Romance en la cofradía

Pero Yolbert, no podía descansar, un fuerte presentimiento no dejaba paz a su alma. Todavía caminaba por aquel pueblo, guiado por seres que semejan espectros, deambulando sin dirección fija, sin rumbo, sin destino.

- ¿Por qué mi mamá me pidió ésto? ¿Qué hago yo aquí?

Se preguntó, desde la más absoluta incertidumbre; sin saber qué era lo que sucedía, aquello parecía absurdo, algo sin senido; estaba claro en algo, debía concluir su misión allí, aunque por otro lado, no sabía en verdad cuál era, pero esa fue la última voluntad de su vieja y no le iba a fallar. Por eso transitaba aquel sendero, que parecía el escenario perfecto para una película de terror, pero dejemos que sea el mismo Yolbert, quien nos narre eso y con sus propias palabras.

Vengo de una vida que consideraba normal, con personas que con todo y sus fallas, se podían tratar, pero lo que aquí observo es indescriptible, inexplicable; sin embargo voy a intentar detallarles un poco éste panorama.

Veo unos reverberos, que alumbran con su escasa luz el largo trayecto, sendero de sombras, de zozobra, es como un umbral hacia lo desconocido, me siento en las propias las puertas del maniomio y aquí estoy, lo quiera o no, obligado a decirles esto, porque no deseo que se formen de mí una imagen errada; debo dejarle a todos bien claro loque pienso, no deseo dar lugar a ninguna duda, voy entonces; quiero que sepan que a pesar de mi buena preparación física, de mis amplios conocimientos en artes marciales, que me brindan la capacidad suficiente para defenderme ante cualquier situación o circunstancia, me embargaba cierto miedo; no podría describirlo en verdad, pero hasta tenía la piel de gallina y les. Explico porque, me enfrentaba a lo incierto, a lo sobrenatural y les confieso algo, ni siquiera sé por qué me metí por aquí; me refiero a éste camino, mientras me desplazo siento mucho sudor en mi frente, cómo si tuviese una baja de tensión o algo parecido, imagino que eso se debe al nerviosismo, porque lo admito “si estoy nervioso”, y no al calor, que sería lo normal.

Una reverencia como leve saludo, mostraba a una dama detenida en su espacio, con un candor inmenso dibujado en su rostro; más adelante, visualice a un hombre de cabello cano, que fijó de manera fría sus ojos en mí, pero entre nosotros solo hubo silencio, las palabras se perdieron en el solitario tiempo, no me detuve seguí mi camino, me quiso cohibir el miedo a mi destino.

¿Qué buscas?

Me preguntó alguien de extraña apariencia.

-No sé

Contesté exiguo de palabras, algo incómodo, vacilante y frágil

Con él avancé, marcha trivial la mía, pues la cachaza guiaba mis pasos; aunque algo extraño era, mis pensamientos viajaban en camadas, buscando entender el objeto de mi estadía allí, llegamos hasta una troja, que tenía una mandrágora, la misma se veía hermosa, no así aquel granero, que parecía luchar contra el tiempo para no morir en el olvido.

Más allá, como a diez o doce pasos; observé a un mochuelo, que mostraba orgulloso su color pardo, diagonal a mí se encontraba, descansando en una de las ramas de un precioso árbol, que anunciaba la proximidad de una vivienda. El hombre blondo que andaba conmigo, me señaló con su mano derecha aquella casa, un estilo muy antiguo que no sabría precisar, se apreciaba claramente en su exterior; un corral bastante amplio, se ubicaba en un recodo y en él habían tres corceles. Pensamientos van, pensamientos vienen, todo era tan confuso, pluralidad de cosas y a la vez, nada.

Al entrar en aquella vivienda, se siente un frío que penetra tus huesos hasta la medula, los vientos que se cuelan por los viejos ventanales, semejan lamentos del más allá, algo así como si las ánimas te dijesen “estás entrando a mi casa”; la humedad se percibía en el olfato, unos muebles viejos ocupaban la amplia sala, como testigos silenciosos de un pasado que sigue allí, negándose a morir devorado por un presente, no soy un experto en esto de la antigüedad, pero calculo que sean del siglo 17 o máximo del 18, sigo entonces recorriendo aquella casa, obligado no sé por qué circunstancia, detallando con mis ojos cada pedazo de ella, con un interés que desconozco ; entramos a un patio amplio, en todo su centro resalta una extraña fuente, antigua muy antigua, de eso no tenía la menor duda, quien la hizo utilizó el arte del infierno, no sé si llamar a eso arte, la figura que mostraba era verdaderamente aterradora, se trataba de una serpiente gigantesca, que en su dantesca boca exhibía, como una especie de trofeo, los restos de un ser humano. Imagino que en algún momento de su historia, esa horrible fuente tuvo agua, hoy está seca, como muerta; de éste patio parecía distribuirse toda la vivienda, los panales del suelo estaban tirando hacia arriba, con gruesos pilares de cantera, el piso también es del mismo material, esto no es otra cosa que piedra caliza, observé en mi corto transitar muchos corredores y bastante espaciosos, donde el viento buscaba hacer de las suyas, incluso y esto me lo indicó mi inverosímil anfitrión, también existían varios pasadizos. Todas las habitaciones incluyendo la de la entrada principal, exhibían puertas de dos hojas hechas a mano, con grandes llaves de hierro, esto se detalla por la cerradura, el techo en su totalidad es de tejas y en cada ángulo había una rinconera con espejo anexo; también observé varios armarios y dos tinajas.

