El silencio fue total.
La sonrisa del alcalde se congeló en su rostro. Los vecinos que se habían reunido para felicitar a la "pareja feliz" se quedaron boquiabiertos.
Patrick fue el primero en reaccionar. Su cara bonita se contorsionó en una máscara de ira y confusión.
"¡Lina! ¿Qué demonios estás haciendo? ¿Te has vuelto loca?"
Me encogí de hombros, sintiendo una calma helada que nunca antes había conocido.
"He cambiado de opinión, Patrick".
Señalé con el dedo más allá de la parcela fértil que íbamos a comprar, hacia una vasta extensión de tierra abandonada, cubierta de cactus y rocas. Un lugar que todos en el pueblo consideraban inútil.
"Señor alcalde", dije, mi voz clara y firme. "No quiero esa tierra. Quiero comprar ese páramo. El campo de cactus".
La multitud murmuró. ¿El páramo? ¿Para qué querría alguien esa tierra seca y polvorienta?
Patrick se puso rojo de furia. Me agarró del brazo, su agarre era fuerte y doloroso.
"¡Deja de hacer el ridículo! ¿Qué juego es este? ¡Si no compras esa tierra, cancelo la boda! ¿Me oyes?"
Su amenaza, que una vez me habría destrozado, ahora me sonaba a música.
Me solté de su agarre con un movimiento brusco.
"¿Cancelar la boda?", repetí con una sonrisa burlona. "No puedes cancelar algo que ya he terminado. Patrick Castillo, nuestro compromiso se acaba. Aquí y ahora".
"Tú...", balbuceó, sin palabras.
"Y en cuanto a por qué", continué, mi voz subiendo para que todos pudieran oír, "quizás deberías preguntarle a tu querida 'prima', Sasha".
Sasha palideció. Intentó esconderse detrás de Patrick, pero yo no se lo permití.
Metí la mano en el bolsillo de la chaqueta de Patrick, la misma chaqueta que yo le había planchado esa mañana. Saqué un pequeño objeto de encaje.
Un pañuelo. Un delicado pañuelo de encaje blanco.
Lo levanté para que todos lo vieran. "Este pañuelo... lo reconocería en cualquier parte. Es una creación única de la señora Elodia, la única costurera de nuestro pueblo. Y se lo hizo a Sasha para su cumpleaños la semana pasada".
El jadeo colectivo de la multitud fue la confirmación. El escándalo había estallado.





