Nuestro encuentro inesperado

Una creciente sensación de terror, la hizo salir despavorida de su oficina. Sin embargo, las cosas empeoraron cuando se acercó al ascensor y vio algo que la dejó petrificada: una cama manchada de sangre.

Un grupo de hombres de enorme estatura empujaba una cama de hospital hacia ella. El sujeto, que yacía allí tendido, tenía la parte superior de su cuerpo descubierta, revelando dos cicatrices entrecruzadas en su espalda, que hicieron que las pupilas de Carley se dilataran.

Un sacudón recorrió todo su cuerpo. Fue como si una descarga eléctrica la hubiera golpeado, dejándola en estado shock e incapaz de creer lo que estaba sucediendo.

¿Acaso no era él..?

Los recuerdos de aquella fatídica noche habían regresado a su mente. La imagen inquietante de esas peculiares marcas se había grabado a fuego en su memoria, convirtiéndose en un tormento constante para ella.

Carley había creído que su incansable búsqueda por la excelencia la libraría de él para siempre. Sin embargo, las vueltas de la vida la habían hecho toparse con el mismo sujeto justo después de su regreso.

Ella estaba tan nerviosa que apenas podía respirar, así que tuvo que apoyarse contra la pared para mantenerse erguida. Entonces, respiró profundo y luchó por guardar la compostura.

Aprovechó que un médico venía detrás de ella y se apresuró a preguntar: "Disculpe, ¿podría decirme que le pasó la persona que acaba de llegar?"

El doctor la miró con suspicacia mientras notaba su uniforme médico. "¿A cuál te refieres?", preguntó cortés pero cautelosamente.

Era usual que el hospital tuviera un interminable flujo de pacientes todos los días, y entre ellos, siempre había un número considerable con heridas.

Los gesto de Carley delataron su intranquilidad. "Me refiero al paciente que pasó junto a mí hace un segundo. Estaba empapado de sangre y tenía dos cicatrices entrecruzadas en la espalda. Era un hombre de aspecto bastante rudo."

El doctor asintió como si fuera la cosa más natural del mundo: "Ah, sí. Es uno de esos matones callejeros. Se presentó una pelea entre varios de ellos hace poco. Una vez que los atendamos y dejen de sangrar, serán enviados a la policía."

"Gracias, ya no te molesto más", dijo Carley, quien sintió una opresión en su pecho y dio un paso atrás.

«Un matón callejero...», pensó con amargura. Ahora todo tenía sentido: no era de extrañar que él fuera capaz de hacer cosas tan atroces.

Ella rechinó sus dientes y se preguntó cómo sus dos adorables e inteligentes hijos, podían tener a un padre que estaba a punto de ir preso.

Lo bueno era que este sujeto no se daba por enterado que tenía dos descendientes. Carley había jurado que jamás permitiría que ese hombre afectara a sus preciosos retoños.

Y por ello, había tomado la siguiente decisión: jamás de los jamases podía encontrarse con él y, mucho menos, podía hacerle saber sobre la existencia de sus hijos.

Si ella se volvía encontrar con ese individuo, lo más probable era que él utilizara sus despreciables métodos para intentar arrebatarle a sus gemelos. Sin embargo, ellos eran toda su vida entera y ella nunca haría nada que comprometiera su seguridad.

En el pabellón VIP.

Junto al lecho del enfermo, y en posición de firmes, se encontraban dos filas de guardaespaldas vestidos de manera impecable.

A pesar de estar gravemente herido, el hombre que yacía en la cama del hospital, emanaba una intimidante energía que llenaba todo el lugar.

Con una mirada fría y amenazadora, inspeccionó la habitación, lo que provocó que las dos filas de imponentes guardaespaldas temblaran como hojas.

"¡Por favor, perdóneme, Sr. Hardwick!", suplicó uno de los hombres. "Realmente no tengo idea de quién fue el que se robó los archivos. La gente del Sr. Cooper, eran las personas que los estaban utilizando".

El hombre hizo una mueca de desprecio. "¿Estás a portas de la muerte y todavía sigues sin decir la verdad?"

Su voz desprovista de toda calidez, exudaba un halo escalofriante que había dejado a los presentes temblando como gelatina. Bastó solo con un gesto, para que los guardaespaldas sacaran a rastras al pobre sujeto.

"Sr. Hardwick, he estado a su lado durante muchos años, ¡por favor perdóneme la vida! De verdad que no sé nada", suplicó el individuo.

"Si no quiere confesar, golpéalo hasta que lo haga", dijo Lance Hardwick sin ninguna expresión en su rostro.

Lance era la cabeza de la renombrada familia Hardwick, uno de los clanes más destacados del país. Su imperio empresarial se extendía por todo el mundo, así que eran famosos por su enorme riqueza hasta en los lugares más recónditos.

Ampliamente conocido como "Mr. Hardwick", Lance se caracterizaba por su personalidad despiadada y su inquebrantable sed de venganza. Las personas que se lo habían cruzado en su camino, rara vez terminaban bien.

El hospital privado más renombrado de la nación, el Peace Point Hospital, era uno de los muchos negocios del vasto imperio familiar Hardwick. El recinto contaba con un multitudinario equipo de profesionales médicos de clase mundial y, además, tenía un montón de sucursales tanto en el país como en el extranjero.

