En cuanto escuché aquellas palabras de Carolina es como si hubiera vuelto a nacer. En realidad, creo que lo hice. Desde que era mucho más pequeña me quise ver como aquellas jóvenes esbeltas que salían en los programas que veía mi madre biológica.
Mi mamá nunca fue una maravillosa compañía, tengo que admitirlo, pero era mi madre a pesar de todo e incluso siempre intentó protegerme de todo aquello difícil que siempre la rodeó. Mi madre no era de una familia adinerada dueña de autos lujosos y casas gigantes, tenían lo suficiente para vivir, tenía padre cariñosos y amables o al menos recuerdo que me decía eso, pero fue una chica muy estúpida, dicho por ella misma, estudiaba en colegios donde frecuentaban niñas que llegaban en autos finos y con bolsas caras, se llenó de envidia y quiso ser como ellas. Sabía que era una chica hermosa, lo sabía muy bien ya que no había mujer en nuestra familia que no fuera agradable a la vista, así que decidió aprovechar lo único que tenía; su belleza.
Se enredó con todo tipo de hombres, casados y no casados, lo que le causó problemas en casa de mis abuelos, quienes avergonzados la corrieron de casa. Ella no dudó en irse, de hecho, estaba agradecida de que lo hubieran hecho, así que dejó la escuela y consiguió trabajo en una gasolinera a las afueras de la ciudad, allí conoció a mi padre, quién la enredó, la enamoró y la embarazó. Sí, tenía dieciocho y estaba embarazada.
Intentó volver a casa, pero sus padres no quisieron siquiera verla, así que le dijo al chico, quién se desentendió y jamás la buscó de nuevo, así que sí, no sé quién es mi padre y por mucho que sea algo malo a los ojos prejuiciosos de la sociedad, no me molesta que las personas lo sepan. Mi madre trabajó mucho para mantenerme, tenía dos trabajos y nunca me dormí sin comer, lo cual es algo que siempre le agradeceré, pero como todas las personas, cometió errores y he de admitir que ella era una experta haciendo eso. Cuando tenía eso de cinco años conoció a un chico, de esos que con solo mirarte quieres que te lleven a su cama, pero reconoces que está mal porque luego de eso sabes que jamás lo verás. Por mucho que intente recordar su nombre y su rostro, simplemente no puedo. Él fue su perdición, su infierno aquí en la tierra y aunque ella lo sabía; no le importó.
La metió en drogas y cosas muy feas; como dije, su infierno aquí en la tierra. No recuerdo muy bien, pero mientras mi madre era feliz con una jeringa en su brazo, yo me quedaba en la sala de nuestro pequeño apartamento apretado viendo los concursos de belleza que alguna vez a ella también le interesaron. Comenzó a dejarme sola y los vecinos comenzaron a notarlo, así que la trabajadora social llegó justo el día en el que mi madre no pudo sacarse por sí sola la jeringa del brazo; yo tenía seis. Una niña de seis años con mucha suerte porque el mismo año, los Donaldson me adoptaron.
Yo siempre fui inteligente, entendía lo que pasaba, entendía que mi madre ya no estaba y que jamás la iba a ver y desde allí para mí, ellos son mis padres. No la odio, ni le reprocho nada de lo que hizo, pero si hubiera preferido crecer con ella, al fin de cuentas, fue la mujer que me dio la vida. De modo que a ella le agradezco en cierta forma mi sueño, y por ella lo cumpliré, por Molly.
En cuanto a mis padres tomaron la decisión de que al final si entré, como si nos hubiéramos ganado la lotería, aunque tal vez lo hicimos.
Hoy es viernes, tengo escuela en la mañana y en la tarde, Carolina me espera en la agencia para mi primer trabajo. Me dijo que envió mis fotos y el cliente enloqueció. Haré un comercial de perfumes locales. Nada difícil.
