No nos separaremos nunca más

"¡Ya es hora!", exclamó Grace, echando un vistazo a su reloj, antes de hacer una señal a los dos fornidos hombres. "¡Desháganse de ella!".

"¡Sí, señorita Wright!". Los dos hombres agarraron a Maeve por los brazos y la arrastraron a la fuerza hacia la orilla del mar.

"¡Un momento!", gritó Grace de pronto, justo cuando estaban a punto de arrojar a Maeve al mar. Se acercó con una sonrisa maliciosa. "Hay algo que debes saber, ya que vas a morir de todos modos. Ese accidente no fue casualidad. Fue un plan diseñado cuidadosamente para deshacernos de Dominic de una vez por todas".

"¡Perra! ¡¿Cómo pudiste?!".

La chica finalmente perdió el control, pataleando y luchando por alcanzar a Grace.

Le quedó claro que Dominic había sido asesinado por ellos. Sabían del profundo amor que Dominic sentía por Maeve, de modo que provocaron el accidente para que agotara las reservas de su banco de sangre al salvarla. Su intención desde el principio fue dejarlo sin nada para sobrevivir.

Inmediatamente después de la impactante revelación, Maeve fue arrojada al mar. El agua fría le atravesó el cuerpo como si fuera hielo, haciendo que se le estrechara la garganta y le ardieran los ojos. Sin embargo, no hizo ningún esfuerzo por luchar o resistirse.

En su corazón, juró ser buena con Dominic en su próxima vida. Le devolvería todo lo que hizo por ella en esta...

"¡Maeve, abre los ojos! ¿Otra vez te haces la muerta?".

No sabía cuánto tiempo tomaba, pero de repente, una voz familiar resonó en sus oídos. La joven abrió los ojos con lentitud, y lo primero que vio fue un atractivo rostro.

¡¿Dominic?!

"¿Es... esto es un sueño?".

Cerró los ojos y los volvió a abrir, creyendo que la ilusión desaparecería; pero el hombre continuaba mirándola. Incrédula, abrió la boca a la vez que alzaba las cejas.

Era un rostro de rasgos incomparables, en particular aquellos hermosos ojos azules... Existía una sola persona que los tuviera. ¿Este era realmente Dominic?

Su mente se quedó en blanco. Un segundo después, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.

¡Parecía como si su último deseo se hubiera cumplido! Había renacido y ahora estaba de vuelta en su noche de bodas con Dominic. ¡¿Qué demonios?!

"¿Un sueño?". Dominic no pudo evitar resoplar con frialdad ante su actitud aturdida. "¿Intentas decir que estar conmigo es como una pesadilla?".

"¡No, ni mucho menos!". Maeve volvió enseguida a la realidad. Sintiendo tanto el dolor como la ira enmascarados en sus palabras, agitó la mano suavemente y explicó: "Tuve una pesadilla, así que cuando me desperté y te vi, me sentí aliviada de que hubiera terminado".

Frunciendo el ceño, la miró con desconfianza. Era consciente de que ella se había casado con él exclusivamente por el bienestar de su familia y para salvar la carrera fracasada del otro hombre.

"¡Basta de tonterías! No tienes que intentar complacerme, ¿de acuerdo?".

Dominic se levantó y se puso el abrigo para buscar otro lugar donde desahogarse.

El fuego bullía en su interior, de modo que temía perder el control y asustar aún más a su nueva esposa. Se preguntó si tanto el miedo como el odio de ella hacia él se multiplicarían al instante.

"¡No te vayas!". De pronto, Maeve rodeó la cintura de él por detrás, sorprendiéndose a sí misma cuando la mano le rozó los abdominales.

Una vez más, se arrepintió. ¿Cómo pudo ser tan ciega para elegir a aquel desgraciado en vez de a alguien tan perfecto como Dominic? ¿Acaso usó una poción de amor con ella?

En cuanto el hombre sintió la calidez y suavidad del pecho de la chica contra su espalda, su corazón se estremeció. Por un momento, consideró que podía ser sincera. No obstante, enseguida dedujo que ella lo hacía solo por miedo a que él desatara su ira contra otra persona.

"¿No escuchaste lo que acabo de decir? ¡No tienes que complacerme!". Dominic trató de retirarle las manos, pero ella se aferró con más fuerza y presionó aún más el pecho contra su espalda. El joven tragó con fuerza mientras su corazón se aceleraba.

"Estás jugando con fuego, lo sabes, ¿verdad?".

En un instante, Dominic se dio la vuelta, con los ojos llenos de deseo. Su nuez de Adán se balanceó cuando Maeve levantó la cabeza, encontrándose con su ardiente mirada.

A la chica el corazón también le dio un vuelco y empezó a latirle con fuerza en el pecho. Ella sentía que le subía la temperatura debido al fuego de aquellos ojos, que revelaban su creciente deseo. No pudo evitar empezar a imaginar lo que ocurriría a continuación.

En el pasado, esa mirada por sí sola la aterrorizaría y hubiera hecho todo lo posible por escapar. Esta vez, en cambio, estaba llena de ilusión.

Los labios sonrosados de Maeve temblaron mientras hablaba en voz baja:

"Tómame, Dominic. Soy toda tuya".

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