El ambiente dentro de la sala era tan tenso, que los guardias apenas se atrevían a tragar saliva.

De repente, la puerta se abrió de golpe y una niñita con un vestido de princesa color rosa, entró corriendo. Sus brillantes y llorosos ojos parpadearon mientras miraba al grupo de personas con traje negro: quedó boquiabierta ante el asombro.

Entonces, con una dulce y temblorosa voz, preguntó: "¿Han-han visto a mi mami?"

Sheree Chambers no había visto a Carley en más de dos horas. Así que, mientras su hermano se estaba sirviendo un vaso de agua, aprovechó la oportunidad y se escabulló.

Lance le lanzó una aguda mirada.

Todos esperaban su aterradora reacción, pero cuando el Hardwick y la niña se miraron a los ojos, su gélida mirada se suavizó de inmediato.

Él sintió como si algo le hubiera pinchado el corazón.

A pesar de su hosca personalidad, Lance percibió una punzada de empatía cuando vio la angustiada expresión de la niña.

Uno de los guardaespaldas, que parecía ser proactivo, se adelantó y dijo: "Sr. Hardwick, lo siento. Sacaré a la niña de inmediato".

Justo cuando el hombre estaba a punto de agarrar a la pequeña, Lance inmediatamente hizo un gesto con la mano y dijo: "Espera, no asustes a la niñita".

Los guardaespaldas se sorprendieron y dudaron si habían escuchado bien.

En sus mentes, el Sr. Hardwick era un demonio del más bajo inframundo. Así que, ¿en qué momento se había vuelo tan gentil?

La niña era muy linda y parecía una muñeca bajada de una estantería y, por alguna razón, se parecía al Sr. Hardwick.

Lance meneó su dedo índice hacia la pequeñita y le dijo: "Ven aquí".

Por muy extraño que pareciera, cuando Sheree se encontró con su mirada, dejó de sentir tantos nervios. Entonces, dio pasos lentos y cautelosos hacia él, quien yacía en la cama.

Justo cuando estuvo a su lado, ella se percató de que él estaba sangrando por el pecho.

"¡Señor, está malherido! Pero nada de nervios, mi madre es médica, ¡y tan pronto como la encuentre, le pediré que cure su herida!"

"¿Tu madre es doctora en este hospital?"

"Sí, y es muy buena. No solo sabe cómo realizar cirugías y cosa médicas, sino que también conoce sobre terapias alternativas. ¡Cuando mi hermano y yo estuvimos enfermos, ella misma nos trató!", dijo Sheree.

A ella se le hinchaba el pecho cuando estaba  hablando de Carley: "Es la mejor madre del mundo mundial".

Lance siempre había sido distante y no disfrutaba que la gente le hablara tan de cerca.

Así que, entre más tiempo pasaba la jovencita allí parada, más angustia sentían los guardaespaldas. Ellos sabían muy bien que si el jefe Hardwick se enojaba, ella podía salir expulsada de una sola tacada.

Sin embargo, Hardwick no dejaba de observar con gran interés a Sheree. Solo continuó siguiéndole la corriente y preguntó: "¿Cómo se llama tu madre? Enviaré a alguien para que la busque".

Cuando necesitaba localizar a alguien en el hospital, era pan comido para él.

Antes de que la niña pudiera pronunciar alguna palabra, la vocecita seria de un niño atravesó la puerta: "Sheree Chambers, sal de ahí ya mismo".

Sheree rápidamente agitó la mano y dijo: "Ya me tengo que ir, señor. Mi hermano ya me encontró. Cuando vea a mi mamá, me aseguraré de que lo trate".

Lance no pudo evitar reírse ante la expresión seria de la niña: había sido cautivado por su naturaleza ingenua y vivaz.

"Está bien, tenemos un trato", respondió él.

Tan pronto como Sheree salió de la habitación, recibió un regaño de su hermano.

"Solo me descuido por un rato, ¡y al segundo ya no puedo encontrarte por ningún lado! ¡No deberías comportarte así!".

Sheree frunció sus labios y se aferró al brazo de Shayne Chambers mientras su voz azucarada trataba de apaciguarlo: "No te enojes, hermanito. Sé que me equivoqué, pero te prometo que no vuelvo a hacerlo".

Shayne la miró con algo de frustración y cariño. "Está bien, pero que no vuelva a suceder eso. Considéralo como la última vez que haces algo así".

Después de su advertencia, llevó a su hermana de regreso a la oficina.

Mientras ambos caminaban por el pasillo, se encontraron con su madre, Carley Chambers, quien estaba visiblemente furiosa.

"¿A dónde habían ido? Me tenían con los pelos de punta y ya estaba a esto de llamar a la policía", dijo ella, quien tenía los ojos rojos por el llanto.

"No llores más, mami", la consoló Sheree mientras limpiaba las lágrimas del rostro de Carley.

"Te demoraste mucho en llegar, así que fui a buscarte. Pero oye, me pasó algo increíble en mi camino, conocí a un hombre que estaba bastante guapo y genial. Tenía una herida que sangraba mucho, así que ¿puedes ayudarlo?"

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