Rylie pasó al siguiente mensaje de voz, que resultó ser de Rory Carter, uno de los médicos más respetados del Hospital General Militar.
Su voz tenía un inconfundible tono adulador. "Rylie, necesito tu ayuda con algo urgente", dijo él. "El hijo de un viejo amigo lleva años luchando contra una enfermedad rara y su salud ha empeorado de nuevo. Las pastillas especiales que diste ya no le hacen efecto. ¿Sería posible que vinieras a examinarlo?".
Rylie tomó el teléfono y le devolvió la llamada. "Iré a la clínica mañana por la noche, después de mis clases. Dile que vaya a esa hora".
Rory la interrumpió con un suspiro que sonó casi a disculpa. "Está ingresado en el área VIP del hospital. Los protocolos son muy estrictos y no le permiten salir", explicó.
"Ve al grano, Rory", insistió ella, tamborileando los dedos sobre la mesa. "¿Quién es el paciente?".
Tras una pausa, la voz del hombre se convirtió en un susurro. "Es Brad Morgan, el nieto del general Sean Morgan. No es un caso cualquiera. Los Morgan contactaron discretamente a los mejores médicos del país. Ofrecen veinte millones de dólares a quien logre curarlo".
La única reacción de Rylie fue enarcar una ceja. La familia Morgan era una leyenda, liderada por el formidable general Sean Morgan, un hombre de tal influencia que hasta el presidente le cedía el paso.
El nombre de Brad Morgan le resultaba familiar; recordaba haber leído sobre él en las noticias. Con solo treinta años, ya era aclamado como el almirante más joven de su generación, y su racha de victorias militares acaparaba los titulares constantemente.
La revelación la desconcertó. Le costaba creer que algo pudiera derribar a un hombre como Brad Morgan.
A continuación, revisó la bandeja de entrada de contratos cifrados. Allí estaba, en efecto, la invitación oficial del Departamento Nacional de Salud.
Bajo el nombre en clave de Healing Hand, se había forjado una reputación en la red oscura resolviendo complejos casos médicos y, con el tiempo, había formado su propio equipo de élite. Era natural que el gobierno recurriera a ella.
Rylie mantuvo la compostura. "Vi el mensaje", respondió. "Esa recompensa tentaría a cualquiera. Acepto el caso".
Mientras tanto, la noticia de la llamada urgente de los Morgan también llegó a oídos de la familia Kirk. Leland se movilizó de inmediato, trazando estrategias y moviendo sus hilos con la esperanza de ser considerado para el caso.
Siempre al margen de la alta sociedad, los Kirk pensaron que esa podría ser su gran oportunidad. Curar a Brad Morgan significaría, por fin, su entrada a los círculos más exclusivos.
Otro rumor mantenía a la ciudad en vilo: la familia más acaudalada de Kouhron había llegado a Crolens y prometía una suma asombrosa a quien los llevara hasta su hija desaparecida. Gente de toda la ciudad había abandonado sus quehaceres, desesperados por obtener una parte de la recompensa.
***
A la mañana siguiente, el agudo timbre del teléfono despertó a Rylie bruscamente. Ella se desperezó y se levantó de la cama a rastras.
Al otro lado de la línea estaba Timothy Powell, su director de investigación, con una voz que apenas disimulaba su irritación. "¡Rylie! Te ordené que organizaras los datos y no has dado señales de vida. ¿Acaso quieres que te expulse del grupo de investigación? Stacey lleva aquí desde el amanecer. ¡Te quiero en el laboratorio ahora mismo!".
Ella no respondió. Se limitó a colgar y a mirar el reloj.
Eran las diez en punto.
Su mente regresó a la noche anterior. Se había quedado despierta hasta tarde, inmersa en antiguos textos de medicina y revisando viejas recetas, por lo que olvidó por completo la tarea que le había encargado Timothy.
Bostezó mientras abría su computadora, enviaba un correo rápido y se apresuraba a arreglarse. Con la mochila al hombro, salió de casa.
Atravesó la ciudad en su motocicleta y se detuvo frente al laboratorio de la universidad. Tras encontrar un lugar para aparcar, se dirigió a la entrada.
Sacó su tarjeta de acceso y la deslizó, pero la pantalla parpadeó con un mensaje claro: ACCESO DENEGADO. Su acceso había sido revocado.
En ese preciso instante, las puertas del laboratorio se abrieron y de allí salió Stacey, flanqueada por dos estudiantes de último año del equipo de investigación.
Uno de ellos le dedicó una sonrisa burlona al verla en apuros. "Vaya, Rylie, te crees muy especial, ¿no? Llegas tarde y no cumples con tu trabajo... Parece que por fin agotaste la paciencia del profesor Powell. Te han revocado el acceso al laboratorio. ¡Tus días aquí se acabaron!".





