No Soy Tu Luna

Amethyst

Tres meses después

Podía sentir que mi humanidad se desvanecía, cuando te conviertes en rebelde, hay una línea que une a la bestia con el humano. Estaba cruzando la línea de la bestia, principalmente porque Jade era vengativa. Sus colmillos goteaban veneno cada vez que pensaba en Mason y la manada Stone Heart. Las visiones de esa noche se repetían en mi mente y me irritaban. 

Fui ingenua al pensar que un mísero vínculo de pareja cambiaría a Mason y me sentí completamente indefensa mientras me maltrataba. Fui débil, pero no iba a volver a cometer el mismo error.

Desde que nos rendimos al bosque, todo se había vuelto más claro. El cielo a menudo se tintaba de un azul tan brillante como el océano, con nubes blancas como algodón de azúcar. El olor de la naturaleza a veces era diferente, el suelo, los árboles, las hojas, era un ciclo interminable. Principalmente, olía a frescura, se filtraba en tus huesos y producía sensación de relax. Vivir en el bosque tenía mucha ventajas, pero aún más desventajas, ya que básicamente estaba atrapada en mi forma de lobo.

Jade era una hermosa loba tan blanca como la nieve, tanto que podrías verla brillar en la oscuridad a kilómetros de distancia. Cuando me transformé, tuve que darle el control a Jade para sobrevivir. En otras circunstancias, habríamos tenido conflictos de dominio sobre quién debería tomar las riendas, pero en ese momento yo no me podía permitir pelearme contra mi única fuente de supervivencia. Cazábamos ciervos y conejos. En mi forma humana yo no soportaba el sabor de la carne cruda, pero como era lo único que había para no morir de hambre, dejé que Jade devorara toda la carne que encontrara.

No teníamos ni plan, ni ninguna otra opción. Me había ido sin dejar rastro y tan pronto como dejé las inmediaciones del orfanato sentí el fuerte vínculo que me unía a Stone Heart. Sentí como si cortaran una cuerda que me unía a ellos, un dolor insoportable que me atravesaba el cráneo y el corazón, que me hizo sentir como si me partieran en dos. No estaba demasiado unida a ellos y sin embargo, sufrí la separación más que ellos. Jade soltó un aullido que no pude detener y que transmitía un dolor que no cesaba.

Fue entonces cuando Jade se hizo cargo, alejándose de ese territorio y adentrándose en lo desconocido. Cuanto más nos alejábamos, más sordo se hacía el dolor. Yo siempre había podido protegernos, y en este momento, en el que yo no podía, me sentía agradecida de que Jade lo hiciera.

Al caer la noche, la oscuridad se filtraba a mi alrededor, pero el brillo de la luna nos iluminaba. Me preguntaba si la diosa de la luna nos estaría mirando, observando la repercusión de aparearme con un monstruo. Jade colocó sus patas frente a ella, apoyando su barbilla y poniéndose cómoda.

"Lamento que estés atrapada conmigo, Jade", sollocé, dejando que las lágrimas fluyeran por mis mejillas.

Podía sentirla a mi lado, su gemido y su cabeza acariciándome. "No digas eso, morado: tú y yo somos uno, estamos destinados a serlo", me tranquilizó.

Mi risa se convirtió en un sollozo mientras rodeaba su cuello con mis brazos. En mi mente, ambos éramos dos seres separados. Así es como nos comunicábamos, pero nuestros cuerpos eran uno en el mundo humano. De ahí el nombre de hombre lobo, una vez que me convertía en lobo, me convertía en Jade.

"No tenemos un plan", le dije mientras ella se encogía. Nos sentamos una al lado de la otra, mirando a través de sus ojos como una película del bosque.

'No, no lo tenemos, pero tenemos tiempo para decidir qué hacer'

Suspiré. 'La mejor opción es encontrar otra manada, aunque dudo que acepten a un vagabundo'

'Cierto. Pero no conocemos las reglas de otras manadas, podrían ser diferentes de la manada Stone Heart'. Sonreí ante su tono optimista.

Cuando estaba a punto de expresar mi opinión, escuché un crujido en una rama que hizo que Jade pasase inmediatamente al modo defensa, en alerta y gruñendo al atacante que podría saltar desde cualquier dirección. No podíamos detectar olor ni había habido ningún otro movimiento durante los últimos cinco minutos. Podría haber sido un animal, pero ese pensamiento se disipó rápidamente cuando apareció un hombre frente a mí.

"¿Amethyst?"

