No más palabras

Asunto: Agradecido por su cumplido.

"Primeramente muchas gracias por el halago " Modelo de ropa interior", seguro nunca fui descrito de una manera tan interesante.

Usted debería agradecer que no existe límite para mencionar o escribir la palabra "mierda", estoy suponiendo que es la palabra favorita de su repertorio, quizá la utilice durante su programa, espero y si ese es el caso las madres no dejen ver a sus hijos, dudo que agradezcan el aprendizaje de un lenguaje tan... ¿Incorrecto?

Respondiendo a su elocuente asunto, no me creo diccionario, señorita Cortés, solo creí que estaba siendo amable dándole una explicación de una negativa que no pareció entender. Mis disculpas si la ofenden mis ganas de explicarle lo que pensé no entendía, pero entonces permita que le sugiera que trabaje en la aceptación de una declinación.

Pretendía que no se lo tomara personal, de hecho la hacía más profesional (He de admitir que su primer correo me dejó impactado con su impecable modo de cortesía), pero me temo que la realidad no necesita de brillos para mostrarse.

Difiero de ser un escritor palurdo, pensé que al menos lo hacía un 10% bien mientras cumplía mi sueño de escribir, supongo que debo replantearme con mi publicista si vendo por la apariencia que de una forma un tanto extraña usted halaga o por las habilidades que esperaba tener. Gracias por eso, seguro.

Si considera que su sección es demasiado para mí, entonces la invito a desistir de invitarme, si la hace sentir mejor puede retirarla. Le prometo que no lloraré, seré un hombre fuerte.

Ahora, yendo al punto de mandarme al infierno, supongo que varios tenemos un lugar guardado ¿Quiere que le guarde el puesto a mi lado para el viaje? Lleve ropa holgada, que de seguro el infierno esta caluroso.

Espero y se replantee el estudio de su diccionario y palabras, tómelo como una sugerencia.

Con simpatía, el escritor palurdo que solo vende por lucir como un modelo de ropa interior."

—Elocuente manera de enviar a alguien a la mierda, felicidades Paul Coleman— es lo primero que dice Eddy antes de deslizar mi celular hacia mí.

— ¿Qué pasó con las disculpas que ibas a enviar? — ese es Alex.

—Cuando iba a presionar enviar mis sinceras disculpas, mi bandeja de entrada se iluminó con un correo muy lleno de la palabra «mierda». Así que mis disculpas se fueron al carajo porque ella ha ofendido la cosa que más amo hacer en la vida. Lo único que me ayudó a superar toda mi mierda.

—Ya veo que te quedó grabada la palabrita— Eddy da un trago a su café, sigo preguntándome si algún día nos dejará ver sus mejillas libre de barba de nuevo. Pero hay tantas preguntas sobre Eddy para hacerle que el tiempo no alcanzaría.

—Mira, sí, fui un idiota. Lo admito, desaté mi molestia con quien no debía.

Sabes que no me gustan ese tipo de entrevistas, no me siento cómodo, no era la manera de rechazarla, pero cuando quise disculparme ella disparó.

Disparó de forma grosera, agresiva y directa. No voy a dejarla saltar sobre mí yugular sin devolver el golpe.

—Paul ¿Borraste ese maravilloso correo de disculpas que con esmero escribiste? — Alex y su eterna paciencia casi consiguen que ruede mis ojos.

—No, está en borradores.

—Uhm...

— ¿Qué?

— ¿No es Elisabeth Cortés una preciosa mujer? — pregunta esta vez.

—Nada tiene que ver con eso, sabes que...

—Que tienes responsabilidades que cumplir y blah blah blah. Paul saca la cabeza del arenal y date cuenta que no le debes nada a Nicole. No tienes que pedirle salir contigo, corta tu maldito drama— se exaspera Eddy—. En serio, estoy a instantes de apuñalarte con esta cuchara en donde digas de nuevo que tienes la responsabilidad de enamorarte de Nicole.