Mientras busco mis libros para el segundo periodo en mi casillero, siento el perfume característico de Felix.
—Ayer no me dijiste cómo te fue en tu casting. No llamaste y no quise presionarte en caso de…
—¡Pasé! —lo interrumpe y su rostro se ilumina.
—¡Oh por Dios, Victoria! Me alegro mucho, en serio —me toma de los hombros y me atrae hasta él encerrándome en un bonito abrazo—. Es todo por lo que has trabajado y estoy muy orgulloso —nos separamos del abrazo mientras él me dice aquello.
—¡Lo sé! Y al fin de cuentas tantos videos y talleres me sirvieron. Aún no puedo creer que soy parte de una de las mejores agencias de la ciudad —cierro mi casillero y comienzo a caminar junto a él con los libros de algebra en la mano.
—Te lo mereces y sé que a Emma le va a encantar la noticia —me contesta mi amigo mientras entramos al aula.
Felix y yo hemos sido amigos desde que entré a la preparatoria. Soy una chica muy sociable, amable y gran parte de los chicos me conoce, pero en general, mis amigos son Felix y su novia Emma, aunque a Felix lo conocí primero, Emma es una gran chica y una amiga excepcional.
Ellos han sido novios desde toda la vida, son de esas parejas que probablemente se van a casar y van a vivir en un bonito vecindario y aprecio el hecho de que me hayan incluido porque, aunque todos me conocen, nunca tuve un grupo de verdad hasta que los conocí.
—Lamento no haberte dicho nada, ni a ella ayer, pero es que técnicamente yo salí de la agencia sin un puesto en ella.
—¿De qué hablas?
Cuando le voy a responder nuestra profesora de álgebra llega con lo que parecen ser exámenes sorpresas. A mi lado, Felix se pasa las manos por su cabello rizado; le va súper mal en esta materia.
Luego de una hora el rostro preocupado de Felix demuestra el resultado que espera en la prueba sorpresa. Me hubiera gustado ayudarlo, pero ni siquiera yo estaba segura de mis respuestas y él jamás miró siquiera a los lados. Se encerró en un caparazón doliente y triste, aceptando su destino. Todos entregamos la prueba e intento animar a mi buen amigo mientras caminamos juntos hacia la cafetería para vernos con Emma.
A penas entramos al lugar veo a mi amiga, saludándonos desde una mesa de manera eufórica. Lleva un pastelillo entre su mano con una pequeña vela sobre él. Está emocionada, incluso, a su alrededor los chicos la miran un poco extraño por el pequeño alboroto que tiene.
—¿Es tu cumpleaños o algo?
—Sabes que no, no olvidarías mi cumpleaños. Tampoco sé qué sucede.
Ambos llegamos hasta la mesa donde Emma se levanta con una hermosa sonrisa, me da un abrazo grande y luego besa a su novio.
—No me lo has contado, pero sé que pasaste así que… ¡Felicidades! —comienza a dar pequeños saltitos hasta que al parecer se cansa porque se detiene y me tiende pastelito—. Lo hizo mamá.
—Muchas gracias, Em, en serio te lo agradezco, pero no pasé. No pude…
Intento no reírme cuando se pone colorada como un gran tomate, mientras se empieza a sentar avergonzada en la silla. Abre y cierra la boca intentando decir algo, pero simplemente no le sale hasta que deja de lado el pastelito y apaga la vela.
—Lo lamento mucho, Victoria, yo… yo pensé que… ¡carajo! Debí preguntar.
Quien no aguanta más es Felix, ya que explota en una carcajada que inunda la cafetería por completo.
—¡No me jodan! Es una broma —Emma finge enojo y se cruza de brazos mientras ambos no paramos de reír de su expresión y sus mejillas rojas como tomates—. Pueden irse los dos muy a la mierda.
Felix y yo nos sentamos, él junto a ella intentando robarle un beso, que ella fingiendo enojo rechaza y yo justo al frente de ambos.
