"Iris, ven a saludar a Elianna".
Apenas Iris entró en la casa, Bryanna la recibió con una cálida sonrisa.
Elianna alzó la cabeza con lentitud. Sus ojos, grandes e inocentes, estaban anegados en lágrimas que a duras penas contenía.
Bryanna suspiró suavemente y tomó con delicadeza la mano de Elianna. "¿Qué joven millonario no cede a las tentaciones de la vida nocturna? Especialmente alguien como Vincent".
Elianna sorbió por la nariz, con la voz quebrada por el llanto. "Mi hermano me dijo que Vincent estaba en un club de mala fama. No quise creerle, así que fui a verlo por mí misma. Y ahí estaba, rodeado de mujeres".
Bryanna le apretó la mano con dulzura. "Ahora estás con él. Tienes que mantenerlo a raya".
Elianna se cubrió el rostro con las manos y rompió en llanto. "Le rogué que se fuera conmigo, pero me ignoró".
Bryanna frunció el ceño. "Entonces, deja que Clint lo traiga de regreso".
Elianna negó con la cabeza. "Clint ya lo intentó. Es imposible convencerlo".
Bryanna guardó silencio un momento, pensativa. Luego, se volvió hacia Iris. "Iris, quizás a nosotras no nos escuche, pero no tendrá el corazón para rechazar a una jovencita como tú. Ve a buscarlo".
Iris asintió y se dispuso a salir.
"Lleva a Clint contigo", le gritó Bryanna.
Si hubiera tenido otra opción, no habría enviado a Iris a un club nocturno.
Pero Clint Tucker, el chófer de confianza de la familia, era un hombre confiable y su presencia la tranquilizaba en cierta medida.
El club vibraba con luces parpadeantes y una música ensordecedora, sumido en una atmósfera de desenfreno. Los cuerpos se apretujaban en la multitud, perdidos en el caos y el exceso.
Mientras Iris se abría paso entre el gentío, sintió cómo varias manos intentaban aferrarse a ella, como si fuera un trofeo.
Al empujar la puerta de la sala VIP, la escena la impactó de inmediato.
Vincent estaba recostado en un sofá de cuero, con un cigarrillo entre los dedos y el otro brazo extendido con aire despreocupado sobre el respaldo.
Una mujer seductora, sentada en su regazo, le daba de beber vino mientras el humo del cigarrillo se enroscaba a su alrededor como un velo.
En medio de aquel caos desenfrenado, la figura serena y digna de Iris creaba un contraste absoluto.
De repente, la música cesó. Todas las miradas se clavaron en Iris.
Ella dio un paso al frente y dijo con voz suave: "Tío Vincent, la señorita Dawson lo está esperando en casa".
"¿Tío?", la risa burlona de un hombre retumbó en la sala. "¿No es esta la huérfana que recogieron los Stewart? Vaya que se ha puesto hermosa, ¿eh?".
Iris cruzó la mirada con él y lo reconoció al instante: era Connor Russell, el notorio hijo de Adrian Russell, un influyente funcionario.
Con el poder de su padre respaldándolo, Connor era un niño mimado y temerario.
No era de extrañar que Elianna estuviera tan molesta. Nada bueno podía salir de que Vincent se relacionara con alguien como Connor.
"Qué belleza", dijo Connor con una mirada lasciva, sus ojos oscurecidos por el deseo. Levantó su copa y comenzó a acercarse a Iris.
Con un movimiento rápido, le tomó un mechón de cabello, lo acercó a su nariz e inhaló profundamente.
"¡Fuera!", gruñó Vincent de repente en un tono amenazante.
Un escalofrío recorrió la espalda de Iris.
Connor le dedicó una sonrisa arrogante a Vincent y luego se inclinó todavía más, presionando la copa de vino contra los labios de la chica. "Ya que estás aquí, ¿por qué no te tomas un trago conmigo?".
Las risas retumbaron en la sala.
De pronto, el estruendo de una botella de vino al estrellarse contra el suelo silenció el lugar. El líquido rojo se derramó por el piso y la acompañante de Vincent gritó, sobresaltada.
Connor se dio la vuelta, con el rostro paralizado por la incredulidad.
Vincent soltó los restos de la botella y se limpió los dedos con indiferencia. "Solo lo advierto una vez".
Fue solo entonces que los demás comprendieron el grito repentino del hombre había sido para Connor.
Vincent atrajo a Iris hacia él y, con voz gélida, se dirigió a todos los presentes. "Doy por cancelados todos los tratos. El Grupo Stewart no volverá a hacer negocios con ninguno de ustedes".
La conmoción se apoderó de los presentes.
Habían pasado toda la noche intentando convencer a Vincent de que invirtiera.
En un instante, todo su esfuerzo se había esfumado.
Vincent rodeó los hombros de Iris con un brazo y, tambaleándose, la guio hacia la salida.
Clint ya tenía la puerta del auto abierta. Vincent prácticamente empujó a Iris al asiento trasero.
"A Skycrest Villas", murmuró con voz ronca, mientras su cuerpo se oprimía contra el de ella.