—Ya activaste el lado agresivo de Eddy— se burla Alex.

— ¿Saben qué? Enviaré el mensaje de disculpa, no tengo que caer en todo este asunto. Seré profesional, me disculparé y retractaré de mis palabras.

—Bien pensado genio. Demuestra que eres un escritor que si tiene y usa materia gris para más que crear sus historias— dice Alex. Eddy hace una mueca.

—Esa ni siquiera es una buena cita del correo y...

Mi celular vibra. Los tres lo observamos.

Un nuevo correo.

Asunto: No sea un mendigo de halagos :D

"¡Ufs! Por un momento tuve fe que su largo mensaje demostraría algo de sensatez, pero me temo que todo lo que pudo conseguir fue un montón de rodar de ojos.

¿Seguro que estoy hablando con Paul Coleman? Porque según leo, me da la impresión de que respondo a un pobre niño puberto de sueños frustrados que llama libreta de nota a lo que en realidad es un diario.

No se preocupe, nunca necesité de la ayuda que con tanta amabilidad me ofreció. Tengo compañeros de trabajo muy inteligentes que fácilmente me habrían dado incluso una mejor definición que usted.

Puede que ambos nos vayamos al infierno, pero tenga por seguro que ocurrirá por caminos separados con distintos finales.

Digo la palabra mierda cuantas veces me dé la puta gana. Es mi boca y por ella saldrá lo que me venga en gana. Déjese de palabrería barata conmigo que sinceramente solo me hace pensar que no fue usted quien escribió los libros y que simplemente pusieron su rostro a un escritor anónimo para hacerlo ver bien.

Tomo su sugerencia y haga con ella lo que le plazca, que si es por mí también lo mando a la mierda :D

Con MUCHA simpatía, la que dice mierda cuántas veces le venga en gana."

—Olvídense de las disculpas— me pongo de pie y tomo mi abrigo.

— ¿Paul?

— ¡Dios, Alexander! No me hables como si fuera a enloquecer.

—Este hombre esta cabreado— asegura Eddy con tranquilidad antes de bostezar—. Llamemos a algún domador para la bestia.

—No es gracioso, Eddy. Paul, vamos, cálmate. Seguro solo estaba bromeando.

—No voy a ofrecerme como saco de boxeo. Voy a devolverle los golpes.

—Paul...

—Olvídalo Alex, me prometí nunca más ser ese chico. Y esta señorita no será la excepción.

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¿Qué queda después de un orgasmo cuando se trata de una cosa de una sola vez? Ganas de irse. Cristian habla sobre alguna buena serie en la que lo quieren como principal, apenas retengo las palabras: edad media, papel principal, desnudos y dinero.

Decido ignorar el resto.

La frustración sexual ha sido mi enemiga, más de ocho meses sin tener sexo y terminé reencontrándome con Cristian, un atractivo actor con el que salí poco más de tres meses y con el que ahora recuerdo por qué lo dejamos.

Todo lo que puede hacer es hablar del futuro, de lo que quiere, de cómo nos ve y sus triunfos. Seguro, fue un buen sexo pero la sensación de vacío de decirme a mí misma "Elisabeth pudiste hacerlo mejor y esperar" está carcomiéndome. Y odio esa sensación porque pensé que había llegado a un acuerdo con mi problema para mantener una relación.

No huyo del amor, no le tengo miedo o aborrezco, simplemente no lo encuentro. ¡Dios sabe que lo he buscado! Pero no aguanto: me aburro, encuentro hasta el más pequeño defecto, no me intereso o no hay chispa.

Claro, puede que el problema esté en mí y en lo que Sabrina llama un corazón de piedra.

Abrocho mi sujetador y tomo mi camisa desconectada totalmente de toda la palabrería de Cristian. Se supone que solo íbamos a cenar y ya veo cuál terminó siendo el postre. Fue un buen orgasmo, pero no algo que valga toda esta sensación de querer devolver el tiempo y no hacerlo porque por algo los ex son ex.

