Luna se frotó la frente mientras bajaba las escaleras con rostro inexpresivo.
Vio a su padre sonriendo y asintiendo con la cabeza a un hombre que estaba de pie frente al sofá.
Su madrastra corrió hacia ella y la agarró del brazo mientras decía ansiosamente: "Llegas tarde, Luna. El señor He ha enviado a un conductor para que te recoja".
Fue solo entonces cuando la chica recobró el sentido.
Aquello era raro, ¿por qué iba Silas a enviar un conductor para recogerla? No tenía sentido...
Mientras seguía a su familia hacia el interior del auto, la joven Luna todavía estaba aturdida.
Era un viaje de tres horas hasta el resort de la zona sur, y ella tenía la intención de aprovecharlo al máximo, así que se reclinó en su asiento y cerró los ojos.
Cuando volvió a abrirlos, el auto ya se había detenido frente a una villa de estilo europeo en la cima de una montaña.
Al salir del vehículo, frunció los labios y siguió a los demás a través de la puerta.
Al atravesarla, una elegante melodía de piano llegó a sus oídos junto con las cordiales risas de hombres y mujeres que se divertían. Antes de poner un gesto sereno, frunció el ceño contrariada.
En el momento en que entraron a la fiesta, Jake, Lucy y Nina se dispersaron rápidamente, codeándose con los peces gordos.
Luna, por su parte, se sentó en un sofá en una esquina del pasillo, con una copa de vino tinto en la mano.
Observó a la gente levantarse y brindar con sus copas con más frecuencia de la que podía soportar, y arrugó la nariz, disgustada ante toda aquella opulencia.
Por costumbre, se fijó en los interiores de la mansión y sus cejas se alzaron con sorpresa.
Todo era de una magnífica exquisited y elegancia, y había antigüedades por todos lados. Incluso la mesa que tenía delante estaba hecha de sándalo rojo.
Los He eran una de los cuatro principales familias de S Province, y parecía evidente que tenían mucho dinero.
No era de extrañar que Nina quisiera casarse con Randal He y formar parte de aquella poderosa familia.
Después de todo, comparado con el golfo de Silas, aquel era de hecho la mejor opción, y además, probablemente sería él quien heredaría las propiedades familiares.
Mientras miraba a su alrededor sin hacer nada, Luna puso una mueca de disgusto.
Había al menos un centenar de invitados en aquella fiesta, más de los que esperaba.
"¡Randal está aquí!", exclamó alguien entre la multitud.
Entonces, la joven se puso de pie inconscientemente, y se alisó el vestido mientras estiraba el cuello para mirar la puerta que parecía abrirse en cámara lenta.
Cuando lo hizo, se sorprendió al ver a dos hombres entrando en el pasillo.
El rostro familiar detrás del extraño hombre que tenía enfrente la sorprendió.
'¿Por qué viene ese guardaespaldas con Randal?', se preguntó.
Ante la aparición de esos hombres, los presentes rompieron a aplaudir.
Los hombres parecieron acercarse a él con cierto disimulo, mientras que las mujeres se arrimaron al guardaespaldas con un entusiasmo manifiesto.
En ese momento, Luna observaba la escena con la boca abierta.
Aquello demostraba una vez más que aquel era un mundo donde la apariencia prevalecía sobre la virtud.
"¿Quién es el hombre tan guapo que va detrás del señor Randal?", preguntó una mujer.
"Oh, Dios mío, ¿no lo conoces? Ese es el señor Silas, ¡el hermano mayor de Randal!", contestó otra señora.
"¿Qué? ¿Ese es Silas? ¿El mismo Silas que sale con tantísimas mujeres?", volvió a cuestionar la primera.
"¡Sí! Su reputación es la de un pordiosero, ¡pero es un hombre realmente guapo!", explicó la otra.
Cuando Luna escuchó la conversación de aquellas mujeres su rostro palideció.
'¿Ese es... Silas?
¡Es Silas!', dijo para sí misma.
No era de extrañar que la hubiera llamado por su nombre la otra noche, ni que le hubiera preguntado por qué se había escondido en el baño, o que se hubiera reído entre dientes cuando ella lo desafió.
