Ricardo apareció de la nada, como siempre.
Fingiendo preocupación.
"Sofía, cariño, no seas tan dura. Mateo solo pasea a su hijo."
Luego, con una sonrisa condescendiente hacia Mateo:
"¿Necesitas algo, Vargas? ¿Dinero quizás?"
La humillación era insoportable.
Sofía añadió, mirando a Leo con desdén:
"Ese niño solo es una carga. Una molestia."
Las palabras de Sofía sobre su propio hijo.
Mateo sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
La gente alrededor comenzaba a murmurar.
Algunas miradas eran de lástima hacia Mateo, otras de reproche hacia Sofía.
"Qué mujer tan fría."
"Pobre hombre, y el niño tan pequeño."
Un pequeño consuelo, una migaja de validación.
Pero no cambiaba nada.
Mateo miró a Sofía, a la mujer que una vez amó.
No quedaba rastro de ella.
Solo una desconocida cruel.
Su decisión de desaparecer se reafirmó.
Era lo único que le quedaba.
El teléfono de Sofía sonó.
Él lo ignoró.
Ella lo llamó de nuevo, insistente.
Cuando finalmente contestó, la voz de Ricardo irrumpió.
"Mateo, Sofía está muy enfadada. Dice que la agrediste."
Mateo no dijo nada.
¿Agredirla? ¿Cuándo?
Ah, el leve empujón a Ricardo cuando este se interpuso.
Ricardo, el actor, fingiendo una lesión.
Sofía exigiendo una disculpa.
Mateo sintió una calma fría invadirlo.
Se quitó el guardapelo del cuello.
El símbolo de su amor perdido.
Se lo tendió a Ricardo.
"Toma. Como compensación por tu 'lesión'."
Ricardo lo tomó, desconcertado.
Sofía lo miró, una extraña expresión en su rostro.
¿Confusión? ¿Sospecha?
Ya no importaba.
"Me voy", dijo Mateo, su voz plana.
"Leo y yo nos vamos."
Sofía frunció el ceño.
"¿Irte? ¿A dónde vas a ir tú, muerto de hambre?"
Mateo no respondió.
Dio media vuelta y se alejó, con Leo en brazos.
Dejando atrás a Sofía, a Ricardo, y los restos de su vida destrozada.