Cristian es el segundo chico del medio con el que salí y durante años pasamos por este momento de reencuentro en donde la frustración sexual gana y nos divertimos unos pocos minutos, en ocasiones horas, antes de fingir que no sucedió y seguir.

— ¿Estás escuchando algo de lo que digo?

Me giro y le sonrío con diversión porque sabe que no lo hago, me devuelve la sonrisa. La cosa loca es que Cristian Rodríguez me agrada como amigo o bromear, si estoy sin hacer nada y quiero conversar siempre está ahí y viceversa.

—Yo nunca te escucho pequeño Cristian.

—Porque te da miedo enamorarte de mí — me dice con coquetería.

Río tomando ahora mis zapatos de tacón, estoy tan adaptada a estar sobre ellos constantemente en el programa, que difícilmente tengo tiempo para quejarme.

—Si eso es lo que te dices para matar tu enamoramiento sobre mí— le guiñó un ojo.

—Cualquier hombre que se acueste contigo se enamorará durante el acto.

—Sin duda es lo más bonito que me han dicho en mi vida—me pongo de pie—. Y sí escuché la parte de que te quieren para protagonizar una serie y que te gustó el guión, que si se da, será grabada en Europa. Así que éxito en eso pequeño Cristian.

—Nada en mi es pequeño y lo sabes.

—Esos suelen decir los hombres que tienen inseguridades sobre su miembro.

Lo pico como siempre y la costumbre lo hace reír. Me acerco y doy un beso en sus labios de forma breve—. Siempre es divertido verte sin ropa, pero...

—Volvamos a nuestra realidad de amigos ¿Alguna vez te has preguntado por qué funcionamos siendo amigos y solo tenemos encuentros sexuales esporádicamente una o dos veces al año?

—Eres como mi vibrador humano.

—Y tu mi muñeca inflable.

Está vez lo que suelto es una gran carcajada, aprieto su nariz y despeino su cabello. No sirve para novio, al menos no para ser el mío, pero le tengo cariño como amigo.

—Nos vemos en la entrevista que espero programes.

—Ahí te veré pequeño Cristian. Y me escribes o llamas para contarme cómo te va con la serie.

—Lo haré, cuídate y Dios no permita que la piedra que late en tu pecho se ablande.

—Solo estás molesto de no haberlo ablandado tú.

—Claro.

Como sé que podemos seguir con la disputa amistosa por muchos minutos más, me alejo y en poco tiempo salgo de su apartamento. Ni bien subo a mi auto mi celular suena y todo lo que veo reflejado es el rostro de papá.

Atiendo de inmediato.

— ¿Don gruñón se encuentra bien? —Intento ocultar mi preocupación con diversión, siempre funciona.

—Despídela. Elisabeth, despídela.

Frunzo el ceño mientras abrocho mi cinturón de seguridad ¿Cuál será está vez la justificación de papá? Paciencia Elisabeth, paciencia.

— ¿Por qué?

—No necesitas explicaciones, confía en mi criterio.

—Papá tu criterio a veces no es el mejor ¿Por qué quieres que despida a Tiffany?

—Pensé que ella se llamaba Glenda— gruñe—. No quiero a ninguna desconocida en mi casa y sobre mí.

—No está sobre ti, está ayudándome.

— ¿Cómo es que fastidiarme te ayuda a ti?

—Me hace...preocuparme menos.

Cuando las palabras terminan de salir me arrepiento, se hace un largo silencio. Ahora me siento culpable.

»Mira papi, hagamos un trato.

—Eli...

—Pongamos a prueba a Tiffany, si ella de verdad resulta muy mala para ti, entonces estará fuera ¿Vale?

— ¿Es una promesa Eli?

—Lo prometo papá.

Por favor que no encuentre excusas para hacerme despedirla, que está vez funcione.

—Está bien Eli—suspira—, pero las promesas no se rompen.

