Odio Esconde En La Oscuridad

El jardín de la casa en la Ciudad de México estaba irreconocible, lleno de luces blancas y mesas vestidas de gala. La música de un DJ famoso retumbaba en mis oídos y en mi pecho, una vibración que me hacía sentir viva. Era mi noche, la noche de mis quince años, y yo era el centro de todo. Mi vestido, color rosa pálido, pesaba una tonelada, pero me sentía como una princesa de verdad, no como la niña mimada que mis hermanos decían que era.

Mi hermano mayor, Mateo, y mi hermano adoptivo, Leo, no se separaban de mí, actuando como guardaespaldas.

"Te ves increíble, Sofi", dijo Mateo, acomodando un mechón de mi cabello.

Rodrigo, mi mejor amigo desde que tengo memoria, se acercó con dos copas.

"Para la festejada", dijo con esa sonrisa que siempre me había gustado.

Éramos inseparables, los cuatro. Ellos me cuidaban, me consentían. Yo era su centro, su responsabilidad. O eso creía.

Todo se arruinó cuando llegó Camila.

Nadie la invitó. Era una influencer, una de esas chicas que se hacen famosas en redes por ser guapas y por supuestamente tener "un sistema" para crecer en línea. Entró como si fuera la dueña del lugar, con una sonrisa falsa y un teléfono en la mano, grabando todo.

Mis hermanos y Rodrigo se tensaron. La conocían de la escuela y de fiestas. No les caía bien.

"¿Qué hace esta aquí?", murmuró Leo.

La ignoré. Era mi fiesta. Nada podía arruinarla. Pero entonces, Camila sacó una caja de fuegos artificiales caseros. "¡Para darle ambiente!", gritó, y todos los chavos populares que venían con ella la aplaudieron.

"¡No, espera!", gritó Mateo, corriendo hacia ella.

Pero fue tarde.

Camila encendió la mecha. Hubo un chispazo, un silbido y luego una explosión sorda, no hacia el cielo, sino hacia mí. Sentí un calor intenso en la cara y en la pierna. Un dolor agudo, quemante. Grité. El olor a pólvora y a pelo quemado llenó el aire. Mi vestido caro, el sueño de mi vida, ahora estaba en llamas en la parte de la falda, pegándose a mi piel.

Caí al suelo. El mundo se convirtió en un caos de gritos y gente corriendo. Lo último que vi antes de que el dolor me nublara la vista fue la cara de Camila, una mezcla de sorpresa y una extraña satisfacción.

Cuando volví en mí, estaba en mi cuarto. La música se había detenido. Afuera solo se oían murmullos. Me dolía todo. Tenía la cara vendada de un lado y la pierna también. Ardía, un fuego lento y constante.

Y entonces, algo extraño pasó.

Frente a mis ojos, como si estuviera viendo un stream en vivo, empezaron a aparecer comentarios flotando en el aire. Letras blancas, translúcidas.

[Streamer Fan1]: Jajaja, ¿vieron la cara que puso? Épico.

[Seguidor de Camila]: Camila es la reina, le dio su merecido a la niña rica.

[Anónimo]: El plan va perfecto. Los hermanos y el amiguito ya están en la bolsa.

Parpadeé. Debía ser la medicina para el dolor. Estaba alucinando. Pero los comentarios no se iban. Se movían, se actualizaban.

[VIP User]: La van a entregar a la red. Camila les prometió enseñarles sus trucos a cambio. Pobre pendeja.

¿Qué? ¿Entregarme? ¿A una red? No tenía sentido. Era una locura. Mis hermanos me adoraban. Rodrigo era mi alma gemela.

La puerta se abrió y entró Rodrigo. Su cara mostraba preocupación. Se sentó en el borde de mi cama, con cuidado de no tocarme.

"Sofi, ¿cómo te sientes? Nos diste un susto terrible".

Su voz era suave, la misma voz que me había consolado de todas mis tristezas infantiles. Me sentí un poco más tranquila.