'¿Por qué me dejó ir tan fácilmente?
Además, si él es Silas, ¿quién era la persona que estaba en el dormitorio teniendo sexo con aquella mujer?', se preguntó confundida.
En ese momento, la joven lo observó de arriba abajo.
El hombre vestía un traje azul marino hecho a mano sobre una camisa blanca abotonada hasta el cuello. Los pantalones rectos mostraban unas piernas particularmente largas.
Se veía casto y sexy con sus hombros anchos, cintura estrecha y piernas largas.
Cuando levantó sus ojos castaños oscuros para mirar a la multitud, su porte pareció abrumar a la gente, incluido su hermano Randal.
Luego, su labio se curvó y una sonrisa pícara iluminó su hermoso rostro.
Aquella sonrisa hizo que las hormonas se dispararan y todas las mujeres en la habitación se sonrojaron incontrolablemente.
Luna, pese a que nunca había sido seducida por los hombres, sintió que su corazón le daba un vuelco, notó mariposas en el estómago y sus palmas se volvieron tan sudorosas que casi se le resbaló la copa de vino.
Cuando se recuperó, vio a Silas acercándose a ella.
Entonces, entrecerró los ojos y se dio la vuelta apresurándose a escapar mezclándose entre la multitud.
Aunque ella no lo sabía, aquel apuesto hombre ya la había visto en el mismo momento en que entró en el pasillo.
No era ninguna sorpresa ya que, a pesar de que el salón estaba lleno de gente brindando y riendo, ella era la única sentada en un rincón, cómoda en soledad.
'Ella es... muy especial', se dijo el hombre para sus adentros.
El encaje blanco que ella había cosido a la parte de atrás de su vestido lo atrajo aún más, ya que parecía que su prometida era una persona diestra y coqueta.
"¿Me harías el honor de invitarte a una copa?".
Una voz sonó antes de que la chica se recuperara de la conmoción de haber visto a Silas.
Mirando hacia adelante se encontró con un joven bien vestido parado frente a ella. Si no hubiera sido por la mirada frívola en aquellos ojos brillantes detrás de las lentes, Luna habría sido engañada por su elegante apariencia.
El hombre levantó una copa y miró lascivamente sus pechos y su esbelta cintura.
En ese momento, los instintos de la chica se activaron y dio un paso atrás.
El otro notó su reacción, sonrió con malicia, y le preguntó: "¿Me estás rechazando, hermosa dama?".
La joven sintió algo de miedo y su mirada vagó por el pasillo cuando, por el rabillo del ojo, vio a Silas acercándose a ellos. Entonces, fijó su vista en él, tratando de transmitirle que necesitaba ayuda.
El señor He le sonrió y asintió.
La joven no sabía si iba a ayudarla, sin embargo, se sintió aliviada.
De pronto, lo vio darse la vuelta y alejarse.
Luego se acercó a una mujer cercana y le dijo algo que la hizo reír.
En ese momento, Luna se quedó helada y sin habla.
¡Puaj! ¡Por supuesto! Sabía que algo así pasaría, no debía de haberle creído...
Cuando Silas la miró de reojo y vio la expresión de decepción en su rostro, su gesto se tornó divertido.
Entonces, el tintineo de las copas de vino llamó su atención.
La joven levantó el vaso que tenía en la mano y sorbió ligeramente su bebida.
"Esta es mi tarjeta. ¿Puedo invitarte a cenar mañana?", propuso el hombre, y rápidamente sacó una tarjeta de visita y se la entregó, con el rostro todavía receloso.
"Lo siento mucho, pero no puedo, mañana tengo asuntos importantes", respondió la joven sin querer hablar más con él, aunque tomó la tarjeta de presentación y la guardó en su bolso. Luego se dio la vuelta rápidamente y se dispuso a irse.
Sin embargo, antes de que pudiera marcharse, los ojos del hombre se entrecerraron, la agarró por la muñeca, e insistió: "Señorita, ¿por qué tienes tanta prisa? Siempre puedes encontrar algo de tiempo para cenar conmigo. ¿Qué tal pasado mañana?".
"Royal, ¿qué estás haciendo?", dijo una voz aguda de mujer detrás de ellos.