—Lo sé papá, lo he sabido siempre—suspiro—. Debo colgar, estoy a instantes de conducir.

—Está bien Eli, igual esa... Tiffany ya viene caminando hasta mí. Esto no va a funcionar cariño, no ha funcionado antes y no lo hará ahora.

Porque no lo intentas.

»Conduce con cuidado Eli.

—Lo haré, te amo.

No me responde, la llamada finaliza. Suspiro pongo en marcha el auto, enciendo la radio y buena música comienza a sonar. Canto aquellas estrofas que conozco y mi celular vuelve a sonar, casi espero encontrarme de nuevo el rostro de papá siendo gruñón, pero todo lo que veo es a Sabrina frunciendo los labios.

Tratando de no despegar la vista de la calle y odiando la idea de que estoy siendo brevemente irresponsable, contesto y guío el celular a mi oreja mientras sostengo el volante con una mano. Trato de sostener luego el celular con mi hombro y me rindo solo activando el altavoz.

— ¿Te lo follaste?

—Sabrina, que sutil.

—Sí, eso me da toda respuesta. Así que me dejaste botada para irte a follar con un ex que resulta ser tu buen amigo actual.

—Oh, te dejé con Rayan y...

—No importa, está claro que la frustración te ganó ¿Al menos estuvo bueno?

—Sí, lo normal... como rascar algo que te pica.

— Seguro esa es la manera en la que el sexo siempre debe ser definido

¿Qué estuvo mal?

—No sé, siempre digo que no debe importar si te acuestas con muchas personas o todo el tema referente al sexo... la pasé bien, no lo niego, quito toda esa tensión que tenía, pero después de un orgasmo no queda nada.

Claro, sacando el hecho de bromear antes de irme.

— ¿Por qué no puedes ser una frustrada que se descarga con un vibrador?

Caramelito atrevido, te gusta el sexo pero no te gusta luego sentirte vacía, o al menos ahora, antes no te importaba. ¿Será que se te ha ablandado el corazón?

—Luego ha llamado papá, quiere que despida a Tiffany.

—Del mismo modo que las demás.

—Sí...espero no haber caído en una trampa, porque le hice una promesa.

— ¿En qué quedamos sobre hacerle promesas, Elisabeth?

—Mejor dime por qué abandonaste a Rayan y compañía.

—Carlos llegó junto a su esposa quien no quedó obesa tras haber dado a luz—suspira—. No sé si me dolió, pero te digo que no me sentía cómoda.

Creo que me siento culpable...

—No lo sabías Sabri.

—Aun así, yo era la otra. Tengo una marca de zorra por eso.

—No lo creo. Conozco las marcas de zorras.

Sabrina ríe y continúa hablando el resto del camino, subiéndome de forma rápida el ánimo. Amo a cada uno de los chicos con los que he crecido profesionalmente en el programa, pero Sabrina es mi alma gemela, con ella las cosas simplemente parecen congeniar. Como una alma gemela del mismo sexo.

Somos opuestas físicamente y quizá la mente de Sabrina no esté tan desviada como la mía, amo a esa rubia. Nunca dudaría de contarle algo. Cuando estaciono en la cochera de mi casa estoy riendo mientras bajo del auto.

— ¡No te rías!

—A mí no me ha parecido tan desagradable Sabría ¿No estás exagerando?

—No lo creo, hablaré con él.

—Uhm... Rayan puede ser algo reservado en ese aspecto y lo sabes, podrías hacerlo cabrear.

Cierro la puerta detrás de mí y me saco los zapatos. Voy directo a alimentar a mis peces que son, seguro, toda la responsabilidad de mascotas que puedo manejar y eso por no mencionar que ya se han dado de baja dos peces. Al menos aún me quedan seis.

—Oye, estoy hambrienta, por muy buena que esta la llamada, mi estómago gruñe.

—El sexo te dejó hambrienta.

—Antes de irme con Cristian ya yo tenía hambre. Y en serio, solo fue una vez.