"Me duele, Rodri. Me duele mucho".

"Lo sé, princesa. Pero ya estás bien. Mateo y Leo están haciendo que esa idiota de Camila pague. La están cancelando en todas las redes. Ya verás".

Sentí un alivio inmenso. Claro, ellos me estaban defendiendo. Las visiones eran solo eso, alucinaciones por el trauma.

Pero entonces, los comentarios aparecieron de nuevo, justo sobre la cabeza de Rodrigo.

[Streamer Fan1]: Jajaja, qué buen actor. Le está mintiendo en la cara.

[Seguidor de Camila]: Él es el más emocionado por el "sistema" de Cami. Haría lo que fuera.

[Anónimo]: Ya quiere irse a ver a su verdadera reina. La quemada es solo un estorbo.

Mi corazón se detuvo. Miré a Rodrigo, a sus ojos preocupados, y por primera vez, sentí que eran falsos. Había una impaciencia en su postura, un nerviosismo que no encajaba con sus palabras.

"¿De verdad están haciendo eso?", pregunté, mi voz temblorosa.

"Claro que sí, Sofi. Por ti hacemos todo".

Justo en ese momento, su teléfono sonó. Contestó de inmediato.

"¿Qué pasó, Mateo?... ¿¡Qué!? ¿En el hospital? ¿Pero está bien? Voy para allá".

Se levantó de un salto, con una expresión de pánico genuino. Un pánico que no había visto cuando me miró a mí, vendada y quemada.

"¿Qué pasa? ¿Quién está en el hospital?", pregunté, intentando sentarme. El dolor en mi pierna me hizo gritar.

"Es Camila", dijo, sin mirarme. Estaba buscando sus llaves, su cartera. "Dicen que se desmayó por el estrés de la cancelación. Que está muy grave".

Los comentarios flotaron de nuevo, crueles y claros.

[VIP User]: Jajaja, grave de un rasguño que se hizo corriendo. Qué buen show.

[Streamer Fan1]: Y el pendejo se lo creyó. Corre, perrito, corre a cuidar a tu nueva ama.

La sangre se me heló en las venas. No podía ser.

"Rodrigo, no te vayas", supliqué. "Te necesito. Me duele mucho. Por favor".

Él se detuvo en la puerta y finalmente me miró. Pero no había compasión en su mirada. Solo fastidio.

"Sofía, por favor. Tú estás bien, estás en tu casa. Camila está sola en un hospital. Tenemos que apoyarla. Es lo correcto".

"¡Ella me hizo esto!", grité, las lágrimas mezclándose con el sudor en mi cara.

"Fue un accidente. Ya deja el drama", dijo con frialdad.

Mateo y Leo aparecieron en la puerta.

"¿Qué esperas, Rodrigo? ¡Vámonos! Camila nos necesita", apuró Mateo.

Leo ni siquiera me miró. Su atención estaba en su teléfono, probablemente leyendo las "noticias" sobre Camila.

"No me dejen sola", lloré, extendiendo una mano. "Hermanos... por favor".

Me ignoraron. Los tres salieron corriendo de mi cuarto, bajaron las escaleras a toda prisa. Escuché la puerta principal cerrarse de un portazo.

Y luego, silencio.

Un silencio profundo, roto solo por mis propios sollozos. Me quedé sola, en mi cuarto de princesa arruinado, con el olor a humo y a traición. El viento frío de la noche entraba por la ventana abierta del jardín, trayendo consigo el eco de la fiesta terminada. Las luces de colores parpadeaban débilmente, como estrellas moribundas. El dolor de mis quemaduras era nada comparado con el dolor que sentía en el pecho, un vacío helado donde antes había confianza y amor. Estaba sola, herida y abandonada. Y los comentarios seguían flotando en la oscuridad de mi habitación, burlándose de mí.

[Anónimo]: Adiós, princesa. Que disfrutes tu nuevo castillo.

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