Skycrest Villas era el complejo residencial más exclusivo de la ciudad.
Cuando se inauguró dos años atrás, ni siquiera Bryanna, con todas sus influencias, pudo conseguir una unidad. Vincent, en cambio, había comprado una sin el menor esfuerzo.
La mano de Vincent ascendió por el muslo de Iris, introduciéndose por la abertura de su vestido. "No me gusta que uses ropa tan ceñida", dijo con un matiz de desaprobación en la voz.
Iris giró el rostro, ignorando deliberadamente su aliento a alcohol. Con serenidad, dijo: "La señorita Dawson y Bryanna lo están esperando en la mansión familiar".
"De verdad pareces tenerle un cariño especial a ese lugar", murmuró él, rozándole el lóbulo de la oreja con los dientes. Su aliento cálido le provocó un escalofrío.
Un leve gemido se le escapó antes de poder contenerlo. Atemorizada, se cubrió la boca con la mano.
Aunque Clint era uno de los hombres de mayor confianza de Bryanna, Vincent seguía haciendo lo que se le antojaba.
El timbre repentino de un teléfono rompió el silencio. Vincent le sujetó la mano para impedir que respondiera. "No contestes".
Pero Iris respondió de todos modos.
La voz de Bryanna crepitó a través del auricular. "¿Ya encontraste a Vincent?".
Afuera, la densa oscuridad de la noche borraba los contornos del paisaje.
Dentro del auto, Vincent se volvía cada vez más atrevido.
El sonido de la tela al rasgarse se coló en la llamada.
El aire frío le picó en el muslo a Iris.
Vincent le había rasgado el vestido y su mano se deslizaba ahora hacia donde no debía.
Iris luchó por mantener la firmeza en su voz. "Todavía no...".
Vincent sonrió con aire de suficiencia, satisfecho con la respuesta. Su tacto, que un momento antes había sido brusco, se volvió inesperadamente suave.
Al otro lado de la línea se oían los sollozos ahogados de Elianna.
Bryanna dijo con tono severo: "Dile esto a Vincent: Elianna todavía lo está esperando. No se irá hasta que él regrese".
Sin dudarlo, Vincent le arrebató el teléfono y colgó. Sujetándole la barbilla, estrelló sus labios contra los de ella.
El aroma a alcohol, mezclado con su conocida colonia, le inundó los sentidos.
Su cuerpo vaciló, traicionándola. Una tormenta se agitaba en su interior.
Desde niña, jamás le había mentido a Bryanna.
Pero desde el regreso de Vincent, se veía forzada a hacerlo una y otra vez.
El auto entró en Skycrest Villas.
Por el espejo retrovisor, Clint observó el rostro sonrojado de Iris. "El señor Stewart está ebrio. ¿Podría usted ayudarlo a entrar, por favor?".
Vincent se apoyó pesadamente en ella, aparentando estar casi inconsciente.
Sin otra alternativa, Iris lo ayudó a entrar en la casa.
Una vez dentro, todo le dio vueltas; antes de que pudiera reaccionar, se vio envuelta en un abrazo fuerte y cálido.
Vincent se detuvo un momento para hablar con Clint. "Puedes tomarte un mes libre. Ve a visitar a tu familia".
Clint comprendió de inmediato, asintió y se marchó sin hacer preguntas.
Para cuando Iris se dio cuenta de que había caído directamente en la trampa, ya era demasiado tarde.
Vincent la empujó sobre la cama y la inmovilizó bajo su cuerpo.
La primera vez había sido en un pabellón del jardín.
Nervios, dolor y la novedad, todo mezclado con el miedo a ser descubiertos.
Esta vez, la respiración de Vincent era igual de agitada, pero sus movimientos eran más lentos, más deliberados.
Iris no tardó en descubrir que la intimidad no era solo dolor, sino que, más allá, existía un placer inmenso.
A la mañana siguiente, Vincent estaba recostado contra el cabecero de la cama, jugando perezosamente con una tarjeta entre sus largos dedos. Una sonrisa burlona se dibujaba en sus labios. "'En tu sonrisa encuentro mi luz; contigo, todo se siente en su lugar'. Qué cursi".
Iris intentó arrebatarle la tarjeta, pero Vincent la arrojó al suelo.
"¿Jayden Warren, eh? ¿El presidente del consejo estudiantil? ¿O solo un becado de una familia con problemas económicos?".
Su voz estaba cargada de sarcasmo.
Iris guardó silencio mientras se ponía la ropa interior.
Jayden era el presidente del consejo estudiantil, uno de los alumnos más brillantes de la universidad.
Pero, a diferencia de ella, provenía de una familia adinerada; un auténtico heredero.
Nunca imaginó que él le confesaría sus sentimientos. Y lo que era peor, Vincent lo había descubierto.
Iris se inclinó, recogió la tarjeta y la guardó en su bolso.
Sin mirarla, Vincent le arrojó una tarjeta negra. "No tiene límite. Gasta lo que quieras".
¿Era esa la compensación por una noche con él? Iris dejó la tarjeta de crédito a un lado. "No es necesario. No necesito su dinero".





