Ya ha llegado el día de mi boda, las doncellas del castillo corren por todos lados apresuradamente.
“Desearía que esto fuera solo un sueño… Ya no estaré en el lugar que compartí tantas cosas con mi madre, Suki y Kenta”
Tomé el collar de mi madre y lo sujeté con fuerza en mis manos.
—Por favor ayúdame madre.—Susurré.
Esperé en mi habitación hasta que llegaron las doncellas, quienes comenzaron a vestirme con mi traje de boda. Luego de unos minutos ya estaba preparada, salí de mi habitación y caminé un poco en compañía de Kenta.
—No pensé llegarte a ver vestida así para ese hombre.—Musitó con voz ronca.
—Es algo que no puedo evitar, no quiero que mi padre me quite lo único que me queda.
—¿A qué te refieres?.
—Oh mira, que hermosa se ve la nieve, ¿Recuerdas que solíamos jugar con ella?.—dije ignorando su pregunta.
—Por supuesto, hasta que tu madre te regañaba.—Sonrió
—Mi madre temía a qué me enfermara, siempre decía que tenía que cuidarme porque era su precioso tesoro. Solía decirme que sería una gran mujer y también que el hombre el cual estaba destinado para mí, sería el hombre más afortunado.
—Tu madre siempre tuvo la razón, espero seas feliz Saori… Yo…quiero que seas feliz..—Dijo dirigiéndose a mi
—Dudo que sea feliz al lado de un hombre el cual aborrezco—Respondí jugando con mis manos—Oye Kenta…
—Dime.—Respondió rápidamente.
—¿Te gustaría ir a dónde solíamos ir de niños?—Sonreí.
—¿Aún recuerdas ese lugar? Pensé que lo habías olvidado por completo.
—No, suelo ir allí cuando estoy un poco triste, es mi consuelo, me siento mejor al recordar cómo jugábamos de niños mientras mi padre no se encontraba.
—Vamos Saori, tenemos que apresurarnos antes que vengan por ti.
Camine con Kenta rápidamente y llegamos a nuestro lugar secreto.
Al llegar allí pudimos ver que este se encontraba cubierto de nieve
—Ya que estamos aquí, ¿Qué tal si hacemos lo mismo de los viejos tiempos?.—dijo Kenta tomando un poco de nieve en sus manos.
—No quiero ensuciar mi vestí-
Kenta arrojó una bola de nieve a mi pecho silenciando mis palabras, lo mire fijamente e hice lo mismo que él. Pasaron varios minutos y ambos reíamos frenéticamente tirados en el suelo.
—Eso fue muy divertido.
—Realmente lo fue.—Sonrió.
Kenta me miró fijamente y acomodó su cuerpo junto al mío.
—¿Q-que estás haciendo?.—Dije al sentir ruborizarme.
—Solo un momento… no podré estar cerca de ti si te vas con él.—Acercó su rostro al mío, mirándome dulcemente, para luego dirigirse a mis labios.—Yo… Lo siento, pero seré yo quien tome tu primer beso.
Mi corazón comenzó a latir rapidamente haciéndome pensar que saldría de mi pecho en cualquier momento; Kenta besó mis labios sutilmente llevando su mano a mi mejilla para luego observarme a los ojos. Pero ambos nos separamos bruscamente al escuchar la voz de una mujer llamar a mi nombre.
—¡Su alteza! ¿Dónde se encuentra?, La ceremonia está por empezar… Dios… ¿Dónde está esta mujer?…
Miré a Kenta fijamente al igual que el a mi e intenté levantarme pero el me lo impidió.
—Tengo que ir, déjame ir…
—No lo hagas.
—No lo entiendes, tengo que hacerlo.
—Saori por favor…
Me coloqué de pie soltándome de su agarre y luego salí de nuestro escondite seguida por Kenta.
—¿Qué ocurre?—.Dije llamando la atención de la dama.
—¿Dónde se encontraba alteza?, Su ceremonia está por empezar y su padre la está esperando… si no llega me matará.
—Está bien, vamos.
—Su alteza…—Susurró Kenta.
—Estaré bien, tranquilo.
Seguimos caminando hasta llegar al lugar de la ceremonia, en la cual se encontraban muchas personas importantes, grandes banquetes y bebidas.
Me detuve por un momento antes de entrar.