—Muchas gracias, Em, eres muy linda —ella me lanza un beso en respuesta—, pero lo que no les he contado es que por poco y no lo logro, es más, no lo logré. Fue un milagro.
—Necesito detalles —ambos se acomodan en sus asientos.
Comienzo a contarles la metodología del casting de la agencia, les cuento con lujos de detalles todo lo que sucedió ante sus expresiones de concentración. Al llegar al incidente con aquella chica Regina, me veo siendo interrumpida por una muy alterada Emma, quién no para de llamar a aquella chica desconocida perra.
—En serio no puedo creerlo, simplemente no puedo —comenta Felix.
—Sabía que ese mundo era un poco… difícil, pero es una jungla; gana el más ágil, el más veloz, el más atento —contesto.
—¿Estás apoyando el hecho de que esa estúpida te lanzó con toda la intención del mundo eso para que no pudieras seguir compitiendo, solo porque es un “mundo difícil”? —Emma señala entre comillas su última frase.
—Claro que no, es solo que es lo que hay que esperarse. Todas ellas van a hacer hasta lo imposible para ser las mejores, absolutamente todo, incluso el sabotaje.
—Tú tienes algo que puede que ellas no, Victoria; ganas y talento.
—Gracias, Felix. El caso es que llegué destrozada a casa, pero poco tiempo después la mismísima Carolina llamó a mi teléfono, me dijo que había sido una pena que me lo hayan estropeado y que ya, estaba dentro.
—¿Hará eso muy a menudo?
La pregunta de Emma es una pregunta que también me hice en medio de tanta emoción. Es decir, había chicas allí, como Regina que la prueban la habían hecho varias veces y en cierta medida fui muy privilegiada ya que simplemente hayan puesto su voto de confianza en mí. No sé si soy tan buena, incluso mejor que ellas, pero lo que es seguro es que será una locura cuando me vean allí, luego de no haber siquiera terminado el casting.
—Tal vez sí, tal vez no, el caso es que entró y que pronto nos invitará a sus pasarelas en Paris.
—Solo lo dices porque estando allá conocerías cada club de la ciudad, no por los desfiles —Felix se encoje de hombros hacia su novia.
—Así es —la apoyo.
—No solo pienso en fiestas y sexo. ¿En qué concepto me tienen?
—En el real, bonito —le contesta Emma y por alguna razón tonta, los tres reímos.
Estoy entrando a la agencia con el rostro más feliz que he dado, creo que en toda mi vida. Hoy es mi primer trabajo, y debo hacerlo lo más perfecto que pueda; necesito causar una buena impresión; ser la mejor.
En cuanto entro la recepcionista me regala una sonrisa ancha y me pide amablemente que me acerque a la oficina de Carolina. Así lo hago y antes de tocar la puerta es abierta. Dos hombres altos se topan conmigo justo antes de colocar mi puño en la puerta. Llevan trajes elegantes y a la vista muy finos, ambos son guapos y ambos son hermanos ya que son gemelos. Uno tiene barba lo que lo hace ver más sofisticado y mayor, mientras que el otro no tiene ni un solo cabello en su rostro. La cuestión es de solo segundos, en los que los tres intercambiamos miradas y mientras ellos salen de la oficina y yo entro.
Adentro me encuentro a Alisson, sentada en la esquina del escritorio. Al verme se baja, da la vuelta y guarda los documentos que llevaba en su mano dentro del cajón.
—¡Bonita y puntual! Ya te amo. Me alegro mucho que al final si pudieras entrar, sabía que lo lograrías. Vi tu nombre en la lista de pendientes de hoy y me puse muy contenta.
—¿No lo sabías? Creí que habías tomado la decisión con Carolina.
—En ocasiones muy exclusivas y especiales es ella quien toma las decisiones. Sabe muy bien quién o qué le traería muchos beneficios a la agencia.
