Novia fea, novio despiadado: la pareja más poderosa

La mirada de Aydan se posó en Catalina, que permanecía en silencio en un rincón del salón. Vestía un pantalón de mezclilla deslavado, cargaba un bolso de tela gastado y tenía el pelo recogido en dos trenzas desparejas. El hombre frunció el ceño, pero no dijo nada.

La voz de Emma resonó, cargada de desdén. "Papá, ¿quién dejó entrar a esta bicho raro?".

"Ya basta", respondió Aydan con tono cortante. "Es tu hermana, te guste o no".

Emma se enderezó de golpe, incrédula. "¿Hablas en serio? ¿Esta es la supuesta hermana que apareció de la nada? Es un desastre total".

Con una sonrisa fría, jugó con sus uñas recién pintadas con desdén y señaló a Catalina. "Es evidente que está arruinada. Tiene un aspecto horrible y solo quiere dinero. Si está tan ansiosa por casarse con ese Herrera moribundo, ¿por qué no se la entregas?".

La expresión de Aydan se endureció. Localizar a Catalina siempre había sido por la herencia de su madre, pero tal vez enviarla a la familia Herrera traería aún más beneficios.

El acuerdo mantendría intacta la sociedad con los Herrera y a Catalina bajo su vigilancia en Aleginia.

Entrecerrando los ojos, él tomó una decisión. "Puedes casarte con ese Herrera, pero todo lo que poseía tu madre se queda con nosotros. ¿Entendido?".

Catalina soltó una carcajada, como si acabara de contarle un gran chiste.

Se adentró en la habitación, se dejó caer en el sofá frente a ellos y bebió un largo trago de un vaso de agua. "Aquí te falta algo. Vinieron arrastrándose hacia mí, así que seré yo quien tome las decisiones".

"¡Basura de pueblo! Deberías estar agradecida de que te demos esta oportunidad. ¿Por qué crees que puedes exigir algo?", replicó Emma.

Catalina sonrió. "Si es una oportunidad tan grande, ¿por qué no la aprovechas tú?".

Su hermanastra frunció los labios con ira y se aferró a la manga de Aydan. "¡Papá! ¿Vas a dejar que diga eso?".

Él soltó una risa áspera y contestó: "La familia Herrera dirige esta ciudad. Ya te estamos dando más de lo que mereces. ¡¿Quién eres tú para negociar con nosotros?!".

Catalina arqueó una ceja y dejó el vaso con un suave tintineo. "¿Así que es un no? Pues, adelante, que Emma se case".

La otra se dio la vuelta y volvió a levantar la voz. "¡Papá, no puedes hacerme esto! ¡No me casaré con él!".

"¡Basta!", espetó Aydan, y su mirada la silenció al instante. Luego miró fijamente a Catalina.

A pesar de su ropa de segunda mano y su aspecto sencillo, esos ojos eran la viva imagen de los de su madre.

Algo en la forma en que lo miró lo transportó al pasado y un escalofrío le recorrió la espalda. Se levantó de un salto.

Catalina se recostó, despreocupada, sosteniendo su mirada sin rastro de miedo.

"Habla", dijo Aydan, sin apartar la vista. "¿Cuáles son tus condiciones?".

"Sencillas". Ella levantó dos dedos. "Primero, quiero todo lo que dejó mi madre. Segundo, quiero el veinte por ciento de las acciones del Grupo Blanco".

Emma se puso de pie de golpe. "¡¿El veinte por ciento?! ¡¿Te has vuelto loca?!".

Los ojos de Aydan permanecieron fijos en Catalina mientras lo pensaba. "Lo mejor que puedo hacer es el diez por ciento. Esa es mi oferta final".

Catalina se rio, inclinando la cabeza hacia él. "¿De verdad vas a discutir por el veinte por ciento? Por mí está bien. Tienes otra hija dispuesta a hacer de novia. Yo paso".

Aydan apretó la mandíbula, frustrado. "De acuerdo. Te daré el veinte por ciento. Haré que te lo transfieran hoy mismo".

Entrecerró los ojos y añadió: "Pero ni se te ocurra pensar en las cosas de tu madre. Esas se quedan con nosotros".

La sonrisa de Catalina se desvaneció, sustituida por una dura mirada que se clavó en Aydan.

Era evidente que no recuperaría las pertenencias de su madre, al menos no por ahora.

Él probablemente pretendía retenerlas para asegurarse de que ella se mantuviera a raya.

Si ese era el caso, ¡entonces haría que la familia Blanco descubriera por las malas lo que significaba intentar ponerle una correa a alguien que estaba decidida a ajustar viejas cuentas!

Una leve sonrisa apareció en sus labios. "Como quieras. Pongámoslo todo por escrito".

Con los papeles firmados y el certificado de acciones en la mano, Catalina se levantó y agitó el documento con un deje de arrogancia. "Parece que ya terminé aquí".

Aydan la interrumpió. "Espera. La familia Herrera no tolera los juegos. Yo mismo te llevaré".

Dentro del auto, le pasó una carpeta. "Ahí está todo lo que necesitas saber sobre la familia Herrera. Apréndetelo y no nos traigas problemas a casa".

Ella hojeó la carpeta, deteniéndose solo cuando vio una fotografía de Shawn en la sección dedicada a él.

Así que el destino había decidido que volverían a encontrarse, esta vez en términos muy diferentes.

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