Salí de la uni manejando mi Maybach Exelero. Me encantan los autos y las motos.
Cuando llegué a casa, vi a mi hermano volviendo también. Al verme, me soltó: "Uy, hoy estás con la sonrisita muy feliz. Seguro otra relación cayó por tu culpa." Me reí. "No era una buena relación, bro."
"Solo tú decides cuáles valen la pena o no", me imitó burlón. Luego siguió, "Ya verás que un día te va a tocar a ti."
"Tranqui, hermano. Yo paso del drama amoroso. Y si necesitas con quién salir, puedo presentarte a alguien."
Él se sinceró: "No gracias. Conociéndote, terminaría otra vez solo y echándote la culpa."
"..."
No le contesté.
Cuando entramos, nos topamos con mi madrastra. Nos preguntó cómo nos fue en el día.
"Todo bien," contesté.
Sin dar más vueltas, me fui directo a mi habitación.
Ah, y para que no se confundan. mi madre no está muerta. Vive feliz por ahí con su amante.
Todo fue culpa de mi papá, Ian. Mi mamá, Maeve, se fue por su culpa. De hecho, se conocían desde niños. Pero ella nunca lo quiso de verdad.
Quien sí lo ha querido siempre fue mi tía, Hazel. Pero él, aún sabiendo que mi mamá no lo amaba, hizo hasta lo indecible para quedársela.
Cuando supo que ella tenía a alguien, amenazó a ese tipo para que la dejara y le dijera que ya no sentía nada por Maeve.
Así fue como mi mamá olvidó a ese tipo y se terminó casando con mi padre.
Cuando yo tenía dos años, mi mamá descubrió toda la verdad. Y sí, fue gracias a mi tía que se enteró.
Pero no la odio por eso. Al final, todos podemos ser egoístas cuando se trata de sentimientos.
Desde entonces, el ambiente en casa cambió. Se peleaban todo el tiempo.
Al final, mi papá pidió el divorcio. Quería que ella fuera feliz, aunque él seguía clavado.
A los cinco, mi padre se casó con mi tía... la hermana gemela de mi mamá.
Así que mi madrastra es también mi tía.
Pero es buena con nosotros. Nunca nos hizo el feo. Nos trata como si fuéramos sus propios hijos.
Tuvo una hija con mi papá, que ahora andará por los quince.
Esa sí que me odia con ganas. Todo lo contrario que su mamá.
Siempre peleaba conmigo, hasta por tonterías. Yo solo la ignoraba porque era chica.
Agarré mi mochila para hacer tarea. Terminé a duras penas y bajé.
"Toca cenar," dijo mi tía.
"Ceno en mi cuarto, gracias," respondí. Asintió sin más.
Antes de entrar nuevamente, me preguntó si podíamos ir de compras el sábado.
Le dije: "Mejor el domingo, tengo algo pendiente mañana."
Vivimos en la misma casa pero casi ni hablamos.
"Está bien", me dijo.
Si mi hermanastra estuviera en la cena, seguramente habría drama. No soporta que su madre tenga buena relación conmigo.
Por eso, mi tía tomó la decisión de mandarla a internado. Así hay menos estrés en casa.
Volví a mi cuarto a cenar sola.
Después me puse a trabajar en mi cómic. Es lo que más me gusta hacer.
Mi empresa la abrí con 15 o 16 años con una razón clara.
Como ayudaba a mi papá y a mi hermano con su negocio, ya tenía algo de experiencia.
En el tema de negocios uso el nombre "Lisa".
No me gusta estar en el ojo público.
Mi cómic se volvió famoso y de ahí empecé a expandir mi empresa a medios y entretenimiento.
En cosa de meses, estábamos en el top diez del país.
La empresa ya tiene dos años. Creció muchísimo.
En mi familia, no tienen ni idea. Solo lo saben mi asistente y un amigo mío.
Cuando terminé, miré la hora: las 11 en punto.
Odio dormirme temprano, así que agarré mi moto y salí a dar una vuelta silenciosa.
Abrí la ventana de mi cuarto, chequeé que nadie mirara y bajé sin hacer ruido.
Un rato después, regresé por la misma ventana.
¿Y quién inventó estas reglas, por cierto?
Seguro fue mi abuelo. Debería recriminarle tantas tonterías.
En esta casa, las chicas tienen mil reglas encima.
Si supieran que salí tarde, ya estaría encerrada por una semana.
De repente, la habitación se iluminó.
¡Maldita sea! Alguien me pilló.