—¡Su alteza se hace presente!—.Vociferó un sirviente haciendo una reverencia.
Varias personas imitaron a aquel hombre haciendo una reverencia. Me dirigí rápidamente hacia el lugar de la ceremonia en donde se encontraba Reiji en compañía de mi padre.
—Te estaba buscando, pensé que no ibas a llegar.— dijo mi padre—pensé que habías olvidado nuestra promesa.—Susurró en mi oído.
—En absoluto, solo tomaba aire fresco, no he olvidado nada, espero y tú mantengas también tu promesa.—dije mirando a mi padre a los ojos.
~Unas horas después~
La ceremonia se llevó a cabo, Kenta no dejaba de mirarme ni tan solo un segundo al igual que yo a él
—Bien, ahora ya eres mi esposa Saori, espero y disfrutes nuestra noche de boda.
Kenta apretó sus puños dirigiendo la mirada hacia Reiji.
—Eso nunca pasará.
—Es una lastima, creí que querías hijos conmigo.— se acercó a mi oído y susurró—no olvides la promesa que le has hecho a tu padre.
Maldije en mi mente a aquel hombre quien ahora se había convertido en mi esposo.
—¿Estás preparado Kenta? Recuerda que tienes que cuidar muy bien de mi esposa.
Kenta lo miro con desprecio sin responder ninguna palabra.
Miré con desprecio a Reiji, sabía que me estaba provocando, tenía que controlar mi ira así que decidí alejarme un poco de el y me dirigí al lugar donde solía jugar con Saori.
“Duele verla casada con el, duele saber que estará con el por siempre, duele saber que se entregará a el, que cada parte de ella le pertenecerá a él, no puedo soportar ver esto.”
Me levanté y tomé mi espada y empecé a blandirla al viento practicando para despejar mi mente; Luego de unas horas estaba completamente sumergido en mis pensamientos y continúe con mi entrenamiento. Pero al escuchar unos pasos aproximarse a mi seguido de una voz que llamaba a mi nombre dirigí mi espada hacia esa persona.
Salí de mi trance al darme cuenta de quién se trataba
—¿Q-qué sucede Kenta? ¿Por qué estás así?
Abrí mis ojos con sorpresa y bajé mi espada rápidamente.
—Lo siento Saori yo… Yo solo quería despejar mi mente, no fue mi intención…
—Tranquilo… ¿Qué te sucede?.
—Verás… Yo…
“No puedo decirle a Saori que me encuentro de esta manera porque se casó con otro hombre y no conmigo.”
—Solo quería practicar con mi espada, y como mencioné anteriormente, quería despejar mi mente, hoy ha sido un día muy extraño ¿No?— dije sonriendo nerviosamente.
—Tienes razón, lo peor aún no comienza Kenta…
Tras varios minutos caminé sola por un largo pasillo y al caminar me encontré a un hombre el cual nunca había visto en el castillo. Su cabello era completamente negro, con mirada muy fría y destellantes ojos azules y piel blanca. Pude apreciar solo un poco su rostro debido a la oscuridad de la noche
—Con que si es cierto lo que dijo aquella doncella.—Dijo aquel hombre mirándome.
—¿Quién es usted? ¿De qué está hablando?.—Pregunté confundida.
—Supongo que aún no me reconoces… bueno, me llamo Ayato, tienes que venir conmigo.
—¿Por qué debería ir con un completo extraño?
—Ya veo… Vendré a verte pronto Saori.
—Espera un momento, ¿Cómo sabes mi nombre?.
Aquel hombre se alejó de mi hasta perderlo de vista rapidamente; inmediatamente me hice varias preguntas respecto a lo ocurrido.
¿Quién era ese hombre? Y ¿Cómo entró al castillo? .
Continúe caminando un poco confundida hasta encontrarme nuevamente con Kenta. Le pedí a Kenta que me acompañara durante toda la tarde, ya que me encontraba asustada. Kenta aceptó sin dudar.
—Me alegra que estés conmigo, me hace sentir mucho más tranquila…
—Siempre estaré contigo.
—Me pregunto que pasará conmigo a partir de hoy… Estoy… Asustada…—dije mirando al suelo
—Tranquila, estaré contigo, el bastardo de Reiji dijo que me quedaría cuidando su habitación esta noche.
Miré a Kenta con sorpresa al escucharlo hablar.
