una copa de vino blanco mientras cocinaba. Al escucharme se giró, con una amplia sonrisa, y me ofreció una copa, mientras esperaba en la sala. Me acerqué a él para rodearle con mis brazos mientras trasteaba, y le besé en la espalda, cogí la copa que me ofreció y me senté a observar. Se desenvolvía muy bien en la cocina, y pude ver que la disposición y donde guardaba las cosas, era similar a como lo tenía puesto yo… por eso cuando me ayudaba en mi piso se defendía tan bien… tenemos la misma manera de guardar las cosas, me pareció un detalle curioso, y sonreía tontamente ante el detalle.

¿Cómo podía ser que, estando “juntos” desde hacía solo una semana, sintiera una conexión tan profunda con él? Algo que nunca había sentido con nadie, algo que no era solo esa atracción salvaje.

-Annie, ya está la cena. ¿En qué piensas? - me pillo ensimismada mirándole.

-Pues…. Estaba pensando en el columpio, en cuando lo podremos usar- le dije recordándoselo.

-Bueno… hace falta unos agarres especiales, esta semana lo instalo, sin falta. – me guiño el ojo y se acercó para besarme – podremos hacer muchas cosas en él, pronto.

Nos pusimos en la isla de la cocina, a cenar, con música de fondo. Sabía cocinar bien… había preparado una salsa especial para la ensalada, con toque dulce, y el pescado estaba perfecto, especiado y en su punto. Me preguntaba que más facetas tendría que aún no haya visto. Durante la cena hablamos, y él aprovechó para sacar el tema de nuestra relación, no habíamos hablado de ello, simplemente éramos dos personas conociéndose y disfrutando la una de la otra, sin más, a mi modo de ver.

-Annie, cuando te presente, ¿Cómo debería hacerlo? - comenzó sin más, casi me atraganto al escuchar esa pregunta tan directa. No lo esperaba, aunque sabía que teníamos que hablar de ello.

-Pues… no se…. Te presento a Annie, ¿no? - intenté eludir.

-Sabes a lo que me refiero, cuando te presenté a mi amigo, no sabía que decir, como hacerlo, tampoco quiero que te agobies con el tema… no soy posesivo, ni mucho menos, pero la gente es así… supongo. – puso cara de inocente, y se veía adorable.

-La verdad, no me gustan las etiquetas, pienso que no hacen falta, aunque sé que la gente si las espera y le confunden si no las ponemos. Pero, yo, estoy muy, muy a gusto contigo, me encantas, estamos apenas conociéndonos… y no sabemos a dónde irá esto, por mí, vivamos el presente sin pensar en más, solo hace una semana que empezamos a salir… si te parece bien.

-Sabes, no quiero presionarte, estamos muy bien así, por mi está bien, sin etiquetas, pero he de decirte… bueno… yo sí que se dónde quiero que vaya esto- noté que se callaba algo, me besó la mano, y la mantuvo cogida mientras terminábamos de cenar, cambiando a otros temas, aunque me intrigó la frase: “yo si se dónde quiero que vaya esto”.

Esa noche pudimos dormir algo más… estábamos cansados del viernes noche, y aprovechamos muy bien la tarde del sábado, aunque era inevitable que el simple roce de nuestra piel nos excitara, pero logramos dormir algo más.

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