Al llegar a una salita, que ofrecía poca pompa, fui convidado a sentarme. Ya en su interior, poseído tal vez por la magia, algo mastuerzo me sentía. Pero mi estadía allí era obligada y cierto temor anidaba en mi alma.

Holgura había en aquel espacio de manera tal, que lo sagrado y lo obsceno se unían en secretos ritos, en protervos mensajes del tártaro.

Aquel improvisado acompañante me ofreció una bebida, la cual acepté peyorativamente; ya que mi atención estaba puesta en una pianola; que se encontraba exactamente a mi izquierda, pero lo que me impresionó fuertemente, fue una serpiente igual a la que y en mi medallón, pero de gran tamaño, tanto que casi rozaba el techo. La misma parecía mirarme desde su inmovilidad, sembrando en mí su perversidad. Heterodoxo era de todo aquello, más bien, ominoso a mis ojos era aquel ambiente, que en su magnificencia, se mostraba imperativo haciendo fenecer mis esperanzas.

"De la casa a la colina"

Aquella bebida era vino, muy bueno además, quizás de una vieja cosecha, la verdad no sabía mucho de eso. En tres tragos me tomé aquello, debe ser porque estaba nervioso y no estaba acostumbrado al licor.

Luego me fijé en ese sujeto, su comportamiento era atípico, incluso parecía que estaba hablando solo, caminaba de un extremo a otro, como si algo lo inquietara, por un momento pensé que era un loco; o que estaba en un psiquiátrico o algo así. Por fin se detuvo a unos cuantos pasos de donde yo estaba.

Fijó sus ojos en mi rostro como detallándome, esa vaina no la entiendo, me veía y me veía y ya me estaba poniendo nervioso. ¿Éste tipo será Gay?

-¿Eres retráctil de espíritu?

Preguntó, casi susurrando las palabras; por mi parte, me sentía retraído, estar allí era como un reto y a la vez como una obligación.

-¿Quién es usted?

¿Qué quiere?

Pregunté verdaderamente desesperado, necesitaba respuestas y nadie me las daba; en ese preciso instante entró al cuarto una dama, como de unos cincuenta años, alta, delgada, pelo negro, largo , de piel morena, caminar elegante, la cual lucía un vestido de color blanco; que le llegaba a las rodillas, yo la saludé con un leve movimiento de cabeza, pero ella no me hizo el menor caso, en otras palabras me ignoró, como si yo fuese una plasta de mier…. Tan solo caminó tres pasos, quizás cuatro no estoy seguro, hasta donde estaba ubicada una pequeña butaca; desde allí se dirigió a mi anfitrión, lo llamó Samuel. ¡Vaya! , por fin pude saber su nombre, le preguntó si la Noria estaba dañada, éste dijo que no y le mandó a buscar dos sirvientes para activarla. Se lo ordenó, lo que me indicaba que ella era su jefa, por eso el loquito, así lo bauticé, dejó rápidamente la habitación, casi que corriendo; luego que éste sale, la dama me observa a mí de pies a cabeza, sentí en su mirada cierto desprecio, como asco, por eso quería buscar un espejo para verme ¿Será que mi físico ha cambiado? ¿Soy ahora una especie de espanto? Ese desprecio también se reflejaba en sus palabras.

-Quisiera mitigar sus dudas y temores señor Yolbert.

-Le agradecería mucho ese gesto.

Indiqué molesto. Ya estaba harto de aquella situación, me sentía parte de la dimensión desconocida.

-Noche de chacales, noche de hienas.

- No entiendo que dice

Respondí apretando mis puños con fuerza, con ganas de darle unas clases de karate gratis a esa mala mujer, que ya veía volando por los aires.

-Oculto has estado entre candilejas, pero ha llegado el momento de dejar lo canijo.

-¿Qué le pasa a usted conmigo? ¿Por qué me habla así?

-Cállese y escuche. No tengo que darle ninguna explicación.

Expresó ella con cierta arrogancia; luego de tan crudas palabras, procedió a tocar una especie de campanita, de esas que utilizaban en la antigüedad para llamar a la servidumbre. Aparecieron en escena, producto de aquel extraño llamado; dos jovencitas trajeadas cada una con una bata larga, corrida, sin pliegues y totalmente blanca. Es de acotar, que esta gente adora ese color, hasta en la sopa lo ves. Entonces, aquella dama se dirigió nuevamente a mí; pero viendo a las muchachas.

-Yolbert (como dato curioso, aquí todos conocen mi nombre, pero yo no sé el de nadie). Estas jóvenes sacarán de tu cuerpo las sales del mar, purificaran tu piel; luego los nictálopes te guiaran hasta la colina, donde la cofradía hará su reunión

Yo alcancé a decir

-Pero

Solo eso pude agregar, mi tiempo de opinar había terminado.

Yo sé bien, que algo extraño sucede, todo me lo indica; esta gente y su hablar confuso, su alocada forma de vestirse, ese color blanco, que está en todas partes y esa palabrita: Cofradía, me alertan, me activan en función de no descuidarme.

Pero ¿Mi Madre está metida o no en esto? ¿De qué trata la secta? ¿Mi vieja me ofreció a esta gente? No, no puedo creer eso de mi mamá; pero, estoy en verdad muy preocupado.

Me purificaran y por qué, no me lo explico, he pensado mucho en esto, ya no sé que esperar, soy un tipo común y corriente, me agrada el deporte, lo sano; esto de las sectas me va y me viene, no soy religioso y nunca lo seré. La religión se hizo para los débiles.

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