PACTO; Vendida al demonio

Ada.

3 meses después.

Amanda comenzó a mejorar, se la veía más alegre y había subido de peso lo que era un logro enorme, la mayoría del tiempo si no estaba en el colegio me quedaba con ella a pasar el día recostada a su lado, observando la lluvia o las nubes pasar por la ventana.

-¿Qué te gustaría recibir por tu cumpleaños? Mary dice que si continúo mejorando podré salir a comprarte un obsequio.

Mi mirada se posó sobre la suya y le sonreí sinceramente, mi hermana era una mujer guapa, sus ojos eran como las esmeraldas y su piel era pálida como la nieve, sus facciones todas finas y una sonrisa perfecta, si no estuviera tan enferma seguramente sería una chica de revista, de esas que modelan ropa Chanel o alguna mierda costosa.

-Mmmmh.- fingí pensar en algo porque parecía más emocionada que yo, Amanda no sabía lo mucho que odiaba mis cumpleaños y tampoco quería decírselo.- Creo que cualquier cosa que elijas me gustara.

Mi hermana continúo hablando y caminando alrededor de la habitación, mi corazón estaba más tranquilo desde que estaba mejorando, la quimioterapia estaba funcionando y con mucha esperanza pronto volvería a casa, entonces… solo entonces podría ser libre.

Me imaginé muchas veces la vida que quería para mí, disfrutaba la música, algunas veces en sueños oigo las melodías y la voz masculina, mi padre era un experto tocando el piano, lo sé y aunque nunca pude verlo y mi madre no me permitiría hablar de él siento que esto es lo último que me queda, lo único a lo que me puedo aferrar.

Me concentre demasiado en mis pensamientos y no note que Amanda estaba hablándome.

-¡Ada!.- me grito sacudiendo su mano conectada al suero agitándola frente a mí.

-Lo siento, ¿Qué pasa?

Su mano señalo la puerta de la habitación y vi a Mary parada observándonos.

-La hora de visitas termino chicas, es hora de irse Ada.

Me quite la manta de las piernas y me levante perezosamente del sofá en el que estaba, me acerque a Amanda y la rodee con mis brazos uniéndola a mi cuerpo.

-Volveré mañana.

-No, no vuelvas, sal con tus amigos, diviértete, Ada, tienes 17, eso es lo que la gente de tu edad hace.

Reprimí las ganas que tuve de decirle que ella no pudo disfrutar su adolescencia porque estaba ocupada luchando contra la muerte porque sabía que eso no ayudaría en nada.

-Eres mi única amiga, ¿lo olvidas?

-Entonces consigue unos nuevos o quizá… ¿un novio?

Rodee los ojos y tome mis cosas antes de negar con la cabeza y huir del hospital.

Afuera estaba frio, la lluvia caía en pequeñas gotas y la gente corría a resguardarse, camine a casa tomándome mi tiempo sin importarme cuanto me mojara, me coloque los audífonos y deje que la música sonara hasta que tuve que pasar frente a ellos.

Tom y Randy, los típicos imbéciles que hay en todas las escuelas, demasiado ejercitados y con una personalidad asquerosa, los había escuchado en muchas ocasiones burlarse de las chicas a las que se tiraban en la cancha de futbol cuando no había nadie por ahí y por supuesto creían que yo era un objetivo fácil, una chica sin padre con una hermana enferma y madre camarera de un hotel, ¿Por qué diría que no a follar con un buenazo como ellos?

Bueno, tenía una respuesta.

Ambos se gustaban, pero nunca aceptarían que son homosexuales.

Traté de acelerar el paso cuando los vi fumando con otras dos chicas a lado de la única cafetería que había en el pueblo, esperaba pasar desapercibida.

-¡Ada, maldita sea!.- la voz de Tom hizo que mis pies se ralentizaran, pero no me detuve.

Escuche sus pasos veloces contra el agua, estaban tratando de alcanzarme, el cuerpo de Randy se puso frente a mi bloqueándome el paso y Tom me rodeo los hombros con un brazo.

-¿Hasta cuándo planeas ignorarnos nena?.- Caminaron conmigo unos cuantos pasos hasta que tuve el valor de detenerme y enfrentarlos.

-Vete a la mierda Tom.

Sus risas escandalosas hicieron que me doliera la cabeza, y Randy se acercó a mi rostro como examinándolo.

-Creo que esa linda boca me haría una buena mamada, ¿Qué te parece si lo comprobamos?

Se me revolvió el estómago de solo pensarlo, empuje el agarre de Tom e intente caminar nuevamente sin éxito.

-Deja de hacerte la difícil perra.- sus cuerpos me rodearon, era imposible huir de ahí, me ganaban en peso.

-Randy… basta, sé que no te gusto, pregúntaselo a Tom, con suerte te volverá a follar en el salón de ciencias.

Yo los había visto.

Lo sabía, su sucio secreto.

Sus miradas se escandalizaron y tuve que forzarme a no burlarme de ellos.

-¿Quién te dijo esa mierda?.- Tom estaba apretando los puños a punto de matar a quien sea que lo pusiera enojado.

-Yo los vi… así que deja de fingir imbécil, sé que les gustan las cosas sucias y duras.- me acerque un centímetro más a ellos pensando que tenía el control de la situación, la diversión se había ido y ahora eran todos rabia

Aproveché para continuar mi camino y con el rabillo del ojo vi como Randy intentaba calmar a su amante y como este lo rechazaba, esperaba que eso los mantuviera alejados de mí.

Error.

Gran y desastroso error.

Sentí un tirón en mi cabello y las piernas me temblaron inmediatamente me ardía la cabeza, mis pies se arrastraron por el pavimento mojado hasta el callejón en donde los encontré hace unos minutos mi patético y débil cuerpo cayo en medio de un charco de agua sucia y cuando mi cabeza golpeo contra el suelo todo me dio vueltas, escuche sus risas y el pánico corrió por mis venas, intente levantarme, pero no me dejarían, recibí un golpe más en el estómago con el pie de Tom, no pude pedir ayuda y la vulnerabilidad me hizo llorar de rabia, necesitaba correr, moverme…

La mano de Tom volvió a tomar mi cabello jalándolo hacia atrás para verme el rostro y tomar mi mandíbula.

-Voy a follarte maldita hija de puta, te marcare todo el cuerpo, entonces nunca podrás abrir la boca para decir estupideces, porque recordaras que me perteneces.- su asqueroso aliento rozo mi mejilla

Me dolía todo y aun así no podía rendirme ante estos bastardos, sonreí irónicamente y le escupí, su mano me soltó pero antes de limpiarse me golpeo el rostro, haciendo que mi cabeza chocara una vez mas contra el frio suelo, esta vez no pude moverme, mi visión estaba borrosa y pude ver como me arrastraban mas lejos para que nadie pudiera vernos, unas manos heladas intentaban sacarme la camiseta mientras otras me desabrochaban los jeans.

“Basta… por favor… alguien ayúdeme”

Fue todo lo que pude pensar, perdí el control de mi misma, nada era claro, todo estaba confuso, su toque se detuvo y la lluvia comenzó a caer desesperadamente, mi cuerpo estaba inerte empapándose… hasta que lo vi.

Un ángel.

Había venido a salvarme.

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