El hecho de que Alisson me recuerde que técnicamente fui un asunto de suerte, me pone un poco inquieta y triste. Yo he soñado con esto toda mi vida y en mis sueños, me lo ganaba muy merecido, me lo ganaba a pulso; en la realidad, no fue así. Sé que soy buena y sé que di todo de mí en el casting, pero en el fondo sé que ahora todas creerán que soy la favorita de Carolina y que todos los trabajos que me den serán por esa razón. No quiero eso, quiero destacar por lo que soy y sé hacer y es lo que da más pena de todo este asunto.
—En todo caso, estoy lista, muy lista para el comercial.
—Entonces, comencemos.
Ambas atravesamos el siguiente pasillo y llegamos a la habitación de los comerciales, que me espera con luces brillantes, personal de maquillaje, vestuario y un hombre joven y sonriente que será el director. De inmediato me maquillan de una forma sencilla y muy juvenil, ya que según Alisson es la apariencia que Carolina quiere que dé. Me cortan las puntas de mi cabello castaño, sin embargo, se sigue viendo muy largo.
Me colocan un vestido con vuelo de largo hasta un poco más arriba de mi rodilla, el director llamado Miguel, me da algunas recomendaciones y comenzamos a grabar. Básicamente el comercial es muy sencillo. Una puesta en escena en algún campo primaveral que agregarán con personas encargadas del CGI, mucha brisa falsa y clips de mí apreciando las sensaciones del perfume. La voz en off será de alguien más.
Es un trabajo pequeño, ya que es el primero, pero es muy divertido. El perfume es reconocido en la ciudad así que tendré visibilidad en los canales locales. La grabación dura alrededor de dos horas y justo cuando Miguel grita “corte” los tacones altos que suenan en el suelo de Carolina se asoman.
—Estoy muy orgullosa, Victoria —comenta mientras camina hacia mí.
—¿Lo viste? Creí que no estabas.
—Lo vi desde mi oficina y es que estoy realmente comprometida contigo —toma un mechón de mi cabello y lo pasa detrás de mi oreja—. Eres increíble.
—Gracias, pero quería hablar contigo, quería… —ella chasquea la lengua interrumpiéndome.
—No quiero que te sientas mal porque no pasaste “legalmente”. Victoria, tú ibas a ganar el casting, desde el momento en que te vi lo supe, solo que bueno, Regina es…
—Una perra —finaliza la otra rubia.
—Exacto, es un completa perra, así que no se me hizo justo que no estuvieras en mi agencia por algo como lo que pasó.
—¡Vaya! Gracias, en serio muchas gracias. Daré todo de mí.
—Lo sé, Victoria, sé que trabajarás muy duro por esta agencia y por ti y todo lo que puedes conseguir aquí —me guiña un ojo—. El caso es que vine a invitarte personalmente a la cena de mañana. Normalmente para presentar a las new faces de la agencia hago un evento aquí mismo, pero este año hay más potencial como tú y quiero hacerlo más glamuroso en un restaurante elegante. Es sábado así que puedes llegar tarde a casa, además una bonita limusina pasará por ti y te llevará de vuelta.
—Es sorprendente, es maravilloso, claro que estaré allí.
Carolina entrelaza su brazo con el mío mientras me guía hacia el pasillo que conecta con su oficina.
—Es un evento muy exclusivo. Estarán personas muy importantes del medio, de mis mejores clientes. Verán tu bonito rostro, querrán saber quién eres así que es tu oportunidad de causar una muy buena impresión. Te quiero despampanante.
—Claro, haré mi mayor esfuerzo.
—De hecho, se me acaba de ocurrir una jodida idea genial. Seré mucho más buena contigo.
—¿A qué te refieres? —ella me sonríe.
—A que solo tienes que esperar mi bonito regalo en la puerta de tu casa mañana temprano.
—Vale.
—Es tu noche, Victoria, no la arruines.