Kaden Throne

Habían pasado tres meses desde su muerte, y la herida estaba aún fresca en mi pecho. No físicamente, pero sí metafóricamente. Presioné mi palma contra mi pecho para aliviar el dolor que amenazaba con volver. Entre tanta sangre, sus ojos suplicaban antes del último aliento. Lo único que ha ocupado mi mente fue su último deseo, lo único que me había mantenido distraído del asesinato de Alfa y Luna de la manada Blood Moon era su hija.

Decir que me sorprendió hubiera sido quedarse corto. Se requería que las familias fundadoras tuvieran un heredero, pero es sabido que la línea de sangre de Phoenix no podía reproducirse. Nadie mencionaba que no podían tener hijos, estaba prohibido hablar del tema. A veces me parecía una bendición, porque la manada Blood Moon estaba en un nivel superior por sus asesinatos y el lavado de dinero que traían al consejo. El linaje de Phoenix ocupaba el puesto número uno en el consejo de familias fundadoras y estaban constantemente bajo ataque porque todos querían su lugar.

Han vivido siendo objetivo durante años y hace tres meses, no pudieron evadirlo más. Pensé que mi vida no podía empeorar, he pasado por tantas tragedias que pensaba que se habrían acabado. Pero la diosa Luna no es amable y decidió que otro corazón sangrante era lo que me merecía. Alfa Jeremy ya se había ido cuando llegué, tenía la garganta cortada y la sangre cubría su cuerpo desnudo. El sabor pútrido del vómito amenazando con liberarse, sus venas color negro por un veneno que no reconocí.

Mi mente se inundó de angustia hasta que la tos de ella resonó en el hueco mortal de la habitación. Corrí hacia ella, el camisón blanco que siempre usaba estaba manchado de sangre. Apoyándola sobre mis muslos, conecté mentalmente con el médico de la manada, pero estaba a treinta minutos y no llegaba a tiempo.

"Está bien, Kaden", su voz angelical me tranquilizó como si no se estuviera muriendo.

Mi vista se distorsionaba mientras intentaba contener las lágrimas, sentía una presión en mi pecho mientras analizaba su sonrisa rota. Sus ojos eran de color lavanda, siempre me había desconcertado que tuviera un color tan difícil de encontrar en ninguna otra parte. Por lo general, estaban llenos de tristeza y un toque de luz, pero en ese momento brillaban con miedo y paz. Una mezcla entre lo desconocido y el peso de ser un Phoenix que al fin desaparecía.

"No puedes dejarme, Luna" grité, mordiéndome el labio.

Entrelazó su pequeña mano con la mía, su tacto delicado me recordaba a una pluma. "Necesito que hagas algo por mí, Kaden", dijo en un tono de súplica que nunca la había escuchado usar.

"Cualquier cosa, cualquier cosa"

"Tienes que encontrarla", la voz de Luna asomaba con dominanza.

Frunciendo el ceño dije. "¿Encontrar a quién?"

"A nuestra hija, Amethyst"

Me quedé boquiabierto, los latidos de mi corazón ahogaban el silencio. Habían tenido una hija, una heredera que todos creían que no existía o que había muerto hace mucho tiempo. "Ni tú ni Alfa Jeremy me lo habíais contado"

Ella me lanzó una mirada triste. Una lágrima resbaló desde sus ojos, nunca había llorado y en sus últimos momentos, derramaba lágrimas por su hija y no por ella misma.

"No estaba a salvo, no podíamos mantenerla a salvo. Era la única manera", dijo llorando Luna Sofía.

Conteniendo la respiración, llamé al médico de la manada varias veces, que me aseguraba que no estaba lejos, pero yo sabía que era inútil. Luna Sofía no vivirá mucho más, los latidos de su corazón se volvían cada vez más lentos.

Luna Sofía tiró con toda su fuerza de su collar y la cadena se rompió. Era la llave que siempre llevaba colgada al cuello, nadie sabía por qué. La colocó en mi mano diciendo, "detrás de la estantería de su oficina, ahí está todo lo que necesitas saber sobre ella"

Tomé aire mientras miraba la llave plateada, una llave plateada simple, sin nada especial, que escondía todo lo que se sabía de la hija de Luna y Alfa. "La encontraré" le prometí desde el fondo de mi alma.

Ella sonrió. "Estábamos muy tristes por haberla perdido, pero luego te encontramos y nos hiciste felices. No tenemos lazos de sangre, pero tú eres nuestro hijo"

Esta declaración desgarró mi corazón, la fuerza que presionaba mi pecho no me dejaba respirar. Las lágrimas manchaban su piel mientras la veía rendirse a la muerte. Un rugido y un grito recorrieron mis cuerdas vocales mientras miraba a las dos personas que me habían dado un hogar, que me habían dado amor cuando todos creían que eran dos monstruos.

Los vengaré.

Encontraré a Amethyst.

Haré que todos paguen por destruir a la familia Phoenix.

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