Caminamos por las calles de nuestra hermosa Marbella después de que Iván comprara la ropa para su casamiento. Él carga la bolsa donde lleva el esmoquin con una gran sonrisa tatuada en su rostro mientras que yo siento que mi corazón se rompe en mil pedazos.
—Hola... — Escucho su voz y miro a mi lado para saber con quién habla, pero noto que está hablando por teléfono, no sé ni siquiera en qué momento ha timbrado su móvil.
—De acuerdo, ya voy para allá, espera. No, es que no voy solo, voy con Mia ¿Te molesta? Me lo imaginaba...— Dice entre risas.
Estoy intentando adivinar con quien habla y que están planeando, pero la verdad es que nunca logro entender nada cuando habla así en clave —¿Dónde vamos?— Le pregunto mientras guarda su móvil en el bolsillo de esos jeans que lleva puestos y tanto me gustan como le quedan.
—A un bar, Enzo y Antonio nos esperan allí para que nos tomemos unas copas— Explica sonriente.
«No sé si estoy de ánimos para ir con ellos.» Pienso y trato de buscar una excusa.
—¿No quieres mejor ir solo?— Le pregunto intentando zafar de la situación.
—¡No! ¿Cómo crees? Además, Enzo está ansioso por verte.— Le encantas me informa tomándome por sorpresa.
«Lo único que me faltaba es que el hombre del cual estoy enamorada quiera hacer de celestino con uno de los socios de su empresa»
—¡Iván! Por favor... no empieces.— Le suplico tratando de que entienda mi punto de vista.
—De acuerdo, pero al menos acéptale una cita o algo al pobre— Me sugiere.
Lo miro un poco más seria y niego —Yo salgo con quien yo quiera ¿entendiste?— Replico y puede que este siendo agresiva, pero es que me frustra su actitud.
—De acuerdo. No me meto más, lo prometo— Me dice levantando sus manos en señal de paz.
[Un rato más tarde]
Después de haber caminado algunas pocas calles, entramos al bar y allí están Enzo y Antonio sentados en una de las mesas altas bebiendo una cerveza —¡Hasta que por fin llegan!— Exclama Enzo mientras que los tres se saludan entre sí.
—Mia, ¿Cómo estás?— Me pregunta Antonio amablemente.
—Bien, gracias ¿y tú?— Le pregunto y se nota a kilómetros de que no tengo ánimos de estar aquí.
—¡Mia! Hace mucho que no te veía, te vez preciosa.— Comenta Enzo dándome un beso en la mejilla.
—Muchas gracias...— Me limito a decir y tomo asiento al igual que Iván.
Las cervezas y los tragos comienzan a pasar por la mesa y la cantidad de vasos vacíos va aumentando a manera que esto sucede. Ya perdí la cuenta de cuantos tragos llevo encima. Lo único de lo que me doy cuenta es de que Enzo no para de hacer chistes para hacerme reír y que su silla se acerca más y más a la mía, para así de esta forma hacer que nuestros cuerpos se rocen.
—¿Por qué no aceptas salir algún día conmigo? Aunque sea una sola vez... ¿Una cena tal vez?— Pregunta con sus ojos fijamente mirando los míos.
—No creo que sea conveniente.— Respondo de la manera más amable posible.
—Por favor... Prometo no besarte.— Habla sonriente.
—Está bien, ¡pero no me vayas a besar eh!— Le advierto y en el fondo no sé si es una buena idea aceptar su propuesta.
—No te besare. ¿Te parece mañana? — Propone y supongo que ya no hay marcha atrás en esta situación
—Mañana entonces...— Accedo.
«Sé que esa salida será perder el tiempo, pero tampoco creo que vaya a perder nada más que eso ¿o sí?» Me cuestiono, aunque no sé a quien estoy intentando convencer y mucho menos de que.