Un orgasmo, fingí el otro.

—Bueno, al menos una de nosotras tuvo sexo.

—Sabri, puedes tener a cualquier hombre.

—Sí, pero ya sabes que soy bien selectiva y muy... no sé, solo he tenido una aventura en mi vida y es Harry. Fuera de eso, todo el sexo que he compartido dos fueron dentro de una relación y otra por despecho.

—Eso está bien, porque así eres tú.

—Ve a comer antes de que nos pongamos idiotas, duerme tranquila y no pienses en que eres débil y no debiste caer por la frustración.

—Me conoces demasiado bien.

—Obvio, eres mi alma gemela. Te amo, te hago porras si eso te hace sentir mejor después de coger.

—Ve a dormir.

Finalizo la llamada y me hago un sándwich. Hay una cosa que todos deberían saber, cuando estoy sola y todo está en silencio, me aburro y cuando me aburro entonces parte de mi lado no educado sale.

Observo mi celular en el mesón frente a mí. Muerdo mi labio ordenándome no ceder, me dije a mi misma que no había más respuestas para Paul, pero ¡Joder! Nadie está aquí para amarrar mis manos y parece que el celular grita mi nombre.

No soy fuerte. Parece que para tener enfrentamientos por correo siempre estoy dispuesta. Tomo mi celular y voy a la bandeja de entrada, en ella se encuentra su último correo. Leerlo de nuevo hace que la molestia acompañada del ánimo de un buen reto se haga presente.

Asunto: ¿Versátil escritor?

"Sé de lo que le hablo. Lo describen como un escritor versátil pero me parece que hay ciertos temas sobre los que aún no ahonda.

¿Quiere saber cuál es mi sospecha? Que no puede escribir de algo que no vive, que no conoce.

Romance. R-O-M-A-N-C-E.

Usted es tan pedante, petulante y engreído que dudo que pueda soltar tanta palabrería de convencimiento capaz de hacer suspirar a toda una comunidad amante de grandes personajes literarios ¿Puede siquiera imaginarse narrar una escena digna y caliente de sexo?

Si, usted luce más como el tipo de hombre que se queda en lo seguro, el tipo de escritor que siembra sus raíces en el árbol que sabe que dará frutos y no en aquel con incertidumbre de prosperar (fíjese, al contrario de lo que me ha dicho sí que sé hacer unas metáforas para chuparse los dedos).

No diga que lo ha probado todo, no es el caso.

Cierto, es usted considerado un triunfador y un gran escritor. Pero ¿Yo? Yo opino que es un palurdo lleno de educación fingida programado para escribir historias buenas y geniales que no toquen temas de corazón.

¿Hay algún problema con su corazón señor Paul? ¡Ja!

¿Conoce usted el romance? ¿Ha leído sobre ello? ¿Necesita que le explique de qué va?

Con no mucho cariño lo que usted ha llamado energúmena y toca pelotas."

Envío el correo y sonrío, quizá debería buscar reunirme con adictos a responder correos anónimos, aunque creo que aún no abren ese. Necesito ayuda, este hombre con sus correos siempre consigue que yo ceda y responda.

Toda mi madurez se escapa cuando uno de sus correos llega, ni siquiera me desagrada por mucho que finja que así sea. Puede que me dejara una espinita al ego, pero aun lo sigo admirando como escritor, creo que es uno de los mejores y con sus correos de hecho me agrada. Es divertido de una manera no planificada que consigue hacerme imposible la idea de no devolverle la pelota.

Abro el navegador en mi celular yendo directamente a google y escribiendo su nombre, de inmediato salen fotos de él y ¡Mierda! Hay está otra razón por la que pensar en él no resulta desagradable. Es atractivo, no esperas que un hombre con ese rostro tenga tanta habilidad para escribir y envolver tu mente con palabras.

Es como si el mundo hubiese creado un arma mortal para las mujeres: Paul Coleman.

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