“¿Por qué querría Reiji que Kenta esté cuidando la habitación en la noche de boda? ”
—Al fin te encuentro Saori, ya es de noche, supongo que estás lista, te haré sentir muy especial.
—No seas ridículo, nunca quise casarme contigo.
—Bien, te estaré esperando dejé a unas doncellas en tu habitación para que te prepares .—dijo ignorándome completamente
Al terminar de decir esas palabras Reiji continuo su camino hacia su habitación.
—Es una lastima que Suki no esté aquí, estoy seguro que estuviese llorando al verte casada.—dijo mi padre mientras me veía a los ojos.—tu madre estaría muy orgullosa de ti Saori.
—Mi madre no estaría para nada contenta, al ver que me has obligado a casarme con un extraño.
—De igual manera la opinión de tu madre no habría sido importante.—Dijo burlándose de mí.—Kenta, acompaña a Saori a su habitación. La están esperando, estaré en mi habitación.
—Si su majestad—.dijo con una mirada vacía.
Kenta caminó a mi lado y lo seguí, pero durante el camino no me dirigió la palabra en ningún momento. Me aseguré que nadie estuviera viéndonos, y tomé la mano de Kenta quien detuvo su paso y dirigió su mirada hacia mi.
—¿Qué sucede?
—Quisiera que fuera un sueño, tengo miedo…
—Saori, te lo he dicho varias veces, huyamos..
—Y varias veces te he dicho que no quiero que te maten…
—Eso no pasará Saori.—dijo mirándome fijamente.
—No puedo hacerlo…
—Está bien…. Solo si sucede algo, por favor prométeme que gritaras mi nombre…
—Lo prometo.
Kenta se quedó en silencio y continuó su camino hacia la habitación. Al llegar allí un par de doncellas esperaban por mi con un perfumado baño con esencias de jazmín. Tomé el baño tranquilamente y me quedé en la bañera deseando que esto solamente sea una pesadilla.
Podía escuchar a Kenta desde la puerta tarareando una triste melodía… haciéndome sentir inquieta.
“Si tan solo pudiera huir con el… si tan solo pudiera hacerlo… ”
Después de unos minutos, las doncellas me pidieron que saliera del agua, diciendo que mi señor estaba esperando por mi.
Me levanté de la bañera y procedí a vestirme.
—Salgan de mi habitación, me encargaré del resto, pueden retirarse.
Las doncellas hicieron una reverencia y salieron de mi habitación. Al terminar de vestirme, abrí la puerta de mi habitación en la cual se encontraba Kenta de pie.
—Supongo que me llevarás a él…
—Así es.—Afirmó sin mirarme.
Kenta se puso en marcha hasta llegar a la habitación de Reiji, entonces decidió verme a los ojos e inclinarse nuevamente hacia mí; lo observé fijamente a sus ojos y el depositó un corto beso en mis labios para luego verme nuevamente
—Lo siento Saori..
—Está bien, no tienes culpa.—dije tomando su mano, la cual solté para entrar a la habitación.
Al entrar, en ella se encontraba Reiji esperando por mi, tomando un poco de sake el cual me ofreció y rechacé.
—¿Está tu guardián allí?—Sonrió.
—Así es.
—Bien, toma asiento, tengo algo de lo cual quiero hablarte.—Tomé asiento frente de Reiji quien no dejaba de mirarme. —Para ser una mujer casada, eres una mujer vulgar al besar los labios de otro hombre.—dijo mirándome con odio.
—Yo no…
—No te permitiré que te burles de mi, levántate.— Me negué a levantarme, y Reiji se acercó a mi levantándome bruscamente de mi asiento.—Te dije que te levantes, obedece.—Exigió sujetando mi brazo fuertemente.
—Me estás lastimando, suéltame.—Dije con una expresión de dolor.
—Entonces obedece.—Reiji se acercó a mi rostro y me besó bruscamente, empecé a luchar con él y decidida mordí su labio inferior.
Reiji hizo una expresión de dolor y me empujó mientras limpiaba la sangre en su labio, para luego acercarse a mí y propinara una fuerte bofetada en mi rostro haciendo que cayera al suelo. Miré con horror a Reiji colocando mi mano en mi mejilla.
—¿Quién te crees que eres perra?, ¡Levántate!.—Me puse de pie mirándolo con furia.—Desnúdate para mí.—Exigió mientras tomaba asiento.
