Regreso en Nombre de Reina

Morir y luego volver a nacer a los quince años suena como el comienzo de una novela de fantasía, pero para mí, fue el inicio de una pesadilla que se repetía.

En mi vida pasada, el día que cumplía veinte años, mi prometido, Alejandro, me había organizado una gran fiesta. En medio de la celebración, llegó la noticia de que Sofía, la mujer que él siempre había amado en secreto, había muerto en un accidente.

Alejandro, sin decir una palabra, se levantó de la mesa, caminó hacia el lago que bordeaba nuestra casa y se arrojó sin dudarlo.

Sus últimas palabras no fueron para mí, su prometida, sino un susurro al viento: "Sofía, espérame".

En ese momento entendí todo. Su amabilidad, sus promesas, todo era una mentira. Su corazón nunca me perteneció.

Cuando abrí los ojos y me encontré de nuevo con quince años, el día en que en mi vida pasada Alejandro vino a pedir mi mano, decidí cambiar mi destino. No intervine, no dije nada. Simplemente observé desde la distancia cómo su familia, en lugar de venir a la mía, se dirigía a la casa de Sofía con regalos y propuestas.

Celebraron una boda magnífica que duró diez días y diez noches. Yo los observé, día tras día, hasta que la fiesta terminó. Luego, empaqué mis cosas y me fui de la ciudad, del país, de todo lo que conocía.

Diez años después, el destino, con su cruel sentido del humor, nos volvió a juntar.

Estaba en Costa Rica, acompañando a mi esposo, Mateo, en una misión diplomática. El presidente ofrecía un banquete en honor a la delegación, y el salón estaba lleno de las figuras más importantes del país.

Y allí estaba él. Alejandro.

Ya no era el joven atormentado de mis recuerdos, sino un empresario de éxito, un hombre cuya influencia era un pilar para el gobierno local. Entró al salón con Sofía del brazo, su mano posesivamente en su cintura, ambos riendo con la arrogancia de quienes lo tienen todo.

Mis ojos recorrían el salón, buscando a alguien, y fue entonces cuando su mirada se cruzó con la mía.

Su sonrisa se desvaneció, y su ceño se frunció con desdén. Se acercó a mí, arrastrando a Sofía con él.

"Ximena", dijo, su voz cargada de una burla fría.

Sofía, a su lado, me miró de arriba abajo, una sonrisa maliciosa en sus labios. "Vaya, vaya, pero si es la pequeña Ximena. ¿Qué haces aquí? ¿Lograste colarte?".

Alejandro soltó una risa seca. "No seas dura, cariño. Quizás está aquí trabajando de mesera".

Sus palabras no me afectaron. Estaba demasiado ocupada buscando a mi pequeño diablillo, que seguramente se había escondido en algún rincón.

Alejandro notó mi aparente indiferencia, y su expresión se endureció. "¿Diez años y aún no me superas? ¿Me seguiste hasta aquí?".

Su voz se elevó, atrayendo la atención de algunos invitados cercanos. "Déjame adivinar, quieres volver conmigo. Crees que porque ahora tengo éxito, puedes regresar y reclamar algo. Escúchame bien, aunque te ofrezcas como mi asistente personal, arrastrándote a mis pies, no me conmoverás".

Sofía añadió, con una falsa dulzura: "Alejandro, no digas eso. Pobrecita, mírala. Después de tantos años, sigue obsesionada contigo. Es casi conmovedor... y un poco patético".

Ignoré su veneno. Mis ojos finalmente encontraron una pequeña figura escondida detrás de un gran biombo de madera tallada. Estaba de puntillas, tratando de alcanzar una copa de vino de una bandeja.

Suspiré y caminé hacia allí, pasando de largo a la pareja que me miraba con una mezcla de sorpresa y desprecio.

"Daniel", dije con voz firme.

El niño se sobresaltó, casi dejando caer la copa. Se giró, con una expresión de culpabilidad adorable en su rostro. "Mamá... yo solo estaba... mirando".

Lo tomé de la mano y lo saqué de su escondite. "¿Mirando? ¿O planeando beberte el vino del presidente?".

Me giré para irme, pero una voz temblorosa me detuvo.

Era Alejandro.

Sus ojos estaban fijos en Daniel, y luego en mí. Su rostro, antes tan arrogante, ahora estaba pálido, descompuesto. Las lágrimas brotaban de sus ojos, y todo su cuerpo temblaba.

"¿Cómo...", susurró, su voz rota por la incredulidad y un dolor que no lograba comprender. "¿Cómo pudiste casarte? ¡Dijiste que me esperarías toda la vida!".

Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.