Novia Fugitiva

La familia Kellington se encontraba inmersa en lo que fácilmente podría calificarse como la peor crisis de relaciones públicas que habían tenido hasta ese momento.

Todo comenzó con la difusión de un video en las redes sociales, donde un misterioso encapuchado destapaba supuestos secretos oscuros relacionados con la empresa. Como era de esperar, la noticia se propagó como pólvora, convirtiéndose en tema de conversación en todos los rincones y siendo objeto de artículos y reportajes por parte de los medios de comunicación. Ahora, la familia se veía constantemente acechada por periodistas ávidos de obtener declaraciones, y las imágenes de todas las herederas se habían vuelto de dominio público, lo que solo aumentaba la presión sobre ellos.

—¿Quién podría estar detrás de esto? —se preguntaba la matriarca de la familia, con una mezcla de indignación y desconcierto en su voz— Es verdaderamente vergonzoso. Nuestros amigos no paran de llamarnos para saber si hay algún atisbo de verdad en todo esto.

El patriarca, por su parte, mantenía una expresión seria y reservada mientras intentaba calmar los ánimos:

—No hay duda de que esto es parte de una estrategia diseñada para dañarnos económicamente. La gente teme los cambios que se avecinan con nuestra nueva fusión, y están intentando atacarnos justo en nuestro punto más vulnerable —explicaba con determinación.

—Tal vez esté relacionado con los recientes despidos —sugería Caroline, mientras jugueteaba con la comida en su plato, visiblemente preocupada.

—Los ajustes de personal son algo habitual en el mundo empresarial —intervenía el esposo de la primogénita, tratando de aportar algo de perspectiva a la situación.

Alexandra y Karen, por su parte, intercambiaban miradas cargadas de incertidumbre. Aunque se sentían alejadas de ese torbellino de problemas, no podían evitar verse afectadas por las repercusiones de la crisis.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntaba la hermana menor, reflejando la inquietud que todos compartían.

En ese preciso momento, el asistente irrumpió en la sala anunciando la llegada de los abogados, lo que provocó que la tensión en la mesa se incrementara notablemente. A la cabeza del grupo legal se encontraba Sebastián Nash, cuya sola presencia parecía infundir un nuevo aire de confianza y determinación en la habitación.

—Ah Sebastián! Es un gusto verte— anunció la matriarca de la familia poniéndose de pie para recibirlo.

Después del intercambio de saludos. La mirada de Karen, se cruzó con el desconocido, un escalofrió le recorrió la espalda. Su cabello negro como la noche, con imponentes ojos verdes que parecían esconder un brillo salvaje, con hombros anchos y sonrisa engreída. Parecía tener un aura magnética, porque todas las miradas están puestas en él y era difícil apartar la vista.

El corazón del hombre trajeado se detuvo.

Le vasto un pequeño vistazo para darse cuenta de quien era la mujer. Al principio no había hecho la conexión entre Caroline y la despedida de soltera, pero ahora, lo sabía. Hace 6 meses se había acostado con una Kellington y a juzgar por la falta de reconocimiento en su rostro, ella no parecía tener idea de que había pasado.

Entonces tenia que tratar de mantener las apariencias, pero a juzgar por todas las fantasías que había tenido con ella. Nada le hacía justicia era mucho mas hermosa en persona, parecía una mujer de la alta sociedad, jamás lo hubiera pensado cuando la conocía como una alocada mujer que decía todo lo que pensaba.

—Espero que puedas ayudarnos con este desastre de relaciones exteriores— comento Caroline, estrechando su mano.

—No se preocupen, hemos diseñado una estrategia para solucionar los inconvenientes.

Han pasado dos semanas desde aquel momento. Las aguas se han calmado, muchas de las supuestas verdades han sido refutadas y el patriarca de la familia ahora está dando entrevistas para limpiar la imagen de la empresa. Sin embargo, el tema de la paternidad del bebé de Karen aún no se ha resuelto, o eso es lo que piensa la familia, hasta que una noche el padre de Karen la llama a su despacho.

Karen llega al edificio donde trabaja Sebastián. En medio de la noche, aparece en el rascacielos con una prueba de ADN en la mano y cientos de preguntas para hacer en voz alta. Sebastián está tan absorto en los archivos que no se da cuenta cuando ella entra en la habitación.

Ella se aclara la garganta para llamar su atención. Cuando sus ojos se encuentran, todo parece cobrar sentido

—¿Me conoces de algún otro lugar?

Sebastián asiente con tristeza.

—Sí, supongo que aún te debo ese desayuno.

Una risa triste escapa de los labios de Karen.

—¿Lo supiste todo este tiempo?

Él asiente con tristeza.

—Desde el momento en que te vi en la casa de tu familia.

Hubo un silencio incómodo entre ambos.

—No entiendo porque no quisiste decir nada. Ahora sonara peor lo que quiero decirte— comento pasando su mano incómodamente por su cabello —Bien, Sebastián Nash, tengo que informarte que estoy embarazada y el bebé es tuyo—suelta Karen sin ninguna premura.

El aire entre ellos se espesaba, cargado de anticipación y preguntas sin respuesta.

—¿Qué? — respondió completamente conmocionado.

Había escuchado rumores antes, pero pensó que eran parte de la mala fama que querían crearle a la familia.

—No sé qué decir——murmura Sebastián, su voz suave como un susurro en la noche.

Ella lo mira fijamente, buscando en sus ojos verdes alguna señal de lo que está pensando. Pero todo lo que encuentra es un profundo abismo de incertidumbre.

—Lo entiendo —responde ella con calma, aunque su corazón late con fuerza en su pecho—. No esperaba que fuera fácil de asimilar, tampoco pensé que querías saltar a la paternidad, pero pensé que era justo que lo supieras.

Sebastián se detiene frente a ella, a centímetros de distancia. Puede sentir su calor, su presencia abrumadora que parece envolverla por completo. Por un instante, el mundo exterior desaparece, dejando solo el eco de sus respiraciones entrecortadas.

—Karen, yo... —comienza Sebastián, pero sus palabras se desvanecen en el aire, perdidas en el vacío entre ellos.

Ella levanta una mano temblorosa para tocar su rostro, sintiendo la suavidad de su piel bajo sus dedos. Hay algo magnético en su contacto, algo que la hace desear más, aunque sabe que no puede permitírselo.

—No estoy tratando de… Oye no importa lo que pase —dice ella con determinación, buscando fuerzas en su interior— Haré lo que sea necesario para proteger a mi hijo.

Sebastián la mira con una mezcla de sorpresa y admiración, como si fuera la primera vez que la ve realmente. Por un momento, el tiempo parece detenerse, suspendido en el espacio entre ellos.

—Karen, yo... —comienza de nuevo, pero esta vez sus palabras están cargadas de una intensidad que la deja sin aliento— Haré lo que sea necesario para estar a tu lado, para cuidarte a ti y a nuestro hijo.

—¿Qué estás diciéndome?

—Quiero que nos casemos.

Ella lo mira con asombro, incapaz de procesar lo que acaba de escuchar. Pero en ese momento, en medio de la oscuridad y la incertidumbre, algo se enciende dentro de ella. Algo que sabe que cambiará sus vidas para siempre.

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