Me quedé de pie observándolo con odio y abrí mi boca para hablar.
—Púdrete en el infierno—Le desafié sin dejar de mirarlo.
Reiji se levantó y procedió a darme otra bofetada en mi rostro haciendo que un hilo de sangre saliera de mis labios. Tomó mi cabello con fuerza obligándome a verlo a los ojos.
—Eres una perra desobediente… lastimosamente todavía no puedo matarte hasta obtener lo que tú padre y yo estamos buscando.
Miré a Reiji y escupí su cara haciendo que soltara mi cabello y limpiara su rostro; pero dirigió su mirada furiosamente hacia mi y me empujó al suelo bruscamente comenzando a desnudarme mientras yo luchaba contra él.
—Aquí está, tu marca de nacimiento—Acercó su boca a ella y mordió fuertemente mi marca haciéndome gritar debido al dolor.
Reiji cubrió mi boca con su mano y continúo lamiendo y mordiendo cada parte de mi cuerpo, apretando mis senos fuertemente.
—Por favor detente.—Supliqué mientras lloraba.
Reiji observó mi rostro con una cínica sonrisa en sus labios; bajó a mi cuello y mordió en el, inmediatamente dejé escapar otro grito, pero Reiji continuó mordiendo todo mi cuerpo hasta llegar a sentir que no lo soportaría. Él sostuvo mis manos arriba de mi cabeza y procedió a abrir mis piernas.
—¡No por favor detente!—Supliqué siendo ignorada—Kenta…
—No te escuchará, maldita idiota—dijo mientras reía.
—¡Kenta!.—Grité lo más fuerte que pude suplicando que Kenta me haya escuchado ya que Reiji cubrió mi boca nuevamente.
Mientras estaba de pie en la puerta de la habitación juré haber escuchado a Saori decir mi nombre. Creo que ha sido mi imaginación…
Pasé mis manos por mi rostro con desesperación, pero una vez más escuché la voz de Saori llamar a mi nombre.
—¡Kenta!
Tomé mi espada y entré a la habitación en la cual se encontraba Reiji y Saori, quién lloraba mientras luchaba contra él quien cubría su boca; al mirar el escenario ante mis ojos la ira invadió mi cuerpo y sin pensarlo corrí hacia Reiji tomando por su traje quitándolo de encima de Saori y procedí a golpearlo repetidamente en su rostro impidiéndole moverse hasta lograr ver su sangre la cual humedeció mis manos.
—¡Hijo de perra!—Grité, pero me detuve al sentir a alguien quien haló mi brazo, al dirigir mi mirada hacia el, encontré el rostro de Saori quién lloraba sin detenerse.
—¡Detente Kenta!
Tomé el rostro de Saori entre mis ensangrentadas manos observándola a sus ojos.
—¿Estás bien?, ¿Te tocó?—Le pregunté con desespero observando su cuerpo desnudo viendo en cada parte de ella mordidas
—Estoy bien… El… No logró tocarme…
—¿Estás segura?
—No me tocó… Aún tiene su Hakama en el…
Tomé el haori de mi traje y lo coloqué encima de Saori cubriendo su cuerpo.
—Vámonos.—dije tomándola de su mano
—Espera, está muerto…
Ignoré a Saori mientras tomaba su ropa, pero ella me detuvo.
—N-no puedo irme, mi padre dijo que te matará.
—No me pasará nada, tenemos que irnos ahora Saori
Tomé a Saori de la mano rápidamente, para dirigirnos a salir del castillo.
—¿A-a dónde iremos?.—Preguntó nerviosamente.
—No lo sé, pero tenemos que salir de aquí.—Respondí.
—Tenemos que ir a mi habitación, tengo que llevarme lo que me dio mi madre…
Miré a Saori un poco confundido y nos dirigimos hacia su habitación tras haber colocado su ropa. Saori tomó una carta con un sello antiguo y un collar de plata con una gema de color azul y en ella un símbolo extraño.
—¿Estás lista?
—Estoy… Lista—Afirmó en un bajo tono de voz.
Asentí y tomé mi espada y a Saori en mi otra mano; me dirigí silenciosamente a la entrada del castillo, pero me detuve al escuchar a los soldados hablar.
—Su alteza no se encuentra, tampoco está el teniente, tenemos que informarle a su majestad.
—E-el señor Reiji… El señor Reiji está muerto.—dijo uno de los soldados con su rostro lleno de horror.
—Dirígete rápidamente a dónde su majestad e infórmale de esto.
Miré a Saori y en su rostro reflejaba miedo.
—Todo estará bien.—Dije dando un beso en su frente. Saori asintió con su cabeza y me abrazó fuertemente mientras hundía su rostro en mi pecho. —Vamos tenemos que salir de aquí.
Me levanté sujetando su mano y caminé silenciosamente por el castillo hasta que Saori detuvo su paso y apretó mi mano fuertemente; al dirigir mi mirada hacia ella vi su rostro de horror mientras observaba hacia delante en el cual se encontraba Hitochi en compañía de varios soldados.
“Mierda…”
—¡ATRAPENLO SE HA ROBADO A LA PRINCESA SAORI!, ES UN TRAIDOR—Gritó un soldado—¡MATENLO!.
Tomé fuertemente a Saori de la mano y comencé a correr; ante nosotros se encontraba la salida, teníamos que salir de aquí a como dé lugar.
—Cierra tus ojos, si no quieres ver esto Saori.
Al acercarme a los soldados los traspase sin piedad alguna en su corazón uno por uno acabando con sus vidas, mis manos y rostro se encontraban llenas de sus sangres sucias. Dirigí mi mirada hacia Saori quien mantenía sus ojos abiertos con una expresión de terror en su rostro; ambos corrimos hacia la puerta del castillo, aunque aún nos perseguían un grupo de soldados quiénes en segundos se habían multiplicado. Continué con nuestro paso hasta salir del castillo, para nuestra buena suerte, ante nosotros se encontraba un caballo de color negro el cual tomé y subí a el sujetando a Saori de su cintura colocándola ante mí cubriéndola con mi cuerpo.
—¡ATRAPENLO!
—¡Usen a los arqueros y que en sus flechas usen veneno!—Ordenó Hitochi.
Aún así continué alejándome de ellos hasta que segundos después sentí unas fuertes punzadas en mi espalda las cuales hicieron que cayera del caballo sujetando a Saori con fuerza contra mi pecho evitando que se hiciera daño.
—¿Estás bien?—Dije mientras mi vista se tornaba borrosa.
—Estamos atrapados… ¿Qué haremos Kenta?— dijo Saori mientras comenzaba a llorar.
—Confía en mi, estaremos bien.
—T-tu espalda… Las flechas están…
Saqué mi espada y comencé a luchar con cada uno de los soldados, pero una vez más mi vista comenzó a fallar mientras mi sangre salía de mi boca.
—¡Kenta detente son demasiados!—.Gritó Saori.
Ignoré la voz de Saori quien gritaba desesperadamente; tres soldados se abalanzaron hacia mi mientras luchaba contra ellos, pero uno de ellos usó su espada en mi espalda haciendo que cayera de rodillas. Saori corrió hacia mi y cubrió mi cuerpo con el suyo haciendo que mi sangre mancharan su traje.
—Sa…ori… Lo sien…to—Dije con dificultad.
—No, no, no… Ambos nos iremos de aquí—Dijo llevando su mano a la espada en mi espalda. Pero mi vista dejó de funcionar por completo, solo pude escuchar los desesperados gritos de Saori decir mi nombre y seguido de ello sentí una fuerte quemadura en mi costilla izquierda.
—¡¿Qué está sucediendo?!—Gritó un soldado.
—¡Ha despertado!—.Gritó Hitochi—¡Lo ha marcado!
Como si mi fuerza volviera a mi cuerpo me coloqué de pie y aún con mi vista borrosa sujeté la mano de Saori y comencé a correr sin saber a dónde iría. Pero el olor a humedad invadió mis fosas nasales.
“¿Agua?... ¿Un río?...”
Continué corriendo dejándome guiar por el olor de la humedad, hasta que llegamos a un acantilado; fijé mi mirada en los soldados quienes se aproximaban a mi, aún sin poder ver bien supe que lo único que podríamos hacer era saltar desde el.
—Kenta…
—Todo estará bien, lo prometo.
Acerqué a Saori a mi y la cubrí con mi cuerpo y me dejé caer de él al ver las borrosas siluetas acercarse a nosotros.





